Gobierno y Política



Gobierno y Política

¿Cómo nos debemos parar frente a la Argentina? Almirantes vs Cancilleres

La relación con la República Argentina debe ser como la que se tiene con los hijos de uno, con mucho cariño, pero a la vez con clara y decidida firmeza.

por Richard Kouyoumdjian28 octubre, 2026

Recientemente El Mercurio de Santiago nos ha deleitado con dos columnas que reflejan la postura y ánimos con que enfrentamos y nos paramos frente a la Argentina, una, la de los excancilleres Moreno y Van Klaveren, que básicamente llama a cuidar todo lo que la relación nos entrega en términos económicos y de desarrollo, y la otra, la de los siete almirantes excomandantes en jefe de la Armada, que refuerza la necesidad de que la relación no puede ser a cualquier costo en términos de soberanía, derechos permanentes o interés nacional.

En enero de este año escribí en este medio una columna llamada “Chile y Argentina, ¿hacia una nueva aspiración e identidad regional?”. Posteriormente han seguido varias otras columnas que o bien tratan la relación con Argentina o las relaciones vecinales como un tema de la más alta prioridad para nuestra Cancillería. Incluso como AthenaLab desarrollamos un seminario de integración Chileno -Argentina junto al CARI en agosto en Buenos Aires, el que concluyó que debíamos dedicar el próximo capitulo que se realizara en Santiago a comienzos del 2027 al tema de las desconfianzas que nos separan ya que, de no tratarlas, se corre el riesgo de que sean ellas las que tomen el control de la agenda, algo que no es bueno debido a la alta probabilidad de que no terminen bien las cosas, no al punto de 1978, pero claramente dañadas y afectadas.

¿Qué nos une? Nos une una Cordillera de los Andes, nos une una frontera de aproximadamente 5.300 kilómetros (la tercera más larga del mundo), nos unen siglos de existencia, sea como países independientes o bien cuando pertenecíamos a la Corona Española. Nos unen cultura, religión, chilenos que viven en Argentina y argentinos que viven en Chile. Nos unen inversiones de unos y otros a ambos lados de la frontera más la posibilidad de que sigan creciendo y fortaleciéndose en energía y minería. Nos unen los caminos argentinos que permiten movimientos de carga chilena que busca llegar ya sea a la zona central nuestra o las costas del Atlántico. Nos unen 26 pasos fronterizos internacionales más todo el tráfico aéreo y marítimo que conectan los dos países. El desafío es hacer crecer lo que nos une a la vez que nos hacemos cargo de lo que nos desune, separa, o genera grietas en la relación. De nosotros depende cómo queremos que se vean los próximos 200 años, pero que no podrá crecer significativamente mientras primen las desconfianzas desatendidas sistemáticamente durante años o no resueltas desde que somos quienes somos. Chile y Argentina merecen una relación sana en lo político y productiva en lo económico.

Seguir avanzando sin resolver la situación de la delimitación pendiente en Campos de Hielo Sur, o seguir avanzando sin resolver los problemas que generan las plataformas continentales sean extendidas en el caso argentino o la de paquete en el caso chileno en el Mar de la Zona Austral y en particular respecto del punto F del TPA de 1984, no es sano. Pretender que no hay temas cuando los hay no ayuda. Para eso el TPA trae mecanismos para resolver problemas, pero hay que usarlos o de lo contrario no aleguemos si años después siguen siendo temas desatendidos.

Desconozco si algún día vamos a poder colocarnos de acuerdo respecto de los derechos soberanos antárticos. Por ahora dejemos eso en manos del Tratado Antártico del cual ambos somos signatarios y sigamos avanzando en las iniciativas que promueven un buen uso de la Antártida.

Espero no se generen más dudas en Argentina respecto del Estrecho de Magallanes. Es hora de que una vez por todas publiquen su nueva política de defensa y de no hacerlo, sean valientes y eliminen el decreto 457 del 2021 en donde hablan de que son aguas compartidas. Tenemos buenos y claros tratados como son los de 1881 y 1984. No necesitamos de otros. Sólo tenemos que asegurarnos de que sean leídos, entendidos, respetados y cumplidos. Se deben respetar y se deben hacer respetar. A buen entendedor pocas palabras.

