Política y gobierno:



Política y gobierno:

El partido comunista y la guerra contra KAST :

@gonzaloarenash

El partido comunista y la guerra contra KAST

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Signos, gestos, palabras, fe

Por Gonzalo Rojas Sánchez 

Es correcta la importancia que algunos comentaristas les han dado a todas las dimensiones de nuestro título.

Signos ha habido varios, pero ciertamente el más importante no ha sido el retorno de la corbata a la vida pública, por mucho que esa prenda hable de una presencia completa y agradable ante los ojos de quien busca la armonía. No, el signo de mayor densidad ha sido el escudo en la banda presidencial, a la altura del corazón. El mensaje es claro: se gobernará por la razón, y cuando sea necesario, habrá que hacerlo por la fuerza, que para eso tiene el Estado las atribuciones en la materia. Ese escudo estuvo en entredicho el 2022; además, en el Chile a refundar se buscó que esa presidencia estuviese ceñida por una banda de otros colores; incluso, esa primera magistratura podría haber quedado degradada y sujeta a un neoparlamentarismo octubrista. En fin, que no se nos olvide que el cargo estuvo hasta hace pocos días “habitado” por alguien que apoyaba esas transformaciones.

Entre los gestos, ninguno más significativo que vivir en La Moneda. La idea de despojarse de casi todo lo propio —en concreto, de las historias de una familia numerosa compartidas en una casa de campo cerca de Santiago— anuncia la voluntad presidencial de identificarse al máximo con lo institucional, con lo de todos los chilenos, con la Historia nacional hecha arquitectura y ciudad: el palacio presidencial en el centro de Santiago. Por viajes, el Presidente Kast pasará muchas noches fuera de La Moneda; por descanso, otras pocas lo devolverán a la casa de familia. Pero todas las que comparta junto a la primera dama, de frente a Portales en la Plaza de la Constitución, le ayudarán a consolidar esa identificación con el cargo que va haciendo de un gran hombre un gran Presidente.

A su vez, las palabras del mandatario han estado bajo escrutinio desde mucho antes de su victoria en la segunda vuelta. Parece majadero, por decir lo menos, que a estas alturas todavía haya quienes busquen en sus discursos filosofía política, y que además, cuando en alguna oportunidad la encuentran, se molesten por igual. Y esto no va a cambiar, porque el discurso presidencial —los discursos del Presidente Kast— sacarán de quicio, una y otra vez, a tres tipos de mentalidades, cuál más enrevesada. Por una parte, a quienes siguen pensando que gobernar es solo posible para los filósofos (o para los rectores); por otra, a quienes, cegados por una determinada ideología, solo saben usar un lenguaje de oscuridad impenetrable y, por último, a esas personas que confunden sencillez con simpleza, sentido común con banalidad, claridad con falta de profundidad.

Son los que se van a sentir, una y otra vez, confundidos por la consistencia de un lenguaje, el del Presidente Kast, que entienden y hablan la inmensa mayoría de los chilenos de a pie.

Finalmente, la fe. Como un “católico político” se ha descrito el mandatario a sí mismo. Lo sustantivo son su fe y su vida cristiana. Igual podría haberse declarado como un “católico abogado” o como un “católico padre de familia”, y nadie se habría interesado. Pero la escandalera de algunos por aquella sincera definición no hace sino resaltar aún más la importancia que tienen en un gobernante sus convicciones y el modo en que las comunica. Nada puede dar más seguridad —a partidarios y a detractores— que saber con quién se está tratando y qué se le puede exigir, en el plano más fundamental de la vida, nada menos que al Presidente de la República. Y, por su parte, el mandatario sabe que con su definición queda expuesto a la acusación de un muy “notable abandono de sus deberes”. Ese riesgo solo lo pueden correr los hombres de fe, porque están anclados en Dios.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el miércoles 18 de marzo de 2026.

 

Esto es un Cambio Radical

Por José Tomás Hargous Fuentes 

Menos de dos semanas de nuevo Gobierno han bastado para darnos cuenta de que con el cambio de mando hemos salido del Día de la Marmota. Como en la película del mismo nombre (1993), llevábamos mucho tiempo sintiendo como si todo siguiera igual, a pesar de que nos estaban desmembrando las instituciones del Estado, desproveyendo de autoridad y respetabilidad sus cargos, y saqueando a mano armada las arcas fiscales, sin preocuparse de quienes más lo necesitan –piénsese en Viña del Mar, Ñuble y Biobío–, todo esto con una gestión que más que no hacer nada terminaba atornillando al revés.

