Política y gobierno:



Política y gobierno:

EL VERGONZOSO DESCARO DE LOS PERDEDORES.


Desde el 14 de diciembre del año pasado hasta el día de hoy, en cuanta tribuna, red social, canal de televisión o programa radial el tema principal es criticar, aconsejar, juzgar, opinar, vaticinar, denostar y a veces insultar al presidente electo, a los partidos que lo apoyan, al nuevo gabinete, en resumen a todo lo relacionado con el triunfo de José Antonio Kast.
Todos esos analistas del nuevo gabinete ¿Porque en cuatro años no hablaron ni aconsejaron a su presidente que no nomine a los que finalmente terminaron estancando y haciendo retroceder el país a épocas oscuras?
Todos los gurúes y consejeros presidenciales que majaderamente mencionan a JAK, ¿Por qué nunca aconsejaron a su presidente que se peine, se cierre el marrueco o se lustre los zapatos antes de aparecer en público?
Todos los decanos del pituto que se dan el gusto de calificar (descalificar) a los futuros ministros ¿ Porque las estrellas de ministros de su gobierno no fueron capaces de gestionar éxito y buenos resultados?
Todos esos periodistas favorecidos con sueldos fuera de mercado que tanto apoyan al actual gobierno y que ahora siguen buscando la quinta pata del gato, además de conducir solapadamente sus programas y sus entrevistados a criticar a JAK y sus equipos. ¿Ahora se cambiarán de caballo o tendrán la dignidad de cambiar de pega, o de hacer un mea culpa como tanto exigieron alguna vez a la derecha y a los militares?
La izquierda sufrió una pateadura electoral en donde la mayoría de los chilenos no politizados, trabajadores, emprendedores y patriotas decidieron junto con los miembros de los partidos de centro y de derecha, elegir a José Antonio Kast como el nuevo presidente. No quieren reconocerlo y ni ellos mismos terminan de asimilar que fueron rechazados.
Seguro que todos seguirán igual y seguirán haciendo lo imposible para convencer a los ciudadanos que este será un mal gobierno porque si a este gobierno le va bien y desarrolla su programa, la gente mejorará su calidad de vida con seguridad, salud, trabajo, respeto y servicio por parte del estado.
Si esto se consigue, la izquierda está perdida porque su estrategia de éxito se basa en la pobreza, la desigualdad, los conflictos, etc. Osea, dividir a a gente, fomentar el enfrentamiento, buscar desigualdades y todo aquello que los muestre como solucionadores de los problemas del pueblo.
No permitamos que puedan sembrar estas malas semillas entre nosotros, cuidemos a nuestro país, minimizando a la izquierda empobrecedora y cafiche de los pobres.
El éxito personal se consigue con estudio, trabajo, esfuerzo, salud y el estado nos debe dar el apoyo para que seamos emprendedores de nuestras vidas y nuestra libertad y la forma de apoyarnos no es con bonos porque asi nos hace dependientes. SBM.

 

 

¿Desestabilizar el gobierno?

Por Álvaro Góngora 

El primer comentario de la diputada Pamela Jiles fue que el gobierno del Presidente electo, J. A. Kast, será un desastre y que le irá mal, agregando: “donde estaré seguramente haciéndole la vida imposible”, dando a entender que se opondrá al gobierno a todo evento. No tengo ninguna vinculación con el nuevo Presidente, pero disgusta una actitud parlamentaria de esta índole. Es no entender nada sobre el rol opositor bajo las reglas democráticas, amén de ser políticamente insano rechazar o maquinar para hacer fracasar al gobierno elegido. Es deslealtad con el sistema y ausencia de espíritu republicano. Claro, los diputados deben fiscalizar el proceder del Ejecutivo y cuestionar iniciativas legales inconvenientes de cara al bien general, y con sus intervenciones pueden hasta cooperar perfeccionando propuestas en consonancia con los estándares democráticos. Pero estar dispuesto a cancelar en forma extrema un gobierno legítimo contribuye a desestabilizarlo, algo francamente reprobable y, obviamente, antidemocrático.