Dejemos de echarle la culpa a Chile por la derrota en las Malvinas-Falklands de 1982. Es obvio que ayudamos a los británicos, pero ayudamos porque nosotros percibimos que claramente estábamos en riesgo de tener éxito la irresponsable y mal calculada aventura en la que se embarcaron las fuerzas argentinas en abril del 82. Lo que se decía en la Plaza de Mayo se escuchaba fuerte y claro en Santiago. Dicho eso, claro que tienen legítimos derechos sobre las Malvinas-Falklands, Georgias y Sandwich del Sur, pero eso es entre los argentinos, los isleños y los británicos. No es un tema nuestro y nunca lo será el tema de la soberanía sobre esos archipiélagos desde que conscientemente renunciamos a la Patagonia Oriental en el Tratado de 1881.

No vamos a renunciar a la libertad de comerciar con otros por vía marítima usando rutas que los tratados y convenios internacionales nos autorizan, ni tampoco vamos a aceptar sanciones o acciones de fuerza por faltas que nuestros connacionales injustamente sean acusados o no hayan cometido. Detener o sancionar un buque chileno de propiedad privada que vaya a abastecer a quienes habitan las islas en disputa no es una buena idea. Una cosa es que el Estado de Chile busque respetar lo firmado cuando visitó Chile el Presidente Milei en septiembre de 2026, y otra cosa es que sea exigible a privados. El interés nacional en esta materia está claro, muy claro. No hay dos lecturas al respecto.

Por eso, le digo a los argentinos:

Nosotros felices que ustedes lleguen a acuerdos con los británicos e isleños respecto de la propiedad y soberanía de las islas. Sabemos que es importante para ustedes, muy importante. Una causa nacional, pero es una causa argentina, no chilena. Por favor no nos arrastren e involucren en un tema que ustedes perfectamente pueden resolver con los habitantes de las islas y quienes les dan protección. En el intertanto ponerse pesados con todos los que puedan tener alguna relación comercial con las islas no es una buena idea. Suena más a una aplicación del dicho del perro del hortelano, que no come ni deja comer.

No se preocupen de nuestra histórica estratégica relación en materias de defensa con el Reino Unido. No está pensada como una alianza que busca enfrentarlos a ustedes, sólo busca, en el caso de que ellos sean elegidos, la construcción de buques para reemplazar las fragatas que actualmente componen la Escuadra Chilena y que necesitan ser reemplazados antes del 2040. Es una relación de marinos de más de 200 años que comenzó con Lord Cochrane en 1818, y que se ha mantenido vigente producto del uso de material naval de origen británico. Ya sabremos cuál forma toma esta relación cuando seleccionemos el tipo de fragatas que la Armada de Chile usará por los próximos 40 años, algo que va a depender de las ofertas y precios a recibir.

En resumen, preocupémonos de resolver las desconfianzas, de promover lo que nos une, los negocios y desarrollos que mejoran el bienestar de nuestros pueblos hermanos, y de no generar situaciones que pongan esta muy especial histórica relación en riesgo. Que lata estar peleados con los vecinos, que por lo demás lo seguirán siendo por los tiempos de los tiempos, y no hay nada que podamos hacer al respecto.

Chile necesita de la Argentina como la Argentina necesita de Chile. El que no entiende eso es que no entiende nada y mejor se queda callado. Hora de hacer que las cosas funcionen bien para ambos países.

Una buena relación con la Argentina sólo es posible si tanto cancilleres como almirantes tienen razón.

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Etiquetado:argentinachileexcancilleres

Richard Kouyoumdjian

Experto en Defensa y Seguridad Nacional, vicepresidente ejecutivo de AthenaLab y concejal por Las Condes Más de Richard Kouyoumdjian

6 Comments

  1. Edmundodice:

27 octubre, 2026 en 21:48

Buena columna Richard, sabia y auténtica.

  1. Carlos Souper Quinterosdice:

28 octubre, 2026 en 00:23

Muy buena y clara presentacion Richard. Y muy claro el inserto de los Almirantes ex CCJA

  1. Andrés Montero J.dice:

28 octubre, 2026 en 05:24

Muy buena columna. Felicitaciones. Bien los ex Comandantes en Jefe de la Armada. El historial de las relaciones con Argentina nos obliga a ser cautelosos y jamás ingenuos.

  1. Fernando Hormazabaldice:

28 octubre, 2026 en 10:31

No puede ser más claro. Espero que los parlamentarios de todo el espectro político lo lean

  1. Richard Kouyoumdjian Inglisdice:

28 octubre, 2026 en 15:49

Muchas gracias por sus comentarios, relacionarse con la Argentina no es fácil, es algo que tenemos que aprender si queremos relaciones de mejor calidad.

