Política y Gobierno:
Política y Gobierno:
Aprovechamos de mostrarles lo que los periodistas NO muestran…
Vean la gran cantidad de avances del segundo mes de gobierno de José Antonio Kast:
MES 2 – 2026 (11/04 al 11/05)
Demanda por parte del
MINVU a empresas encargadas de la reconstrucción en Viña del Mar por atrasos, fraude en las fichas técnicas de materiales y construcciones de viviendas deficientes con riesgo sísmico.
Creación de Ley “Paga Tu Pasaje” medida enfocada para castigar de forma más dura la evasión del sistema de transporte público (penas de prohibición de ingreso al estadio, prohibición en la obtención de licencia de conducir, Prohibición en la obtención de pasaporte)
Reducción de un 15% en el precio de las viviendas nuevas:
El Gobierno busca bajar el precio de las viviendas nuevas en hasta un 15%.
Esta es una medida distinta al proyecto de ley que eximiría de IVA por 12 meses a la construcción… Ambas iniciativas buscar reducir el valor de casas y departamentos.
ACTIVACIÓN de la alerta sanitaria Oncológica que busca bajar de forma significativa la lista de espera de patologías del cáncer en una unión mancomunada del sector público / privado.
El presidente José Antonio Kast reduce su sueldo en un porcentaje y este es donado a una institución de ayuda infantil.
APROBADO | Proyecto de Ley Escuela Protegida: La Cámara respalda medidas de seguridad, orden y respeto para la comunidad educativa.
Mientras tanto, algunos votan en contra… incluso cuando se trata de proteger a estudiantes y profesores.
Gobierno de José Antonio Kast pone el acelerador para bajar las listas de espera oncológicas. $ 156 mil millones extra: el costo de atender a los 33 mil pacientes que abarca la alerta oncológica.
PDI desarticuló al “Clan Chen”, una organización criminal que operaba en Iquique, en un operativo con unidades tácticas, perros detectores y allanamientos en locales comerciales.
Avanza a tercer trámite el proyecto que hace efectiva la prohibición de que condenados por violencia intrafamiliar, femicidio y otros delitos accedan a pensión de sobrevivencia de las víctimas
Ingreso de la Ley de Reconstrucción de Chile para ser votada la idea de Legislar.
Que los padres respondan en tribunales de familia por daños de sus hijos: Rabat anuncia reforma de responsabilidad parental en los estudiantes
Hacienda cifra en casi US$2 mil millones gasto fiscal que ya se ha recortado de US$ 3 mil millones comprometidos para 2026
Kast encabeza la inauguración del Café Literario del Parque Balmaceda, que fue vandalizado en 2019, tras un proceso de recuperación y modernización.
Hijos de inmigrantes ilegales nacidos en Chile no serán considerados chilenos. Serán catalogados como “transeúntes”. circular #014 del Registro civil (Entra en Vigencia 13 de abril)
Los 23 programas que Hacienda pidió descontinuar en el Ministerio de Salud: atención a personas migrantes, salud trans y de acompañamiento de género entre otros.
El primer sábado de noviembre de cada año será el día de la Teletón, tal como lo solicitó Mario Kreutzberger (Don Francisco) Al presidente José Antonio Kast en su programa “Las 2 caras de la moneda”.
Inmigración ilegal cae un 67% en comparación a mismo periodo marzo-abril 2025.
En bienes nacionales se descubre que la administración de Gabriel Boric. dejó de cobrar arriendos y concesiones $52 mil millones de pesos al año.
Con este dinero se podría haber financiado en promedio 2 años adicionales del Bono Invierno para adultos mayores o aumentar la cobertura del Pilar Solidario de pensiones para pensionados en indigencia
Entrega en tiempo récord de útiles escolares por parte de la JUNAEB a más de 2 millones de niños vulnerables.
Se coloca la primera piedra del nuevo cuartel de la Primera Compañía de Bomberos de Coyhaique. Lo perdieron todo en un incendio intencional. Se lo merecen de vuelta.
Carabineros realiza el mayor decomiso de drogas de los últimos 25 años en Antofagasta, serían 4.831 kilos avaluados en 55 mil millones de pesos.