Pero hay una oposición más pronunciada, revelada recientemente en el informe del Comité Central del comunismo. Reconoce la “dura derrota” porque se eligió al candidato de derecha —para ellos ultra—, en una elección democrática con la más alta participación ciudadana. De manera que se dieron a la tarea de analizar in extenso la situación, considerando variables internacionales y regionales que demuestran un giro palmario hacia proyectos conservadores. Y en el ámbito nacional, destacan que los partidos y agrupaciones tradicionales han perdido el anclaje social, sin la articulación con demandas populares, lo que explicaría el crecimiento de determinadas opciones derechistas. En este sentido, hacen notar la existencia, en sectores populares, de un fuerte clivaje “pueblo-élite” (una rebeldía antiélite) que la derecha ha sabido aprovechar levantando propuestas acogidas de buen tono.

Siempre desde su mirada ideológica, se establece el desafío de impedir la concreción de un proyecto político de derechización, con la perspectiva que se afiance como un régimen prolongado… la “bestia negra” para el PC. Reto que, en lo inmediato, exige crear condiciones que propicien la formación orgánica de un pueblo movilizado, con objetivos claros, mediante la estructuración de frentes fuertes “en los territorios”, con expresión en distintos ámbitos, también electoralmente. Movilizaciones —ya apuntadas algunas— que debieran entenderse como medio ciudadano de participación pacífica, representando demandas, descontentos o, como mucho, para impulsar cambios de alguna profundidad. Pero sabemos que a veces son lideradas por grupos de presión violentos, con resultados desastrosos, conocidos y chequeados, con la intención de desestabilizar al gobierno, exigiendo la renuncia del Presidente.

La “espada de Damocles” es que la extrema polarización política conspira contra las instituciones democráticas, la tolerancia, promueve conductas anarquistas e ingobernabilidad, hasta llegar al estado más excesivo: sindicar al adversario como enemigo, “nosotros contra ellos”.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el lunes 19 de enero de 2026.

 

 

Ministros con tareas difíciles

Por Gonzalo Rojas Sánchez 

Si armar una buena directiva para un centro de alumnos es una tarea muy desgastadora, imaginemos cuánta energía ha consumido la conformación del gabinete. Cientos de sugerencias, decenas de entrevistas, muchas reuniones de análisis, aguantar una que otra campaña destinada a descalificar a algún candidato.

Personas. Se insistió desde un primer momento en que se buscaría a las más adecuadas, más allá de afiliaciones y trayectorias. Quien crea que no ha sido así, tendrá que dar buenos argumentos para sostener su crítica y, seguramente, lo hará careciendo de buena parte de los antecedentes que justifican los nombramientos. En esta etapa, es mucho mejor callar, hasta que haya pasado el suficiente tiempo como para poder juzgar. Si a cada elector del nuevo gobierno le gustan o no este o aquel ministro es cuestión muy personal, que exige prudencia. Qué bueno sería postergar esa tan chilena tendencia a vincular el “yo lo conozco” de hoy, con un “yo te lo dije”, en pocos meses más. Dárselas de iluminado criticando hoy, solo sirve para poder aumentar el ego mañana.

Pero esta recomendación —hablar solo en instancias donde la opinión sobre algún ministro pueda ayudarlo en su labor— es perfectamente compatible con sugerir públicamente cuáles han de ser algunas de las tareas más relevantes de su gestión. En vez de descalificar, cabe recordar las metas del programa del Presidente Kast, y otras que ahora puedan encontrar nueva fuerza.

¿Para qué callar que la tarea en Educación va a requerir una gran sujeción a principios sólidos y una valentía equivalente para llevarlos a la práctica? Habrá que privilegiar la educación preescolar y la básica; recuperar a los padres como primeros educadores, y su derecho a participar en la elección y en el financiamiento de los colegios; descargar a los directores de mil tareas inútiles; fortalecer la autonomía de los proyectos educativos; corregir los defectos de los SLEP y evitar que el FES pueda significar el fin de la libertad universitaria; recuperar el clima educativo en los establecimientos públicos sometidos a los overoles blancos; abordar las amenazas de la cancelación y del tratamiento de los niños como objetos sexualizados, etc., etc.; en fin, la cuesta va para arriba.

