Más Acción y Menos Palabras
Más Acción y Menos Palabras
Por Cristián Labbé Galilea
Hasta ahora, y dados mis años, estaba convencido
que ya lo había visto todo y que mi capacidad de asombro no sería sorprendida
con nada… Lamentablemente los últimos acontecimientos me han demostrado que el
ser humano, y especialmente el chileno, es capaz de sorprender siempre.
Medio país destruido, la anarquía y la violencia
campeando impunemente, las fuerzas de orden superadas, la justicia inerme, los
políticos enfrascados en discusiones bizantinas, el gobierno inmovilizado… Para
qué seguir si todos somos testigos de cómo, en menos de un mes, todo “se fue a
las pailas”.
Diagnósticos sobran. No hay quien no tenga una
interpretación de lo ocurrido: ausencia de autoridad, arrogancia política,
instituciones fallidas, concentración económica, desigualdad, corrupción…etcétera,
etcétera, pero lo que nadie sabe, ni menos se imagina, es: cómo va a terminar
este “kilombo”.
Mientras el gobierno pareciera inmovilizado y
apostando a una “estrategia de desgaste”, los políticos tratan de sacar algún
dividendo; las cosas son como son, “patéticas”: la violencia campea, la policía
maniatada, la economía en franca caída, los temas sociales empeorando, las
protestas no paran, en pocas palabras: da vértigo mirar lo que sucede y es
inevitable pensar que la situación es “una bomba de tiempo”.
Lo insólito y delicado es que analistas,
columnistas, opinologos y aquellos que creen saberlo todo, hablan con total
desparpajo de: guerra civil, golpe de estado, insurgencia, elecciones
anticipadas, todo esto fundamentado en algo objetivo y cierto: ¡la ausencia de
gobierno!
Por lo mismo, cuesta creer que nuestras
autoridades no hayan podido elaborar una estrategia que les permita enfrentar
con éxito esta crisis y garantizarle al país: gobernabilidad. No hay que ser
muy estratega para deducir que, en una “guerra de desgaste”, los insurgentes
tienen todas las de ganar, porque se mueven con más agilidad y, por lo tanto,
su acción está basada en la sorpresa y la intensidad.
En mis desvelos por la situación me encontré con
la obra de Sir Henry Liddell Hart “La Estrategia de Aproximación Indirecta”
(1941), donde, fundado en un análisis histórico, este militar inglés sugiere la
adopción de operaciones de “movimiento y sorpresa” por sobre la acción frontal
y de desgaste.
Reclamando de las jefaturas “voluntad y
convicción” (algo que aquí hace mucha falta), Liddell Hart recomienda abandonar
“lo lineal” y adoptar “decisiones paradójicas” (contrarias al sentido común)
que logren interceptar y dislocar al antagonista, amenazando sus líneas de
comunicaciones y su retaguardia, dejándolo sin capacidad de reacción.
Comentando lo anterior un “estratega
parroquiano” sugirió que, dado que era obvio que la droga era un componente
importante de esta asonada violentista, la respuesta debería ser el propinarle
un duro golpe, asertivo y profundo, al narcotráfico, donde cayeran sus
principales cabezas y unos cuantos “ayudistas”, especialmente algunos peces
gordos; “extinguirles la logística, el financiamiento y la voluntad de lucha
sería letal para la insurgencia, y tal vez el único camino para lograr la tan
ansiada paz”.
Para él, la clave era… ¡más acción y menos
palabras!