En los primeros 50 días del gobierno del presidente Kast la región de Antofagasta ya logró decomisar el 70% de todo lo que se hizo en el 2025.
Caída en la inmigración ilegal de 100 ingresos diarios pasamos a 5 intentos diarios.
Aguas Marítimas: Mayor desaladora del país consigue aprobación ambiental por US$ 5.000 millones
Ministerio de Salud suprimirá cobro de 7% de Cenabast a los municipios para gestionar compras de medicamentos, permitiendo ahorrar hasta $7 mil millones de pesos a los municipios y bajar el precio de medicamentos.
ANUNCIO de la Ley SIN ESCAPE.
“Existen más de 77.500 procesos penales con orden de detención pendiente, originados todos por la no comparecencia de personas que fueron debidamente notificadas para presentarse ante los tribunales”.
– Los juicios ya NO se paralizan por la ausencia del acusado
– Las sentencias se dictan igual si el imputado fue notificado
– Se eliminan los vacíos legales que algunos preferían mantener
– La justicia deja de ser rehén de quienes huyen del sistema
HISTÓRICO: Después de muchos años, el estado de Chile vuelve a entrar a Temucuicui: Cinco narcoterroristas detenidos con ayuda de Carabineros y el Ejército. No hubo personal policial ni militar herido. Operación perfecta.
Quien detrás Steinert por supuesto.
Senado aprueba ley que tipifica como delito el ingreso ilegal a nuestro país.
Después de 10 años de retrasos, el Presidente José Antonio Kast inauguró el Liceo Politécnico de Calbuco: “Hay que cuidar la educación pública, mucho se habla de eso pero poco se hace”
Ministro Arrau anuncia plan que contempla hasta 12 nuevas cárceles en el país.
Ministra Chomalí informa que gracias al plan de alerta oncológica se han resuelto más de 20 mil atenciones pendientes lo que representa el 85% de los casos identificados.
En el marco del Plan #EscudoFronterizo, Carabineros dio un nuevo golpe al contrabando en Visviri: incautó 8 toneladas de cobre ocultas bajo baterías en desuso y plomo, cuando eran trasladadas hacia un paso no habilitado rumbo a Perú.
El gobierno detectó más de 188 mil casos de beneficiados a gratuidad universitaria que falsificaron sus datos para obtener el beneficio de forma fraudulenta. Se tomarán medidas drásticas.
*El roto “Espejo de la Representación”*
Por Cristián Labbé Galilea
Esta semana fuimos testigos de una doble elección en la Universidad de Chile: rectoría, y FECH. La instancia ratificó algo que se observa desde hace tiempo: el acto de participar refleja valores muy distintos entre el estamento docente y el estudiantil. Para los primeros, participar constituye un acto de responsabilidad; en los segundos, prima la indiferencia e irresponsabilidad.
Nada que decir respecto de la elección de rector. Participó el 72% del claustro, compuesto por más de cuatro mil académicos, cuyo sufragio se pondera según sus horas de nombramiento. Como ninguno de los cuatro candidatos alcanzó mayoría absoluta, deberá realizarse balotaje el 2 de junio.
Hasta ahí, todo bien. Pero donde debieran reflejarse las inquietudes, sueños y diferencias generacionales que aspiran a ser escuchadas, “el asunto quedó al debe”: el mundo estudiantil, en los últimos cuatro procesos electorales, ha evidenciado una indiferencia vergonzosa: un verdadero “vía crucis electoral” que nos revela algo mucho más profundo que una simple apatía, sino una irresponsabilidad difícil de justificar.
Dos elecciones, dos estamentos, y una misma expresión de civismo, quedando en evidencia —datos en mano— que ambos grupos no marchan al mismo ritmo ni sienten la misma responsabilidad respecto del futuro de la universidad.
En el caso de los estudiantes, datos duros: en 2019 las elecciones no alcanzaron el quórum del 40% exigido por los estatutos; votó apenas un 25,8%. La consecuencia fue devastadora: la FECH quedó sin directiva, paralizada, y conducida por mesas interinas. Así permaneció —sin conducción legítima— hasta 2023. Cuatro años después, un congreso refundacional de la propia FECH redujo el quórum al 25%, y recién en agosto de ese año se logró una participación de apenas un 26%.
