HAY QUE AYUDAR AL PUEBLO CUBANO



HAY QUE AYUDAR AL PUEBLO CUBANO

 

 

Por Humberto Julio Reyes

            ¿Estaría usted en desacuerdo, estimado lector?

            Probablemente, conocida la actual crisis por la que atraviesa la isla, pocos se opondrían a proporcionarle la ayuda humanitaria anunciada por nuestro gobierno.

            Sin embargo, dados los recientes siniestros en la zona sur, no han faltado quienes, razonablemente, nos han recordado el sabio dicho: la caridad empieza por casa.

            También se han escuchado opiniones contrarias, al considerar que la situación que afecta a los habitantes de Cuba, aunque agravada por las medidas de la administración Trump, son consecuencia de un sistema político opresor que, por largos años, ha promovido políticas equivocadas en su economía.

            Por otra parte, cualquier ayuda, aún si llegare a los que más la necesitan, será también un alivio para un régimen tiránico considerado por nuestros comunistas como “el faro de luz del continente”.

            Esta última frase que puede mover a risa, a cualquiera medianamente informado, refleja mejor que nada que, para sus admiradores, dicho “faro” nunca debiera apagarse, a objeto llevar a buen puerto a cualquier nave (léase gobierno o pueblo) que pudiera estar desorientado o buscando el paraíso que por años los comunistas nos siguen ofreciendo con admirable tenacidad y discutible salud mental.

            Así que, volviendo al inicio, yo también estoy de acuerdo en que hay que ayudar al pueblo cubano, pero, para que cesen definitivamente sus urgencias, la ayuda debiera consistir, no en el millón de dólares generosamente ofrecido, sino en librarlos de sus gobernantes.

            Para esto último están la diplomacia y las organizaciones internacionales, que estiman que ninguna solución de fuerza es aceptable pero que, sin embargo, poco y nada han hecho para promover la alternancia democrática en el poder, al mismo tiempo que reciben a los dictadores hereditarios como si se tratara de gobernantes legítimos.

            En esta misma línea leo que, para el próximo período de sesiones de la OEA, Brasil, México y Colombia, lejos de insinuar alguna responsabilidad a la tiranía cubana, propondrán incluir en el temario de la agenda del Consejo Permanente “Medidas coercitivas de carácter económico”.

Nuestro gobierno, muy diligente, ya se ha adelantado, calificando de criminal el boycott a las ventas de petróleo impuesto por el gobierno de Estados Unidos.

La democracia en Cuba puede seguir esperando indefinidamente.

Respecto a la prometida ayuda, un detalle no menor:

Nuestro canciller nos ha informado de la existencia de un fondo de cinco millones de dólares para asistencia humanitaria, como si ese dinero hubiera que gastarlo por estar disponible, lo que me parece puede confundir, ya que, distinto es que dicho monto se haya presupuestado a que se sume a otros gastos de la presente administración que sólo contribuyen a aumentar el abultado déficit estructural.

También los afectados por los incendios pareciera que, en las prioridades de nuestro gobierno, pueden esperar.

Finalizo postulando que hay que ayudar al pueblo cubano, pero a liberarse de sus opresores. Lo demás llegará por añadidura.

15 de febrero de 2026.