Política y Gobierno:
Política y Gobierno:
Así funcionan los parlamentarios opositores al actual gobierno:
Exposición de ministra Steinert generó debate en el Congreso:
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Y otra:
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El efecto cobra

Por Gerardo Varela
En el Raj Británico, en India, los ingleses estaban hasta la coronilla de las culebras venenosas y ofrecieron una recompensa generosa por cada culebra muerta que los indios les entregaran. Al poco tiempo, los indios —ni tontos ni perezosos— estaban criando cobras y haciéndose ricos, hasta que los ingleses se dieron cuenta y terminaron con el programa. Acto seguido, los criadores de cobras las soltaron y en India terminaron con más cobras de las que empezaron. Lo mismo pasó en la indochina francesa con los ratones, y ejemplos hay muchos. Es lo que en economía se llama el “efecto cobra”.
El recientemente fallecido Charles Munger, socio de Warren Buffet, señalaba “dime los incentivos y te diré el comportamiento”.
Si usted ha visitado Amsterdam, habrá reparado en lo angosto de las casas. Algunas no tienen más que unos escasos metros de ancho, pero tienen mucha profundidad. La razón no es la delgadez de los neerlandeses ni una especial predilección arquitectónica, es solo que los impuestos a la propiedad se fijaban en función del frontis. A otro holandés se le ocurrió la idea, para evitar la deformación masculina de orinar fuera del tiesto, de dibujar una mosca al centro de los urinarios. Con eso incentivaba el instinto cazador de los machos holandeses, que apuntaban para masacrar al insecto, contribuyendo así a la limpieza de los baños de hombres.
Esto ha dado origen a toda un área de la economía que se llama la Economía del comportamiento, que le significó el Premio Nobel a Richard Thaler. El origen de la violencia en Chile tiene mucho que ver con los incentivos. La violencia política del FA y el PC se les retribuyó con creces llevándolos al poder. Por el contrario, la persecución judicial a uniformados los hizo enfrentar con mucha timidez la violencia del 18 de octubre. Esta imagen que la violencia beneficia y la actividad policial condena nos costará revertirla y solo ha generado inseguridad. Por eso es tan importante la sanción ejemplar al cobarde rector de la U. Austral (que ni siquiera acompañó a su auto a la ministra) y a los activistas-estudiantes que la agredieron.
El mal diseño de políticas públicas daña el tejido social: las mujeres no se casan, porque las madres solteras tienen preferencias en los beneficios sociales, mucha gente no quiere que le impongan por más que el mínimo por lo mismo. Chile tiene el récord mundial en partos por cesárea (70%), porque es cómodo y programable y el mayor costo lo paga un tercero. La otra cara de la moneda es que los casados con hijos pagan los mismos impuestos que los solteros. No hay premios para las familias, sino más bien castigos para ellas, y así, el 75% de los niños en Chile nacen fuera del matrimonio.
Qué decir del empresariado, desde Bachelet II que los zurcieron a impuestos, los maltrataron acusándolos de codiciosos e insensibles; les aumentaron los costos de contratación y la inflación regulatoria los llevó a que cada proyecto que querían acometer debía enfrentar miles de obstáculos burocráticos y cuando lograban sortearlos, venían las acciones judiciales que terminaban aniquilando cualquier iniciativa. Ahí está la Mina Invierno en Isla Riesco, cerrada por un tribunal que ni siquiera quiso visitar el proyecto, se perdieron miles de empleos y millones de dólares. Ahí está el precio de la electricidad en Puerto Montt, que es carísima gracias a un desafortunado fallo del juez Muñoz, y qué decir de la pobre Dominga, que sigue esperando su oportunidad para mejorar la calidad de vida de una de las regiones más pobres de Chile.
El Gobierno ha presentado su proyecto de reconstrucción económica, que va en línea con lo que querían y votaron los chilenos: más empleo, mejores remuneraciones, más oportunidades y mayor seguridad. Todos los candidatos ofrecieron eso y ganó el que resultó más creíble.