El contraste con la situación actual no puede ser más patente. No presentíamos las implicancias de lo que el entonces candidato presidencial y hoy Primer Mandatario, José Antonio Kast, se refería al proponer un Cambio Radical. Es que el giro ha sido en 180 grados. Vemos ministros no sólo elegantemente vestidos, con el retorno de la corbata, sino que empoderados y desplegados en terreno, haciendo la pega –el caso de Iván Poduje es para sacarse el sombrero–. Vemos retroexcavadoras cavando la ansiada y vilipendiada zanja en la frontera norte, una excepcional presencia policial, el comercio ambulante prácticamente desarticulado en algunos sectores de Santiago. Vemos un Presidente investido de autoridad y cercano a las personas.

Todo esto habiendo recibido el Gobierno sin caja. Pese a todas las enrevesadas explicaciones del exministro y hoy nuevamente académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, Nicolás Grau, lo cierto es que el llamado “zar” de las finanzas públicas, Jorge Quiroz, recibió un Estado sin capacidad de financiar su operación, y más endeudado que hace sólo unos meses. Muchos de los decretos y urgencias legislativas impulsados estos días por el Gobierno van justamente en la línea de destrabar la pelota, como decía Kast en un debate, y reactivar la economía, de manera que el país vuelva a crecer y el Estado tenga recursos para financiar las políticas que debe implementar para que dicho crecimiento sea sostenible en el tiempo.

En el Congreso, las cosas también pintan bien. Pese a que el Partido de la Gente (PDG) mostró su cara izquierdista y estuvo a punto de darnos a ¡Pamela Jiles! como presidenta de la Cámara, el nuevo oficialismo se organizó y logró la presidencia de ambas cámaras, así como conformaciones ampliamente favorables en comisiones estratégicas, lo que facilitará la aprobación de las reformas legales necesarias para que el Gobierno de emergencia pueda cumplir sus promesas de enfrentar la delincuencia, el crimen organizado, la migración descontrolada, el estancamiento económico y el desfonde de nuestras instituciones.

Estos días hemos visto por parte del Presidente y sus ministros un volumen de trabajo que sorprende para bien. Estábamos tan acostumbrados a la flojera, impuntualidad y falta de seriedad del Gobierno anterior que se agradece un equipo que muestra la importancia del trabajo bien hecho. Gestión que ha sido ampliamente valorada por la ciudadanía: según la Encuesta CADEM, se trata del Presidente con más valoración positiva en su primera semana desde que se realiza la encuesta (2010), y por amplia diferencia (5% más que los que le siguen), representando de forma casi exacta una inversión de los niveles que tenía Gabriel Boric en sus últimos meses en el poder. Con el 62% de los encuestados, podemos estar optimistas con lo que viene, y podemos ver que el hoy Presidente de la República tenía razón cuando nos decía “Todo va a estar bien”.

Entre el ser y el hacer

Por Juan Pablo Zúñiga Hertz 

En la filosofía ancestral china, se reconocían dos mecanismos de influencia: a través del ser y a través del hacer. Estamos en un tiempo en que todas las tradiciones han sido horadadas. Ante ello, de acuerdo con el teólogo y filósofo Peter Kreeft, “en un tiempo en el cual se han desechado todas las tradiciones, la única rebelión posible es la ortodoxia”.

La intentona revolucionaria de las izquierdas chilenas –una más para la colección– fue un fracaso de comienzo a fin. Sin embargo, ello no quita la destrucción material, moral y espiritual que le infringieron a la sociedad. Por ello, la elección de José Antonio Kast no fue un mero resultado circunstancial debido al hastío nacional de las insanidades progresistas; fue un proceso gradual, de años, en los cuales se fue fraguando poco a poco una suerte de contracorriente de carácter ortodoxo que pretende volver la sociedad a sus cabales. Para ello es necesario enfatizar el ser y el hacer.

Para influenciar a través del ser basta sólo la presencia y el obrar con rectitud. Parece inocuo, pero en lo más profundo de cada persona, la influencia del ser de otra puede calar hondo. El vestir correctamente, el buen hablar y actitudes que vayan en línea con la manera tradicional en la que las personas se sienten confortables y seguras, es algo que se ha visto desde que comenzara el movimiento de los republicanos hasta el día de hoy. Ello transmite seguridad, certezas y la imagen de que el país está al mando de gente seria y no de colegiales que están aprendiendo a manejar. Hace una gran diferencia ver a un presidente bien vestido, afeitado, aseado y con una mirada tranquila pero firme, que uno vestido de bermudas, con los sobacos sudados al aire y un ceño constantemente fruncido transmitiendo una profunda rabia y resentimiento.

