Cambios de Opinión

Lucía Santa Cruz escribe en “El Mercurio”, en su columna de ayer, una carta al presidente electo Boric que incluye el siguiente párrafo: “Y vino una larga dictadura militar que infligió costos inconmensurables para muchos de nuestros compatriotas y fue vivida como una tragedia inolvidable por otros”.

Si eso realmente aconteció entre 1973 y 1990 ¿entonces por qué Lucía me pidió llevarle de regalo a Augusto Pinochet, cuando estaba preso en Londres a fines de los 90 y lo fui a visitar, un gran libro de cocina de su autoría, con una dedicatoria que visiblemente emocionó al general cuando la leyó, delante de mí, en su escritorio de Virginia Water? Puedo asegurar, habiéndolo visto enterarse de las cariñosas líneas, que ellas no lo culpaban de haber infligido “costos inconmensurables para muchos” en una etapa “vivida como tragedia inolvidable para otros”. Explicación: Lucía ha experimentado un cambio de opinión.

Ella reveló hace no mucho haber votado “Sí” a Pinochet en 1988, antes de cambiar de opinión, motivo por el cual fue lapidada en el mismo diario por uno de sus columnistas de izquierda, Carlos Peña, aduciendo, entre otras cosas, “¡las torturas…!” bajo el gobierno militar, por supuesto. Pero olvidando, junto al 99,9 % de los chilenos, que el subdirector de Investigaciones de Allende, el comunista Carlos Toro, interrogó a quien después fue marido de Lucía Santa Cruz, el abogado Juan Luis Ossa, en 1972, tras ser éste largamente torturado con electricidad en un sillón ad hoc del cuartel de Investigaciones de Rancagua. Todo ello denunciado en “El Mercurio” de 23 de enero de 1972. Allende no desmintió a “El Mercurio” ni removió al subdirector de Investigaciones. ¡Qué “metida de pata” de Peña! El torturador de opositores pacíficos era el gobierno de la UP, como, por lo demás, lo denunció después el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973.

Es que hay demasiados y tremendos cambios de opinión. Pero también hay una mayoría de chilenos de sobre 50 años de edad que no la ha cambiado. Si el derecho a voto se adquiriera en Chile a los 50 años (a lo mejor no sería mala idea), hoy el presidente electo sería José Antonio Kast, pues los de ese grupo etario saben lo que significa un régimen marxista y no han olvidado lo que fue el Gobierno Militar. Los menores de esa edad sólo han aprendido la «historia oficial”, relatada fundamentalmente por el comunismo, que desde 1990 domina en la política, la enseñanza y los medios de comunicación.

Ni más ni menos también el propio presidente Patricio Aylwin, en 1990, ya había cambiado de opinión. Él fue un verdadero “gatillador” del golpe de 1973 y defensor de los militares entonces, porque estaba convencido de que la alternativa era una dictadura totalitaria. Lo decía públicamente así en octubre de ese año. Ha quedado grabado en video. Y en esos días (septiembre-diciembre de 1973) cayeron 1.823, es decir, cerca del 60 % del total de 3.097 muertos por enfrentamientos entre 1973 y 1990. Y, por tanto, en octubre de 1973 Aylwin se negaba a condenar a los militares, decía, “desde detrás de un escritorio… cuando ellos están recibiendo el fuego”.

Pero diecisiete años después formó una comisión para condenarlos por eso mismo de lo cual los defendía antes. Había cambiado de opinión. Cuando alguien inoportuno le recordó en 1993 sus palabras de 1973, ¡replicó que estas últimas las había inventado el “Libro Blanco” de 1974 del gobierno militar! Aylwin hasta había olvidado sus propias declaraciones de hacía veinte años. Lástima que un video, que cualquiera puede todavía ver en YouTube, lo puso en evidencia. Y hoy los jueces de izquierda siguen condenando a ancianos militares por esas muertes de 1973 que entonces Aylwin justificaba y se negaba a condenar porque los militares, decía, “están recibiendo el fuego adversario” y “han evitado una dictadura totalitaria”.

Es el eterno y humano “antes” y “después”. Boric ganó porque la mayoría, como Lucía Santa Cruz y Patricio Aylwin, “después” cambió de opinión, aun habiendo conocido de primera mano y “antes” los hechos. O los han olvidado y creen hoy que sucedieron de otra manera. Y se ha convencido a la mayoría nacional de quienes no los vivieron. Pero no a la mayoría de más de 50 años, que sí los vivió y que recién votó mayoritariamente, no por Boric, sino por Kast.

Conclusión: ¡qué distinto y cuánto más estable y seguro sería Chile con menos cambios de opinión! O con un cuerpo electoral formado por mayores de 50 años.

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