¿No va a verse el Ministerio de la Mujer frente a grandes desafíos, también? Por supuesto. Tendrá que plantearse mejores fórmulas para la ardua tensión femenina entre hogar y trabajo; deberá concretar las ayudas —no solo materiales— que incentiven la maternidad y que hagan del aborto una opción indeseable; habrá de abordar la creciente disputa sobre la igualdad con respeto a las diferencias entre mujeres y hombres, mostrando toda la enorme virtualidad positiva de esa distinción. Se requerirá feminismo del bueno.

Y, por supuesto, el reto en Cultura es de marca mayor. La cartera ha sido cooptada por las izquierdas. Plantas, programas, concursos y asignación de recursos, todo ha servido a los mismos propósitos transformadores de la primera Convención Constitucional. Y ahí siguen esos empeños, enquistados en estructuras bien financiadas, mientras pareciera que lo único importante es la discusión sobre una casa patrimonial por aquí y un monumento por allá. Para el nuevo ministro se abre la posibilidad de quedarse en esta superficie y decorar así amablemente su gestión, o entrar en la profundidad de la captura, y desmontarla. No hará falta una motosierra, pero sí un fino bisturí y mano muy firme al operar.

No cabe duda de que se le podría plantear análogas responsabilidades a cada uno de los futuros ministros. Todos y cada uno cargarán una pesada mochila, pero lo que no corresponde es descartar de antemano la capacidad que tengan de llevarla. A los seis meses, ahí sí, ahí hablamos.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el miércoles 21 de enero de 2026.

 

Brillante intervención de Kaiser:

https://www.instagram.com/reel/DUBxwP0ES8-/

 

 

Otra de Gerardo Varela:

https://www.instagram.com/reel/DT_cvsQjq3W/

 

 

Y de Juan Manuel Astorga:

https://www.instagram.com/reel/DS2mF-FDh8R/?igsh=MWxpdjd2Z2I3dnZ3Mw==

 

 

Principios y desafíos del gobierno de Kast

Por Alejandro San Francisco

El nuevo gobierno del Presidente José Antonio Kast ya comenzó. Aunque formalmente el cambio de mando será el 11 de marzo, ya son muchas las señales del fin de una etapa y el comienzo de una nueva.

Desde luego, es muy relevante la actitud de ambos mandatarios: mientras el Presidente electo José Antonio Kast se ha tomado la agenda, se ha observado una clara ausencia de la escena pública de muchos ministros y autoridades del gobierno del Presidente Gabriel Boric. En otras palabras, si la teoría del pato cojo empieza a vivirse casi un año antes del término de una administración, la verdad es que los últimos meses existe un claro vacío de poder, falta de proyectos y un proceso de cambio de gobierno que altera el ritmo del ejercicio del poder.

A todo lo anterior se suman otros aspectos. En primer lugar, como hemos visto esta semana, porque el martes 20 fue designado el primer gabinete del Presidente Kast, lo que para muchos significa prácticamente el inicio de sus funciones. Numerosos análisis han acompañado el anuncio del gabinete, pero con prescindencia de los nombres y la desmejorada representación partidista, es claro que estamos ante el comienzo del trabajo del nuevo gobierno y que ello se nota con fuerza. En segundo lugar, porque cada vez con más claridad se instalan los temas que presentó Kast en su campaña y que se han transformado en las prioridades de los chilenos, lo que también es una muestra de la nueva etapa. Finalmente, resulta claro que el verano, el ambiente y la actitud de los actores políticos muestra que las cosas están cambiando y que el futuro se muestra más claro y decisivo que el pasado y el gobierno que termina.

