CONFUSION EN LA TORRE

Labbé 4

Cada día es más notorio el casi nulo entendimiento existente entre los agentes políticos, personas, estructuras, partidos, coaliciones, alianzas, por un lado, y por otro los ciudadanos comunes y corrientes. Entendiendo que las realidades, prioridades e intensidades de ambos grupos nunca van a ser las mismas, ni entre ellos ni al interior de ellos, por la propia naturaleza humana, uno debiera esperar una relación más cercana entre la política y el ciudadano, algo así como… entendimiento cívico.

Fruto de ese diálogo de sordos es que estamos enfrascados hoy en día en una atmosfera febril donde los actores cada vez hablan más fuerte para ser escuchados, mientras tanto nadie escucha a nadie… En educación unos claman por calidad, otros vociferan por gratuidad; en salud unos prometen hospitales pero apenas les alcanza para farmacias populares; la reforma tributaria se impone a «mata caballos» aunque nadie la entiende; el presupuesto hecho «entre gallos y medianoche» no cuadra: lo que se hace entonces es distraer la atención con diálogos sobre abstracciones: «Es muy importante una nueva constitución», por ejemplo, con nulo alivio para el ciudadano común y corriente que se queja con amargura porque aumentan la inseguridad y el desempleo, el Transantiago es una vergüenza, la Araucanía está en llamas y la minería desastrosa. Ni los muertos descansan en paz: el registro civil en paro.

¡Nuestro país vive un estado de confusión, que no es sino producto de la confusión del Estado!

Por donde uno analice los hechos que estamos viviendo, solo se obtiene una conclusión: desgobierno. Desgobierno que se produce por un Ejecutivo ausente y un Legislativo disperso y abúlico. A ello se suma la manifiesta arrogancia de los actores políticos que, movidos por sus particulares intereses y limitados por una inexplicable estrechez de miras, prometen «el oro y el moro» dejado de oír al ciudadano a quien se deben. ¿Resultados? ¡No nos estamos entendiendo!

Veo lo que está pasando y me acuerdo del «profe» de religión: él nos enseñaba que, a causa de la arrogancia de querer llegar al cielo mediante la Torre de Babel, el hombre fue castigado a la confusión de las lenguas y su consecuente dificultad para comunicarse. También, en coincidencia con lo dicho, recuerdo que para los tarotistas «la Torre» significa el caos y la inestabilidad. ¡Vaya coincidencia!

Pero no se deprima, mi optimista lector, con esta analogía entre nuestra realidad política y la bíblica Torre de Babel…, pues en muchos textos interpretativos se considera que este «castigo» nos enseña, sí, nos enseña, en efecto, que situaciones de caos y confusión permiten definir y proyectar al hombre en sus capacidades, abriéndole nuevas y mejores opciones.

Las posibilidades están a la vuelta de la esquina, lo que tenemos que hacer es salir del marasmo y del desánimo en que nos han metido y asumir conductas firmes, coherentes.

CRISTIAN LABBE GALILEA

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