En estos tiempos tumultuosos, el ser no basta, se necesita el hacer. En ese ámbito, en una sola semana se ha movilizado un despliegue de energía tal que ha permitido un nuevo empujón de dinamismo al país, sacando a Chile de esa inercia letárgica en que las izquierdas nos habían metido. En una semana, a través de decretos y medidas urgentes, se ha conseguido destrabar el dinamismo de una manera que nunca se vio en el gobierno anterior. Es decir, pasamos del terreno de la charlatanería, a la acción.

El saqueo del Estado a manos del Sr. Boric y compañía nos va a costar caro. El plan de ajuste fiscal resulta casi ilusorio cuando ya no hay dinero que optimizar, lo que obligará a Chile a endeudarse para poder operar. Ello puede resultar desalentador, sin embargo, cuando se tiene un equipo apropiado y una ciudadanía dispuesta, podemos y vamos a salir adelante. Es a través del ser y del hacer del nuevo gobierno y de los millones de chilenos que haremos con esta tormenta quede en el pasado.

Un Cambio de Mando Diferente

por Max Silva Abbott 

Como ha sido una tradición republicana con pocas interrupciones en la historia patria (sobre todo si se la compara con la de los países vecinos), hoy se produce el cambio de mando en el cual asume el poder el gobierno entrante, luego de haber ganado de forma contundente en las urnas.

Sin embargo y por desgracia, no se trata de un cambio de mando común. Ello, en atención a diversas conductas y a la actitud del gobierno saliente, que lleva inevitablemente a preguntarse, por desgracia, si de verdad es el bienestar del país su primera prioridad.

Lo anterior se debe entre otras cosas, como se ha señalado en anteriores columnas, al auténtico desfalco de que han sido objeto las arcas fiscales por la administración saliente, situación que hasta ahora prácticamente no ha recibido sanción alguna. Y de las investigaciones en curso, algunas de ellas amenazan con naufragar. Esto hace preguntarse si en Chile no se estará actualmente en presencia de una institucionalidad de papel.

Por eso es de esperar que las nuevas autoridades pongan orden y aclaren esta lamentable situación, no solo para el restablecimiento de la fe pública, sino sobre todo, porque las principales víctimas de esta enorme sustracción de fondos son los sectores más necesitados. Lo anterior, pues al haber menos recursos, ello incide directamente en la puesta en práctica de varias prestaciones sociales, siendo tal vez el caso más dramático el de las enormes listas de espera en el ámbito de la salud. De hecho, la situación es tan grave, que varias personas han muerto, fruto de no haber recibido la atención debida a tiempo, precisamente por esta falta de recursos.

Sin embargo, este desfalco tiene más consecuencias. La fundamental es que el actual gobierno comienza su labor con pocos medios y con mermadas reservas presupuestarias a las que acudir, fruto del “manotazo” de que han sido objeto varios fondos públicos en la administración saliente, sin que mediara una razón realmente válida para ello. A lo que debe sumarse el notable aumento del endeudamiento del Estado.

Esta falta de recursos sin duda producirá problemas, lo que seguramente afectará la popularidad del nuevo gobierno, que en buena medida, tiene las manos atadas a este respecto.

Y esto es lo más lamentable: ¿quiere decir que la saliente administración deja a propósito a la entrante sin recursos a fin de que fracase en su gestión, sea culpada por ello y criticada desde un cómodo puesto de oposición, a fin que en las próximas elecciones los que ahora se van puedan volver al poder en gloria y majestad?

De ser así, lo menos que puede decirse es que se trata de una jugada maquiavélica, pues tal como se señalaba, los principales afectados por esta falta de medios son los sectores más desfavorecidos, precisamente aquellos por los cuales dice luchar el gobierno saliente.

Sin embargo, al parecer el ansia de poder es más grande, y se juega con los recursos como en una partida de Monopoly, sin importar el daño que esto produzca al país.

Además, debe tenerse en cuenta que todo este desfalco se ha producido a pesar de contar con una institucionalidad democrática, en que teóricamente rige un Estado de Derecho. ¿Se imagina alguien cómo hubiera sido esta situación si existiera un régimen con menos garantías?

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el diario El Sur de Concepción. El autor es Doctor en Derecho, profesor de filosofía del derecho en la Universidad San Sebastián y miembro del Capítulo Concepción de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile.