Malos tiempos para la libertad y la tolerancia

Gerardo CorreaGerardo Varela Alfonso

La libertad y la tolerancia son una excepción en la historia de la humanidad. No solo los nazis y los comunistas fueron sus principales verdugos. Las religiones medievales hicieron lo suyo; los nacionalismos tampoco son inocentes y qué decir de los populismos en nuestros lares. Hoy, al mundo de libertades personales, que fundan la sociedad occidental, lo amenaza el fundamentalismo musulmán, el militarismo ruso, el populismo latinoamericano y una suerte de revival de la peor versión del socialismo.

Hoy Chile pasa por uno de esos momentos oscuros en nuestra historia. El dueño de la librería «Qué leo» decide censurar los libros de un autor con quien no comparte opiniones; la candidatura de izquierda de la Universidad Católica quema muñecas de sus contendores; la empresa del presidente del CEP, que tanto hizo por nuestra libertad, se ve confrontado a un caso de flagrante desafío a todo aquello por lo cual él mismo ha luchado una vida. Y la última estocada: mi alma máter, la Escuela de Derecho de la U. de Chile, veta las exposiciones de representantes israelitas.Protestas universitarias

Los estudiantes de la Universidad de Chile deben haberse inspirado en ese famoso decálogo de la asociación de estudiantes nazis que precedió a la quema de libros que, entre otras perlitas de tolerancia, incluía la siguiente: «Exigimos de los estudiantes alemanes la voluntad y la capacidad para superar el intelectualismo judío y las ideas decadentes liberales asociadas a la vida espiritual alemana».

Estos jóvenes de hoy, en la U. de Chile, han traicionando el sentido republicano de una escuela por la que han pasado Lagos, Prat y Aylwin. Bárbaros que no hacen sino evocar los fantasmas de Freisler, Vyshinsky o Torquemada se atreven a vetar ideas y a las personas que las defienden. Su decisión ensombrece la civilización y constituye una invocación a la barbarie que solo honra los peores valores humanos de ignorancia, frivolidad e intolerancia.

atentado terrorista

Mientras tanto, en el otro lado del mundo, fanáticos religiosos asesinan a más de 100 personas., atacando el alma de Occidente, el corazón de la igualdad, la libertad y la fraternidad.

La civilización democrática occidental se construyó sobre tres pilares: la Carta Magna inglesa, la Constitución de Estados Unidos y la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia. El terrorismo ha atacado a los tres; nuestros intolerantes locales, también. .Los mismos estudiantes que celebran a violadores de los derechos humanos como Castro o Maduro, los mismos que engalanan sus dormitorios con afiches de criminales como Guevara, son los que en otras latitudes gritando «Alá akbar» atacan todo aquello que apreciamos: la libertad, la tolerancia y la majestad de la ley. A ellos les recomiendo el libro reciente de Roberto Ampuero y Mauricio Rojas «Diálogo de conversos», donde pueden aprender los valores de tolerancia y libertad que defienden en su madurez aquellos que estuvieron dispuestos a destruirlos en su adolescencia.

 

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