Hay ciertos principios que deberían guiar la acción del gobierno en sus actividades más diversas, que en parte han estado presentes en la vida política de Kast y de los republicanos –incluso de la derecha en general– y en parte es fruto de la experiencia del último tiempo. Existe un criterio para comenzar: es lo que Juan Pablo II llamó “el amor al trabajo bien hecho”, como una condición fundamental de las causas morales de la prosperidad. El tema apareció en los debates de campaña (se planteó como contraste con el actual gobierno) y ha renacido con ocasión de los incendios en el sur y la labor del Ejecutivo al respecto. Un segundo elemento quedó reflejado en el doble significado del nuevo gabinete: por un lado, tiene una gran proporción de independientes, lo que desecha el cuoteo y el partidismo; por otro lado, muestra una gran diversidad, que se expresa en los estudios de los nuevos ministros, en sus edades, en la presencia de hombres y mujeres, los orígenes regionales incluso, así como las corrientes políticas a las que adhieren y las áreas de desarrollo profesional que han tenido. El tercer criterio es el espíritu nacional que ha animado a la nueva administración, también reflejado en el gabinete, pero sobre todo en los objetivos que se ha planteado y en sus prioridades de gobierno. A ello podemos sumar otros factores, como el recorrido que hizo Kast por todo el país y la prescindencia del partidismo. Por cierto, hay otros principios que están presentes en el programa de gobierno y en los énfasis que ha puesto el Presidente electo en las últimas semanas.

En política no bastan los principios o criterios de acción: lo que cuenta es la vida práctica, los resultados, aquello que beneficia o perjudica efectivamente a la población, la forma como los principios se encarnan en instituciones, soluciones y logros. Por lo mismo, lo relevante será si la amplitud de la composición del gabinete logra resultados efectivos en la aprobación de leyes y políticas públicas, gracias a su capacidad para obtener una mayoría parlamentaria; si la capacidad mostrada por los ministros en el sector privado se traduce en una calidad igual o mayor en el sector estatal, si la experiencia se nota y si la juventud representa una efectiva renovación. El otro tema clave es el estilo: del Presidente, de sus ministros, de los equipos regionales y de toda la abigarrada estructura del poder estatal.

Respecto del estilo, se pueden mencionar algunas cosas importantes. Me parece que resulta clave, en primer término, el trabajo en terreno, el sentido popular de la administración, que les permita sentir el dolor por los problemas de quienes más sufren. En este plano tanto el Presidente Kast como la Primera Dama, Pía Adriasola, han dado ciertas orientaciones prácticas y algunos miembros del gabinete están actuando en la misma dirección (el ejemplo, la acción del nuevo ministro de Vivienda y el de Obras Públicas son muy ilustrativos al respecto). Sin embargo, nada de esto determina lo que será el trabajo a partir del 11 de marzo. Puede ocurrir que el exceso de trabajo y labores administrativas, de burocracia y trámites legislativos, de “pega” de oficina y organización de los equipos, termine alejando a los servidores públicos precisamente de la gente a la que deben servir, del pueblo, de quienes votaron por José Antonio Kast y de los que no votaron por él. Ser un gobierno en terreno no es una de las opciones posibles, sino que es una obligación, que se ejerce tanto mejor si se hace con convicción y con la genuina alegría de estar sirviendo a Chile y a su gente.

Esto nos lleva a un segundo tema, consecuencia casi obvia de lo anterior: se trata de recuperar el sentido de urgencia en el ejercicio de la función pública, que en esta oportunidad es muy consistente con el gobierno de emergencia que se ha anunciado, en los ámbitos de seguridad, inmigración y crimen organizado, en el plano económico y en diferentes problemas sociales. Se ha podido apreciar en estos días a propósito de los incendios en el sur, que figuras como el alcalde de Penco Rodrigo Vera, la diputada electa Paz Charpentier y otras personas han denunciado la falta de acción o la tardanza en la gestión del gobierno para enfrentar el dramático incendio que ha destruido poblaciones, ha causado la muerte de personas y ha generado un nuevo drama en el sur de Chile. ¿Llegó tarde el gobierno del Presidente Boric? Hoy poco importa. La clave a partir de este momento es la reconstrucción –muy lenta en el caso de Viña del Mar–, que deberá realizarse con un profundo sentido social, con urgencia y procurando solucionar los problemas con una consideración de largo plazo. En este sentido, el gobierno del Presidente Kast tiene aquí una excelente oportunidad no solo para hacer un gran bien a los chilenos, sino también para probar su capacidad técnica, sentido de urgencia y compromiso social.