Poco duró el alivio. En mayo de 2024, la segunda vuelta de las elecciones FECH alcanzó apenas un 9% de participación: 3.321 estudiantes de un padrón superior a los 36.000 habilitados. El Tribunal Calificador de Elecciones anuló el proceso, y la FECH volvió a quedar acéfala. Otra vez el limbo institucional, otro congreso extraordinario y otra prórroga de funciones.
Entonces llegó este martes 12 de mayo. En la ocasión, los estudiantes que votaron superaron el quórum mínimo del 20%. Se impuso la lista “Conectemos la Chile”, liderada por las Juventudes Comunistas, seguida por “Nuevo Horizonte”, vinculada a la Juventud Socialista.
En suma, a juicio de esta inquieta pluma, este martes la Universidad de Chile nuevamente ratificó, primero, que la representación de las dirigencias estudiantiles es baja, y; segundo, que al momento de impulsar movilizaciones, tomas y toda clase de agitaciones violentistas, estas dirigencias se arrogan descaradamente la representación de la totalidad de los estudiantes.
Por último, una mínima sagacidad permite suponer que, estando la FECH nuevamente en manos del PC, se aproximan días turbulentos, porque, como suele ocurrir, afirmarán representar a todo el alumnado, mientras las mayorías silenciosas —aquellas que quieren estudiar y aspiran a una universidad de calidad— simplemente no participan… lo que indica que “el espejo de la representación está roto”.
Que los ricos sean más ricos para que los pobres sean menos pobres

Por Álvaro Ferrer del Valle
La frase que da título a esta columna es una de esas que, a fuerza de repetirse, han dejado de oírse: circula con la naturalidad de una verdad evidente. Conviene, por eso mismo, examinarla sin furia y sin entusiasmo.
Lo primero que sorprende es su gramática. El rico se vuelve “más rico” —intensificación afirmativa, plenitud creciente—; el pobre se vuelve “menos pobre” —mera atenuación de una negación—. Aun en su escenario más favorable, la fórmula no promete al pobre un bien propio: le promete una rebaja en su carencia. Hay sujetos cuya suerte se mide en sí misma y otros cuya condición se mide por la sustracción de su miseria. La frase no lo dice; el idioma sí.
La fórmula es la coronación de un supuesto más vasto, instalado con tal eficacia en la mentalidad burguesa contemporánea —y burguesa, aquí, no es insulto sino descripción— que ha vuelto invisible su carácter de supuesto: que la prosperidad material es el bien sin más; que la única discusión legítima es cómo producirla y, eventualmente, cómo distribuirla. Lo demás, dijo memorablemente un expresidente, «es música». La frase es honesta. Describe con exactitud el horizonte en que se mueven hoy casi todos los bandos: unos quieren crecer, otros quieren repartir.
Aristóteles habría desconfiado del consenso. En el primer libro de la Política distingue dos artes que solemos confundir. La administración de la casa —la oikonomía— procura lo necesario para vivir bien, y tiene un límite natural porque las necesidades humanas lo tienen. El arte de acumular dinero por el dinero mismo —la crematística— no conoce término, pues confunde el medio con el fin. Quien la practica vive como si el sentido de la existencia fuera multiplicar la moneda, e instrumentaliza todo lo demás para servirla. La distinción tiene veinticuatro siglos y resiste, sospechosamente bien, el paso del tiempo.
Tomás de Aquino, retomando al griego, observó que ninguna riqueza puede ser fin último, porque toda riqueza es por su naturaleza para otra cosa: la natural, para sostener el cuerpo; la artificial —el dinero—, para facilitar el intercambio. Buscar la felicidad en ella es buscarla en un signo de un signo. De ahí, anotaba, que el deseo de riqueza, cuando se la persigue como fin, se vuelva infinito y, al colocar la riqueza en ese lugar, se la inviste de una sed que ningún monto colmará. Cualquiera que haya observado, sin moralismo, la dinámica íntima de la acumulación contemporánea reconocerá la descripción.
Se dirá, con apariencia de sentido común, que la observación tomista pertenece a otro siglo: hoy el dinero no es un mero signo para facilitar el intercambio. Es reserva de valor, unidad de cuenta, instrumento de inversión, activo especulativo, palanca de poder, signo de estatus. La objeción parece definitiva. Examinada de cerca, sin embargo, no toca el argumento.
Considérense, una por una, las funciones supuestamente nuevas. La reserva de valor —ahorrar, atesorar— es intercambio diferido: se conserva valor para usarlo después; quien guarda dinero sin propósito alguno, ni remoto ni eventual, de emplearlo jamás, está precisamente en el caso patológico que Aristóteles describió bajo el nombre de avaricia. La unidad de cuenta es medición para qué: para comparar valores en intercambios actuales o posibles; sin transacciones reales o concebibles, la unidad mide nada. La inversión es entrega de capital con vistas a un retorno, pero el retorno —¿qué es sino más dinero, que a su vez se gastará, reinvertirá o atesorará para futuros intercambios?—. El especulador compra para vender; su ganancia es enteramente futura capacidad de compra. Y el estatus que confiere una fortuna no proviene de los billetes en sí —que son trozos de papel o registros en un servidor— sino del poder de adquirir que esos billetes representan: el prestigio del rico es enteramente parasitario de la función de cambio del dinero. Suprímase mentalmente esa función, y el millonario queda con un montón de papel impreso de valor cero: el dinero que no puede ser cambiado por absolutamente nada, ni hoy ni mañana, deja simplemente de ser dinero. Es esto lo que Tomás quería decir al llamarlo “signo de un signo”: signo del valor de las cosas que pueden cambiarse por él.
Hay, también, una ironía que conviene señalar. La objeción —“hoy el dinero ya no es sólo medio de cambio”— suele presentarse como evidencia de que la teoría clásica ha caducado. En rigor, prueba lo contrario. Cuando Aristóteles distinguió la oikonomía de la crematística, no estaba describiendo dos prácticas igualmente legítimas: estaba advirtiendo contra una desviación. Su tesis era que el dinero perseguido como fin en sí —como reserva infinita, como pura acumulación, como objeto último del deseo— constituye una perversión de su naturaleza. La modernidad financiera no ha inventado una nueva función del dinero; ha industrializado, masificado y dignificado teóricamente la perversión. El especulador profesional, el atesorador compulsivo, el inversionista que mide su biografía en rentabilidades: son todas figuras que el griego habría reconocido sin esfuerzo, sólo que multiplicadas por mil y provistas, ahora, de una legitimidad cultural que en su tiempo no tenían.
La objeción, entonces, no refuta el argumento clásico: lo verifica empíricamente. Confunde la frecuencia de la desviación con su naturaleza. Que casi todos hagan algo no lo convierte en bueno; lo convierte, a lo sumo, en epidémico. Y la epidemia no cura la enfermedad: la propaga.
Y tal enfermedad es aún más delicada: para Tomás, los bienes que sobreabundan en algunos se deben —no en un futuro hipotético, sino ahora y por derecho natural— al socorro del necesitado. La doctrina del chorreo opera la inversión exacta: postula que la justicia debida ahora se entregará después, como subproducto del crecimiento. Convierte una exigencia presente en una promesa diferida, y traslada al pobre el costo del aplazamiento. Es, dicho en simple, un arreglo ventajoso, pero para una de las partes.
Además, si el bienestar del pobre depende del enriquecimiento previo del rico, entonces el pobre queda funcionalmente subordinado al apetito del otro. La amistad clásica exigía tratar al prójimo como fin; la lógica del derrame, sin proponérselo, lo trata como argumento. Bonum est diffusivum sui, decía Tomás: el bien se difunde por su propia naturaleza, no porque a alguien le convenga difundirlo. Cuando el bien al pobre se vuelve efecto colateral de la codicia o industria ajena, ha dejado de ser bien en el sentido en que la palabra significaba algo.
Queda, finalmente, la confusión de siempre: la de identificar el bien común con la suma agregada de prosperidades individuales. Aristóteles y Tomás distinguieron las dos cosas. El bien común no es un total: es una forma de vida compartida, que incluye la justicia entre los ciudadanos, la amistad cívica, la educación de las virtudes, la concordia. Una sociedad puede tener un PIB creciente y, al mismo tiempo, destruirse como comunidad, si el modo en que ese crecimiento se distribuye corroe los lazos de confianza o consagra jerarquías que humillan. La experiencia chilena reciente, con sus cifras macroeconómicas honorables y sus estallidos no del todo explicables por ellas, ofrece una verificación que ningún análisis puramente económico cubre con holgura.
