El otro fallo

Mientras el país se ha visto sacudido esta semana por el fallo de La Haya, cuyas consecuencias aún se debaten, en los pasillos de La Moneda hay otro frente que los mantiene igualmente preocupados. O quizás más. Se trata del caso Caval.

Un tema delicado. A estas alturas son muchos los personeros del gobierno y gente del círculo más íntimo que reconocen públicamente el efecto negativo que ha tenido sobre el estado de ánimo de la Presidenta y su imagen el escándalo que involucra a su hijo. Es cierto que la popularidad de Bachelet venía cayendo desde mucho antes, pero también lo es que a partir del estallido del caso, la cosa se desplomó. Y fue a propósito de aquello que comenzaron los rumores de la renuncia o del estado de salud de la Mandataria, cosa que ella tuvo que volver a negar esta semana en una inédita entrevista televisiva. 

El punto es que el escándalo en cuestión no cede. Por el contrario, crece y crece, hasta el punto de amenazar con ser un tsunami de proporciones insospechadas. Esta semana se conocieron las declaraciones de Sebastián Dávalos cuando fue citado por segunda vez ante la fiscalía, y la cosa en vez de aclararse se torna aún más oscura. Partiendo por su afirmación de que se enteró por la prensa del caso Caval. Claro, él reconoce que asistió a la famosa reunión con Luksic, donde se trató el tema, pero que lo hizo sólo para acompañar a su esposa, Natalia Compagnon, y que no tuvo participación en ella. Bueno, no es claro lo que Dávalos entiende por participar de una reunión. A lo mejor no habló, pero uno se imagina que al menos escuchó la conversación. Y segundo, no hay que ser un genio para entender que su sola presencia significaba algo.

Pero eso no es todo. También debemos creer que su esposa nada le dijo; o sea, que le pidió ir a una reunión y que ni siquiera preguntó para qué. Al respecto, Dávalos declara que ella es muy reservada en sus relaciones comerciales y en sus negocios. “Yo no le pregunto y tampoco me interesa”. Curiosa, por decir lo menos, su relación de pareja. Y más curioso aún cuando reconoce que fue empleado de Caval con el objeto de visar nuevos negocios, y por lo cual recibió una remuneración de $ 2,8 millones mensuales.

Ahora Dávalos fue citado a declarar nuevamente, esta vez para indagar los motivos por el cual se borró el disco duro de su computador en La Moneda, orden que fue dada por él mismo. No sabemos qué saldrá de aquello, pero si hubiera que apostar, la cosa no se ve bien.

Es cierto que uno no puede culpar a Bachelet de las acciones de su hijo. Hasta ahora nada indica que ella sabía del tema, pero el daño está hecho. Político, porque la imagen de la Presidenta está muy deteriorada, en parte por esto. Y emocional, porque cualquier madre se afecta por lo que sucede a un hijo. Por ello, si esto empeora, La Moneda tendrá un problema mayor. Esta semana hemos visto cómo el gobierno puso en escena una estrategia coherente frente al fallo de La Haya. Pero es claro que su verdadera prueba de fuego se jugará en otro fallo: el de Caval.

Opinión emitida por Andrés Bénitez, La Tercera, 26 de septiembre

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