Política y gobierno:
Política y gobierno:
*En Seguridad… el Toro por las Astas*

Por Cristián Labbé Galilea
Los temas que copan los medios se concentran en: “me dijo, no me dijo” … “se retractó o desmintió” … “el ministro no informó”… “se acabaron las conversaciones” … “que el cable chino… “ y muchos otros etcéteras, amén de la grave confrontación que se vive en el Medio Oriente donde se libra una horrorosa batalla entre el mundo occidental y el fundamentalismo islámico.
Así llegamos a un nuevo periodo Presidencial… además amenazando al nuevo gobierno, que le van a tomar la calle, una desvergüenza y un desafío, porque… “Un país que pierde la calle pierde su libertad”.
Asumiendo que dichos temas son importantes, esta prospectiva pluma se aparta un instante de ellos para advertir que, estando a días del cambio de gobierno, subyace una realidad a la que pareciera no se le está prestando suficiente atención: las movilizaciones a las que está llamando la izquierda, las que -sí o sí- traerán consigo violencia, crimen organizado, narco terrorismo, ajustes de cuentas, sicariatos, secuestros y toda suerte de atrocidades…
Da fundamento a esta advertencia el recordar que, durante años, países como el nuestro observaron la violencia y el narcotráfico en México como si se tratara de un problema lejano, casi exótico, propio de una realidad distinta. Sin embargo, lo que ha ocurrido allí es una advertencia severa de lo que sucede cuando el crimen organizado logra crecer durante demasiado tiempo sin que el Estado lo enfrente con decisión desde sus raíces.
México no se derrumbó de un día para otro. El poder de los carteles no apareció súbitamente ni fue producto sólo de errores políticos. Fue el resultado de décadas de tolerancia, corrupción, debilidad institucional y una progresiva pérdida de control territorial. Mientras la política discutía, el narcotráfico se organizaba; mientras la justicia vacilaba, los carteles acumulaban armas y poder.
Hoy, como lo hemos comprobado en los últimos días, el fenómeno ha alcanzado dimensiones que hace algunos años habrían parecido impensables. En varias regiones, las organizaciones criminales no sólo trafican drogas: controlan territorios, extorsionan a la población, infiltran instituciones públicas e incluso imponen sus normas. Allí donde el Estado se debilita, la violencia ocupa el vacío de poder que éste genera.
Se equivocan quienes creen que el narcotráfico se mueve sólo como una red de delincuencia. Los narcos funcionan como una estructura de poder, tienen capacidad financiera, control territorial, redes de corrupción y una maquinaria de violencia capaz de desafiar al propio Estado.
En suma, si el nuevo gobierno ha fijado como una de sus prioridades el tema de la seguridad, lo ocurrido en México -incluso en estos días- no debería mirarse con distancia, sino con preocupación. Lo que allí ocurrió puede repetirse en cualquier democracia donde se reproduzcan las mismas condiciones: instituciones inoperantes, justicia debilitada, corrupción política, pérdida de autoridad y una sociedad que comienza a acostumbrarse a la violencia. El camino en materia de seguridad es uno solo… ¡el toro hay que tomarlo por las astas!
LA ECONOMÍA.
Así ha crecido la DEUDA de Chile en los últimos gobiernos:

Esta deuda la tendremos que pagar todos.