Nada de esto invita al desprecio de la necesaria prosperidad material: las riquezas son bienes relevantes, sólo que imperfectos y peligrosos sin la virtud que los ordene. Pero abramos los ojos: la frase “los ricos más ricos, los pobres menos pobres” no es la conclusión de un razonamiento, sino la confesión involuntaria de una mentalidad que ha puesto a la riqueza en el lugar que antes ocupaban otras cosas, y que ha aprendido a llamar “música” a casi todo lo que antes se llamaba vida común.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el lunes 27 de abril de 2026.
Directo a la vena
|
Por Rolf Lüders
Los resultados que en materia económica hemos conocido esta semana no dejan duda sobre el estado de nuestra economía. Un Imacec negativo y una tasa de desempleo que bordea el nueve por ciento, no pueden ser más elocuentes. Si deseamos salir de la trampa de los países de ingreso medio en que nos encontramos, debemos hacer algunos cambios estructurales de fondo. Más de lo mismo no sirve.
Al respecto, Chile adoptó alrededor del año 2010 implícitamente el modelo económico todavía vigente, después de un período de 20 años de alto crecimiento económico, conocido como el milagro económico chileno.
El modelo actual –que es una variante de un sistema de libre mercado– se caracteriza por sus objetivos redistributivos y por la intención de controlar estatalmente algunos sectores productivos. Para lograr los objetivos señalados, entre otras cosas, se incrementó significativamente la tributación corporativa, en especial aquella de la gran minería, y se aumentaron los costos laborales, afectando por sobre todo a las Pymes. Lo peor es que estas medidas terminaron por generar una gran incertidumbre con respecto al límite de este proceso de estatización de la economía y se tradujeron así en la baja en la tasa de inversión y del crecimiento que estamos sufriendo.
Para reactivar la actividad económica, el gobierno le ha propuesto al país el Plan de Reconstrucción Nacional. Este plan consiste, en lo esencial, en un paquete de más de 40 medidas que en su conjunto debieran generar los incentivos necesarios para aumentar la inversión, el empleo y la productividad y por ende, la tasa de crecimiento económico.
Destacan entre las medidas propuestas la reintegración tributaria y la rebaja del impuesto corporativo al promedio de aquel imperante en los países de la OCDE. Estas dos medidas adoptadas simultáneamente generarán un poderoso incentivo para reinvertir y, como he explicado en anteriores columnas, son distributivamente neutras. La reforma tributaria mencionada, si es aprobada en el Parlamento por una buena mayoría, tenderá a reducir la incertidumbre institucional prevaleciente.
Pero el Plan contempla varias otras medidas con similar efecto indirecto, entre las que destacan aquellas orientadas a mitigar la permisología.
El Plan también incluye una medida orientada a reducir directamente la incertidumbre institucional existente. Se trata de la disposición que otorga invariabilidad tributaria por 25 años para inversiones que superen los 50 millones de dólares.
En este espacio hemos insistido en que una condición sine qua non para reactivar la economía es una fuerte reducción en la incertidumbre institucional existente. En ese sentido, el Plan de Reconstrucción Nacional propone una serie de medidas de tipo estructural que van, directa o indirectamente, a la vena del problema.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera el jueves 7 de mayo de 2026.
Odio ilustrado: de la universidad a la violencia política
Por Pablo G. Maillet
Desde los agitados años 60 se ha asumido como algo natural y propio que la universidad sea un espacio intensamente politizado. Al menos desde las revueltas de fines de los años sesenta —con el llamado Mayo del 68 como símbolo— se instaló la idea de que la vida universitaria implica, casi por definición, una alta carga ideológica, tanto de profesores como de estudiantes. No estamos hablando de discusión política, lo cual es inherente a la vida intelectual, sino algo distinto: la progresiva normalización de una hiperpolitización reflejada en la frase que oí alguna vez a un académico decir en un claustro: “todo en la vida humana es política”, la misma reducción que Marx realiza en la primera Tesis sobre Feuerbach.