Chile vive un momento de cambio que es propio de las democracias. Por lo mismo, es una excelente oportunidad para revisar los principios, fijar las prioridades, expresar los criterios de acción y poner urgencia donde se necesita. El problema no radica exclusivamente en la coyuntura, como es un incendio, sino en la amplia gama de problemas económicos y sociales, políticos e internacionales, que enfrenta un gobierno y un país en estos tiempos. No es posible a esta altura determinar si el gobierno que viene será exitoso o no, pero sí es posible comprender la importancia del trabajo bien hecho, la capacidad técnica y política del nuevo gabinete y el sentido nacional que debe imprimir el Presidente a su gestión, que debe contar con un genuino trabajo de calle y con el sentido de urgencia que muestra efectivamente que la prioridad son los chilenos, especialmente aquellos que más sufren.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el domingo 25 de enero de 2026.

 

 

Educación y cultura: sembrar donde nace el futuro

Por Álvaro Pezoa Bissières 

En Chile actual, resulta comprensible y legítimo que las “urgencias sociales” como la seguridad, el control migratorio ilegal y la reactivación económica se sitúen en el centro del debate político. Así lo ha ratificado la ciudadanía, y el gobierno entrante tiene el deber de responder con decisión. Pero si solo atendemos lo urgente y postergamos lo esencial, hipotecaremos las posibilidades de un futuro más humano, justo y cohesionado. Ese porvenir se juega, en buena medida, en lo que hagamos ahora por fortalecer nuestra educación y nuestra cultura.

Desde hace años he sostenido que la educación constituye el principal déficit social del país. La evidencia es abundante: desigualdades persistentes, resultados dispares y más bien magros, ausencia de una visión medianamente compartida sobre en qué consiste educar. Y, sin embargo, las discusiones suelen reducirse a temas técnicos o ideológicos, como si educar fuera, como mucho, preparar para el trabajo. Eso, por supuesto, es necesario: transmitir conocimientos, desarrollar habilidades, mejorar la empleabilidad. Pero, aunque ese propósito se alcanzara –hecho que ya comportaría un gran avance–, no puede ser todo.

La educación debe aspirar a más: a humanizar a la persona, no solo a capacitarla. Educar es formar seres humanos capaces de alcanzar su plenitud vital, forjar su carácter, cultivar un sentido superior de la existencia y participar responsablemente en comunidades que comienzan por la familia. Una verdadera educación desarrolla no solo la mente, sino también el corazón y la voluntad; nos enseña a distinguir lo bueno, a valorar la verdad, admirar la belleza, a convivir con respeto y a buscar el bien común.

En este propósito, la cultura es una aliada insustituible. No como adorno, sino como vía de formación espiritual y social. El acceso a bienes culturales y patrimoniales, el cultivo de las artes, las humanidades y las tradiciones confiere finura al alma, fortalece la identidad, sensibiliza frente a la belleza y al dolor, y permite apreciar lo que une por encima de lo que separa. Una política cultural bien diseñada favorece la cohesión, estimula la creatividad y alimenta el sentido de pertenencia.

Por supuesto, Chile necesita enfrentar las “urgencias” y sus carencias en salud, vivienda y pensiones. Pero si descuidamos lo que forma el alma de la Nación —educación y cultura—, cualquier mejora será transitoria y superficial. No se construyen sociedades sanas solo con crecimiento económico: se requieren personas íntegras, comunidades vivas, ideales compartidos.

El país necesita gobernantes que gestionen lo inmediato, pero también que siembren para el porvenir. Educar y cultivar no son tareas de un día ni de un solo gobierno, pero sí definen el rumbo de décadas.