  1. Jaime calderon riverosdice:

29 octubre, 2026 en 00:37

La mentalidad del almirantazgo algo la conozco un poco porque mi primer trabajo fue con el Almirante Merino (Comisión Hacienda y Economía que presidida)
Me tocó ver de cerca tema Perú año 75 y el conocido problema con Argentina el año 78 («Todos éramos Prat me comento un Almirante). El año 75 Perú no avanzó por unos repuestos de los tanques rusos y después cambios políticos. Iban por Arica
Para el 2050 Argentina va a tener 51 millones de habitantes, Perú 40 millones, Bolivia 16 millones y Chile 20 millones ¿Alguien piensa que no vamos a tener aventuras militares? Con el vencimiento del Tratado Antártico y la falta de visión de «Alta Política» Chile puede perfectamente perder Arica que va a ser ciudad gobernada por tres países y la Patagonia por las grandes potencias. No hemos tenido coraje para poblar la Patagonia con inmigrantes y una visión de Estado en la Patagonia.

 

 

Causas de una golpiza

Por Gonzalo Rojas Sánchez 

La brutal golpiza a solidarios y gremialistas en la puerta de la Casa Central de la PUC… ¿ya pasó? No, no pasó, porque podría volver a suceder.

Carolina Mingo, una de las más afectadas por la violencia de los manifestantes de la Confech, fue muy certera cuando afirmó que ser de derecha es “un motivo de castigo social en la universidad”, lo que declaró en el contexto de una mucho más profunda afirmación previa, cuando sugirió que la propia PUC no estaba exenta de responsabilidad, ya que, dijo, “quienes tienen la misión de educar deben evaluar qué están entregando a las nuevas generaciones”.

Alumnos como ella, coherentes y valientes, necesitan conocer el porqué de todo lo que los afecta tan gravemente al interior de su —de nuestra— querida universidad. Dos son los procesos paralelos que se desarrollaron durante la rectoría de Ignacio Sánchez, visiblemente desde 2018, pero con antecedentes que se remontan años atrás.

Por una parte, la incapacidad para entender y enfrentar la gravedad del movimiento feminista (“generista”, más bien) que tuvo su expresión más radical en la toma de la Casa Central en mayo de 2018. La falta de comprensión del tipo de desafío institucional que implicaba esa toma y, por consiguiente, la rendición ante sus demandas, expresada en comisiones de trabajo, medidas administrativas y nuevos organismos a favor de la ideología de género, todo eso, marcó un punto de inflexión en el ambiente universitario. Las izquierdas, que vienen utilizando esas demandas como ariete eficaz, entendieron el escenario: las autoridades superiores no iban a marcar una línea divisoria, las compuertas estaban abiertas. La escena del mismo rector sentado confraternizando con manifestantes en plena Alameda, a finales de 2019, consolidó a las izquierdas en su percepción: el campo estaba despejado para quedarse con la universidad. Era cosa de tener paciencia.

Al mismo tiempo —quizás como un mecanismo de compensación de conciencia y de imagen— se desarrollaron dos procesos de naturaleza académica, pero que tuvieron enormes consecuencias en la identidad de la universidad. El primero, la diversificación de los sistemas de admisión y, de paso, la adhesión a la gratuidad. En el nombre de una muy deseable diversidad, la composición del origen de los alumnos cambió sustancialmente. Perfecto: una universidad católica debe estar abierta a todos. Pero, ¿tenía la corporación una masa crítica de profesores en condiciones de recibir a cientos y cientos de alumnos sin formación cristiana previa, y ofrecerles una antropología y un sentido cristianos de la vida? Porque de eso se trata una labor educativa de la Iglesia, ¿no?

No, ese cuerpo docente, desde hace unos 20 años, no está en condiciones de realizar esa tarea, aunque sigan intentándolo muy significativas excepciones. ¿Por qué? Simplemente, porque la obsesión por los rankings capturó a las autoridades superiores. Entonces, los concursos privilegiaron el currículo —¡qué importa que un matemático sea ateo!, me argumentaba un profesor— y las publicaciones se convirtieron en el pasaporte para la promoción académica —¡yo no estoy para perder el tiempo atendiendo alumnos!, me espetaba otro.

Además, un clima de inseguridad se fue extendiendo para quienes veníamos de atrás, de la universidad formadora —con sus defectos, por cierto—, y muchas voces comenzaron a callar. Un gran amigo, profesor de excelencia, me advirtió un día: “No vayas a Valparaíso de paseo con tus alumnos, algo te puede pasar”. Lo que a mí efectivamente me pasó… ya pasó. Lo que puede pasarles a otros, ¿hay voluntad de impedirlo? ¿Hay voluntad de revertir la universidad ambigua que se legó a estas nuevas generaciones?