Ese desplazamiento del sentido propio de la universidad, como espacio de búsqueda del saber y del conocimiento, hacia la voluntarista idea de que el saber debe ser útil a ideales políticos, aun cuando en ese servicio se someta la verdad y la ciencia, es problemático cuando muchos lo consideran parte del “espíritu crítico” universitario. Esta idea de instrumentalizar la universidad, como institución social, merece hoy ser revisado con mayor atención. Porque lo que comenzó como una apertura al debate ha derivado, en no pocos casos, en la instalación de doctrinas ideológicos que, por definición, son cerradas en sí mismas, y no abiertas a lo real, es decir, contradictorias con el espíritu de la vida académica y científica.
El problema no es tampoco que haya política en la universidad. El problema es cuando la ideología sustituye al criterio científico, donde es verdad sólo lo que dice la ideología, y más, cuando el conocimiento culmina en acción, de lo contrario o no sirve, o no es verdadero conocimiento, cuestión que también critica Habermas –recientemente fallecido– en su conferencia “Ciencia y técnica como ideología”.
Cuando esto ocurre, la formación académica deja de orientarse a la verdad y pasa a orientarse a la mera adhesión. Las categorías se simplifican: opresores y oprimidos, justos e injustos, legítimos e ilegítimos, buenos y malos. En ese esquema, el interlocutor deja de ser un interlocutor para convertirse en un adversario, y peor aún, a quien hay que derribar o, en el mejor de los casos, “frenar” en su avance.
Ahí se produce un giro decisivo: el desacuerdo, para los ideólogos revestidos con ropajes de académicos, deja de ser tolerable. Y cuando el desacuerdo deja de ser tolerable, la violencia encuentra su justificación. El grado de tolerancia, por lo demás, en una mente corroída por la ideología, deja sus márgenes normales, y se estrecha a escala milimétrica considerando “agresión” la sola existencia de ideas distintas, considerando “violencia”, las acciones políticas de su adversario, considerando “objetivos de combate” personas que adhieren a ideas ajenas a determinada ideología.
Este fenómeno permite comprender un cambio que empieza a hacerse visible: el surgimiento de una violencia política que ya no proviene de sujetos marginados de la sociedad, anarquistas, o de sujetos con ciertas condiciones mentales perturbadas, psicópatas, ni de cuadros o movimientos organizados en contextos de alta confrontación ideológica explícita —como ocurrió en otras épocas—.
Lo que comienza a emerger es algo distinto: una forma de odio ilustrado.
Se trata de personas profesionales, muchas veces con estudios universitarios avanzados, magíster o doctorados, incluso en instituciones de alto prestigio, no pocas veces realizando sus posgrados en prestigiosas universidades extranjeras, que no actúan por desajuste psicológico ni por pertenencia a estructuras terroristas, sino por una especie curiosa de convicción. Una convicción que se percibe como moralmente justificada y que, en ciertos casos, cada más con mayor frecuencia, que se traducen en acciones violentas que terminan con ataques, y con la vida, de representantes políticos contrarios a ellos, no de “dictadores” o “tiranos”, sino de autoridades elegidas democrática y legítimamente
Los ejemplos recientes no deben ser leídos como anomalías aisladas, sino como síntomas de un sistema de educación universitaria en el que hemos normalizado, no la militancia activista política, sino la preparación ideológica de un revolucionario.
Recientemente en nuestro país, la agresión a la ministra Lincolao sufrida en la Universidad Austral, protagonizada por estudiantes en un contexto académico, en el que supuestamente solicitaban no reducir becas para estudios doctorales en el extranjero. De ese nivel académico estamos hablando. Retuvieron, en una forma de “secuestro” como ha aceptado llamar la propia Fiscalía, más de 4 horas a la Ministra de Ciencias para luego, en su huida, agredir a sus escoltas y asesores, y a ella misma, con diversos objetos, como lo atestiguan los videos que circularon posterior al ataque. También en un ambiente universitario se le dio muerte al político norteamericano Charlie Kirk en medio de un campus en septiembre de 2025. Su asesino, un estudiante de la Universidad de Utah que encontró digno de un objeto de tiro al joven conservador por instalarse en los campus a debatir con estudiantes de ideas políticas diferentes a la suya.