El proyecto genera incentivos para invertir y crear trabajo. Menores impuestos, beneficios para repatriar ahorros, estabilidad jurídica, simplificación regulatoria y subsidios a la contratación de personas. Creciendo al 2% se duplica nuestro ingreso per cápita en 35 años, creciendo al 4% en 17,5 años. Esa es la diferencia entre que esta generación disfrute los beneficios o lo haga la próxima. El crecimiento económico da oportunidades a la juventud, favorece la protección del medio ambiente y contribuye a la paz social. Cuando Chile crecía, las remuneraciones de los pobres se multiplicaban mucho más que las de los ricos. Por eso crecer no es un privilegio para los ricos, es un deber moral con los pobres.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el domingo 26 de abril de 2026.
Política chilena y relaciones internacionales
por Rodrigo Álvarez
Hace unos días, en Tele13 Radio, invité a la mayoría de los políticos a escribir 100 veces la frase “El Estrecho de Magallanes es absolutamente chileno y las relaciones internacionales importan”.
Lo sugería no pensando en la respuesta de la vocera a un asunto internacional, sino fundamentalmente contra aquellos parlamentarios y dirigentes que con risa y rapidez la criticaban; pues estoy seguro de que la inmensa mayoría de ellos no sabe dónde está Punta Dungeness o el Cabo Espíritu Santo. Tampoco aprecian que el Estrecho de Magallanes es una gigantesca “carretera” de más de 550 kilómetros, de trascendencia mundial. Mucho menos conocen del tratado de Límites de 1881, el Protocolo de límites de 1893, el Laudo arbitral de 1902 o el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
¿Por qué? Porque para la política chilena —reflejo lamentable de la actitud de la sociedad nacional—, los temas internacionales, la política exterior y las posiciones estratégicas no importan ni interesan. Basta recordar que, en la larga campaña presidencial de 2025, prácticamente nadie preguntó sobre estas materias. A lo más, una referencia marginal a Maduro, pero sobre todo, por el efecto local de ese gobierno. Tampoco hubo preguntas, ante todo un mundo —incluyendo vecinos— que se rearma y moderniza, sobre qué iban a hacer con nuestra defensa, en un escenario de necesidades de renovación de equipamiento militar y estrechez fiscal.
No importa. Así ha sido siempre, salvo períodos del siglo XIX, y por ello nuestros políticos de 1881, limitando la soberanía, podían aceptar la neutralización y liberalización completa de la navegación en el Estrecho o esa extraña declaración de que el paso no podía ser fortificado. También se podía aceptar la pésima composición del tribunal arbitral sobre Laguna del Desierto y pronunciar la frase de qué importan unos kilómetros más o menos. O reiterar el apoyo genérico a pretensiones oceánicas y territoriales, cuando han cambiado las circunstancias.
No hay efectos políticos.
Pero esta dejación y lejanía es aún más equivocada y peligrosa por dos razones.
Primero, porque —algo muy admirable— para la sociedad argentina, para sus políticos y Fuerzas Armadas la visión es absolutamente contraria: sí les importa, ahora y en su historia. ¡Y mucho! Y por ello cuando un contraalmirante jefe de Hidrografía —no de personal o abastecimientos— declara, contra texto expreso de tratados, que la boca oriental del Estrecho es argentina, no es un error. Es una tesis. Declaración que incluso reivindicó la Política de Defensa trasandina, que aspiraba a espacios compartidos y un “control conjunto” de áreas marítimas como el Estrecho de Magallanes. Texto que, por lo demás, sigue publicado en el Boletín Oficial del Estado argentino, pese a la promesa de derogarlo, anunciada hace dos años por el Presidente Milei.
No son errores: son los fundamentos de postulados geoestratégicos.
Segundo, porque en toda época, pero aún más en tiempos de crisis mundiales —como lo prueban guerras o presencias de bases o instalaciones centenarias—, los pasos oceánicos y marítimos cobran una relevancia inmensa. Llámense (para no mostrar solo la evidencia actual del estrecho de Ormuz) Gibraltar, Dardanelos, los estrechos indonesios o los Cabos de Buena Esperanza y Agujas. Por eso también el interés de Estados Unidos sobre Groenlandia, cuando se abren sorprendentemente rutas árticas.
Chile tiene escasas bazas en el tablero internacional. La producción de cobre y litio, su espacio marítimo, Isla de Pascua y nuestro gigantesco territorio antártico; pero pocas son más importantes que el control de un paso como el Estrecho de Magallanes; la presencia en el Mar de Drake (mar de Hoces para Argentina y algunos otros países iberoamericanos… por justas razones históricas con el marino español, pero también para no darle el nombre de un corsario inglés), y la entramada ruta del Beagle y los canales patagónicos… pero su protección y desarrollo, habitualmente a la política y a nuestra sociedad tristemente no le importan.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el lunes 27 de abril de 2026.