Si queremos un Chile más humano, libre, responsable, unido —y hasta más productivo—, debemos apostar ahora por aquello que, silenciosamente, hará posible ese destino.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera el lunes 12 de enero de 2026.

 

 

Credenciales democráticas

Por Rodrigo Ojeda 

En Recoleta, feudo del comunismo criollo, al norte de la ciudad de Santiago, se celebró la tradicional Fiesta de los Abrazos 2026, del Partido Comunista (PC). El encuentro es una “reafirmación colectiva de principios, convicciones e historia de lucha que sigue viva en el corazón de nuestro pueblo”, en palabras del alcalde comunista. Advirtió el “avance de expresiones autoritarias y reaccionarias” y la necesaria defensa de “la democracia, los derechos humanos y las conquistas sociales”. El PC declara desde un pedestal y creencias que suenan bien y alimentan su hoja de ruta histórica. El patriarca Carmona cree que la derecha busca “instalar un proyecto político de mayor alcance”, además de cuestionar el “rol del neoliberalismo, el capital y las transnacionales”. Palabras del siglo anterior dichas en 2026. La cantaleta de siempre para sus seguidores, feligresía y fanáticos. El manual atemporal de la lucha de clases. Fieles a las conspiraciones sostienen desde el PC que, “vienen por nuestros recursos naturales y nuestra soberanía antártica. La defensa de Recoleta es la defensa de la patria frente al tutelaje extranjero”.

El invitado español, Pablo Iglesias, señaló que “únicamente el dueño del medio posee la libertad de decir la verdad. Necesitamos ser dueños de la antena para dejar de pedir perdón por nuestras ideas”. La ofensiva comunista considera los siguientes ingredientes: “la alerta geopolítica de Lagos, la evidencia global de Iglesias y la denuncia estructural de Valle, Pineda y Guzmán, transformó la Fiesta de los Abrazos en una cumbre de resistencia internacionalista”. Estamos avisados. El PC es “antimperialista, internacionalista y solidario con los pueblos que luchan por su autodeterminación”. En simple, es solidario con dictaduras y regímenes que están lejos de ser democráticos. Para el PC local, Cuba es un “proyecto transformador” que sufre el asedio norteamericano. Venezuela es un “proceso bolivariano” y su destino no es compatible con la injerencia sobre “sus asuntos internos”. La defensa a Cuba y Venezuela es irrestricta, atemporal e irracional, propia de fanáticos.

El PC, partido marxista-leninista, anticipa “los riesgos que se abren” a partir del 11 de marzo», y “eventuales retrocesos en derechos laborales, salarios y negociación colectiva”. Su relato defensor de los marginados y las identidades se mantiene. La utopía revolucionaria y el sentido de misión son parte de la creencia comunista. Desde su mirada parcial y antagónica creen que es preocupante que un tribunal “pretenda instalar una interpretación política de los hechos vividos en 2019”. No están dispuestos a aceptar otras miradas sobre “la revuelta popular” y la “movilización social”. Por ahora, el fallo del compañero Gatica absolvió al acusado y quedaron con los crespos hechos en el año del centenario del comandante Castro. Los comunistas mantienen intacta su fidelidad a la isla cubana y su “vigencia histórica y política de la Revolución Cubana”“la solidaridad con Cuba es un deber ético de todo aquel que se considere patriota y latinoamericanista”.

En Chile, la ceremonia de los 32 claveles rojos en memoria de la guardia de Maduro, no pasó desapercibida. Los mercenarios caídos son vistos como “héroes y mártires”, como defensores de la soberanía ante la invasión imperialista. La defensa a ultranza de Cuba y Venezuela, es sinónimo de un ideologismo, de una religiosidad militante y una pulsión propia de discípulos que creen la construcción de un hombre nuevo a través de la revolución. El PC no tiene credenciales democráticas, las que dice tener son discursivas y falsificadas, ya que sus principios marxistas y leninistas son incompatibles con la democracia liberal. Hay abrazos incómodos y asfixiantes para el sistema democrático mediante ese eufemismo llamado “movilización social”.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 18 de enero de 2026.