En otras latitudes, el reciente intento de asesinato contra Donald Trump por parte de un profesional altamente calificado, licenciado y magíster en ciencias, ex alumno de prestigiosas universidades como el Instituto Tecnológico de California CALTECH, y la Universidad de Pensilvania, rankeada como una de las 5 mejores de EEUU, y profesor de ciencias de la informática, apunta en la misma dirección que el ataque a la Ministra chilena.
Lo mismo puede decirse de otros casos donde individuos con formación universitaria han pasado del juicio al acto con una motivación explícitamente política, pero perpetrada por profesionales, académicos con excelencia formativa. Es el caso también de Luigi Mangione, quien asesinó a Brian Thomson, un alto ejecutivo de una empresa gigante de productos farmacéuticos. Mangione se había graduado cum laude en Pensilvania en ingeniería y posee un Magíster en Ciencias de la informática y computación con una subespecialización en matemáticas y había sido distinguido con una beca para una pasantía en la Johns Hopkins University sobre investigación en robótica, además de haber sido consejero en Inteligencia Artificial en la Universidad de Stanford.
La diferencia con otros episodios de ataques políticos o ataques a autoridades puede parecer sutil, pero no lo es. No estamos frente a sujetos clínicamente desequilibrados, como en el caso de John Hinckley Jr., quien disparó al Presidente en ejercicio Ronald Reagan el 30 de marzo de 1981. Este sujeto, como lo demostró el caso, quería impresionar a su amor platónico, la actriz Jodie Foster, de quien el sujeto estaba enamorada desde que la vió en una película, así lo declaró la Corte y lo internaron a tratamiento psiquiátrico durante 30 años. Tampoco estamos presenciando casos como el del Senador en ejercicio Jaime Guzmán, conocido por cualquier chileno, perpetrado por grupos paramilitares, armados y terroristas, en una asociación ilícita, pero orgánica, formados para la acción violenta en contextos de radicalización política estructurada. Los casos que hemos venido presenciando en el último tiempo poseen la gran diferencia de estar protagonizados no sólo en ámbitos académicos, sino también por profesionales universitarios altamente calificados académicamente.
Se trata de individuos que han internalizado marcos ideológicos que les permiten reinterpretar la violencia política como un acto legítimo, incluso necesario –hay algo mesiánico en toda ideología propiamente tal–. No operan al margen de la racionalidad: operan dentro de una racionalidad absoluta, pero deformada.
Tal deformación no surge de la nada. Y la hemos normalizado.
Durante décadas, diversos autores, desde T.S. Eliot, pasando por Thomas Molnar hasta el notable trabajo de Robert Hutchins La Universidad de Utopia, advirtieron sobre el riesgo de someter la universidad a la ideología. Cuando la inteligencia se desvincula de la verdad y se pone al servicio de una acción práctica, la formación pierde su orientación fundamental. La universidad deja de ser un espacio de búsqueda y se convierte en un espacio de validación.
Lo inquietante es que ese proceso no sólo afecta al plano teórico.
Hoy se ve reforzado por un entorno cultural marcado por la hiperconectividad y la mediación digital. Las redes sociales no sólo amplifican ideas: intensifican las emociones que siembran las ideas. La indignación se convierte en un motor permanente, y la percepción de amenaza se vuelve constante. En ese contexto, la combinación entre formación ideologizada y estimulación emocional continua produce un tipo de subjetividad particularmente inestable: convencida, movilizada y dispuesta a la acción violenta.
Así, el paso desde la idea al acto se acorta.
La universidad, que debiera operar como espacio de mediación racional —donde las diferencias se elaboran, se contrastan y se comprenden—, corre el riesgo de transformarse en un espacio donde esas diferencias se radicalizan y se absolutizan.
Ése es el punto crítico.
La violencia, en este contexto, ya no aparece como ultima ratio, sino como consecuencia necesaria. Por eso, el problema no es simplemente la existencia de ideas políticas en la universidad, ni siquiera la intensidad del debate. El problema es haber normalizado un tipo de formación donde el desacuerdo se vive como intolerable y donde el adversario es percibido como ilegítimo. Cuando eso ocurre, el resultado no es más pensamiento crítico, sino su contrario. Y sus consecuencias violentas —como ya hemos comenzado a ver— trascienden el plano de las ideas.