Política y espectáculo

Por Rodrigo Ojeda
El megáfono está de regreso. El gobierno está comunicando mal. Hay confusión en los verbos. Ya no basta con los datos, las encuestas y las corbatas porque la política explica y aclara a través de la acción y un relato coherente. El buque necesita todas sus calderas funcionando y afirmar el timón en aguas virulentas y vertiginosas, con fuego amigo y cruzado. La política contingente, guste o no, se nutre de la polarización, las trincheras ideológicas y la carroña de las redes sociales. Son tiempos en los cuales las declaraciones buscan el espectáculo y el escándalo. A ratos, los representantes confunden su rol en los asuntos de la polis con el entretenimiento. Olvidan que su función no es un pasatiempo. Los reels y el scroll son tentadores para el ejército de asesores y creadores de contenido político. Lo inmediato e histriónico ganan likes, pero es pan para hoy, y hambre para mañana. Las redes sociales son un lugar en el cual “todo vale”, y el tono y la irreverencia representan la “batalla cultural”. Para Vargas Llosa, en “la civilización del espectáculo, el cómico es el rey”.
En la política del espectáculo, las ministras de Ciencia, Ximena Lincolao, y de la Mujer, Judith Marín, son condenadas e irrespetadas por su origen, su matriz espiritual y su visión de mundo, sin importar su biografía de superación, sus estudios y su presencia en espacios de poder. No ocurre lo mismo con quienes confiesan su adhesión y nostalgia al paradigma marxista y legado criminal de Lenin en el siglo XX. El 22 de abril pasado, el patriarca comunista, Lautaro Carmona, sin sonrojarse ni titubear, señaló: “reafirmamos el carácter leninista del Partido Comunista de Chile”. En sintonía con su ensoñación guerrillera. El Partido Comunista Cubano es “marxista leninista”. Es la vanguardia y “fuerza dirigente” en línea con “la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”. Cubanos y chilenos están guiados por Marx y Lenin, además de la lucha de clases y la presión callejera. Para Javier Pineda, la isla revolucionaria es “una democracia socialista”. “Dictadura no es”. Omite la existencia de un partido único, la restricción de las libertades y el control policial a las disidencias. Esas banderas flamean por las grandes alamedas con falsas promesas. El comunismo no tiene pasado democrático y es incompatible con la democracia liberal.
En los asuntos públicos las formas y relatos sí importan. No todo es espectáculo. No todo es confrontación. Lo adversarial ya no es suficiente y asfixia a la buena política. Los acuerdos no siempre son concesiones ni derrotas. Para Álvaro Vergara, “las dinámicas virulentas de las redes sociales se han entrelazado con una política performática”. “Las frases pomposas, las recriminaciones públicas a sus aliados y las pachotadas contra el adversario consolidan la tónica” es un escenario saturado de dimes y diretes. No todo vale. Hay un sector en “la nueva derecha” que avanza y se asimila en el tono y en la forma a su adversario. Las vanguardias en “la batalla cultural” son riesgosas en tiempos violentos, de desafección y ausencia de pensamiento crítico.
Manouchehri y Cicardini, “son una inyección de beligerancia, cuñas, distorsiones, uso polémico de redes sociales y búsqueda de atención”. En “la derecha valiente”, no se quedan atrás. Los parlamentarios tienen un mandato, distinto y distante, a las redes sociales. Hoy, en la derecha algunos están extraviados. Está en desarrollo una batalla comunicacional entre piñeristas, descontentos del gobierno y valientes. Sus declaraciones se suman al espectáculo. Suena a pasada de cuenta entre piñeristas y fustigadores del expresidente. Además de cuestionamientos al gobierno y sus ministros. Las derechas: gobernante, expectante y valiente deben evitar la guerra civil y pausar la disputa hegemónica. El rival está al frente y las urgencias son otras. “La derecha con coraje se refleja en quienes están dispuestos a resistir lo malo sin hacer alarde de ello”.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 3 de mayo de 2026.