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el miércoles 14 de octubre de 2026.

La vocería y el diseño del poder de La Moneda

Por Sergio Muñoz Riveros

El nombramiento del exdiputado Gonzalo Arenas como subsecretario general de Gobierno y, en tal condición, “vocero de contingencia”, puede contribuir a dar coherencia comunicacional a La Moneda. Integrará el comité político y está en condiciones de aportar a la reflexión respecto del curso que lleva el gobierno y el horizonte al que apunta. Precisamente por eso, no se entiende que no haya sido nombrado ministro de la Secretaría General de Gobierno, lo que habría implicado terminar con la anomalía de que la titularidad de esa cartera la tenga el ministro del Interior.

Como es obvio, ningún vocero puede cumplir exitosamente su tarea si los ciudadanos consideran insatisfactoria la gestión del gobierno, como lo muestran hoy las encuestas. La cuestión fundamental es, entonces, qué quiere La Moneda transmitirle al país en un contexto deficitario, en el que se extienden las dudas sobre la gobernanza. Si no mejora la percepción respecto de lo que el gobierno hace por atenuar las dificultades derivadas del estancamiento de la economía, el alto desempleo, los insuficientes avances en seguridad, etc., no servirán de mucho los esfuerzos de la vocería. Lo esencial es, por supuesto, la credibilidad del gobierno.

La ambigüedad estructural del ejercicio del poder puede seguir complicando las cosas. El diseño inicial del equipo de asesores del Segundo Piso como una especie de gerencia general de gobierno, se manifestó en un doble comando en el terreno de las comunicaciones. Esa fue la raíz de la salida de Mara Sedini, que era ministra de la Segegob, pero estaba sometida a la pauta diaria del Segundo Piso. La situación llegó al punto de que Kast, para contener las pugnas internas, nombró como vocero al ministro del Interior, o sea, ni más ni menos que al jefe de gabinete, que actúa como vicepresidente de la República cuando el presidente se ausenta. Excesivo, sin duda. Y revelador de las debilidades.

Kast llegó a La Moneda con una concepción del ejercicio de sus propias funciones que se apoyaba en esa suerte de gerencia general. Pues bien, tal diseño no ha superado la prueba de la práctica. Lo que queda hoy es una estructura híbrida, en la que, por ejemplo, funciona un “director de contenidos de la Presidencia”, que coordina las bajadas comunicacionales del gobierno y, se supone, ejerce autoridad sobre el vocero. La frondosa burocracia que existe en La Moneda en el campo de las comunicaciones y la propaganda puede seguir enredando las cosas, sobre todo si el Segundo Piso es percibido como la genuina voz del presidente.

Para que las comunicaciones mejoren, es indispensable que el gobierno mejore, y que los ciudadanos lo perciban. Se trata de un asunto nada sencillo de conseguir, pues obliga al gobernante a sopesar diversos factores para asegurar, por ejemplo, el equilibrio fiscal y el buen uso de los recursos públicos, pero, al mismo tiempo, no crear una imagen pública de insensibilidad frente a las necesidades concretas. Es mejor si no se incrementa la deuda pública, pero eso no puede implicar la desatención de las urgencias sociales.

Si la realidad no acompaña a un determinado gobierno, es poco lo que puede hacer cualquier vocero, por hábil que sea. Si cuenta una historia que no tiene correspondencia con la experiencia cotidiana de la población, su credibilidad puede llegar rápidamente a cero. Fue una asesora de Donald Trump la que inventó la expresión “hechos alternativos” para justificar las muchas falsedades de ese gobernante, y el descrédito fue vertiginoso.

Las encuestas han castigado severamente las marchas y contramarchas del gobierno, los pasos en falso y las vacilaciones. Desinhibida como es, la diputada Pamela Jiles ya proclamó el fracaso de Kast, y todos entienden que ese es su deseo. Pero, las señales son inquietantes. ¿Puede cambiar Kast el sentido de las encuestas y probar que Chile avanza en la buena dirección? Allí está el desafío.

En definitiva, la faena del nuevo vocero tiene todos los riesgos propios del cargo, además de los agregados por el contexto. Es llamativo, por supuesto, que Arenas haya estado dispuesto a sacrificar la respetable posición de decano que tenía en la Universidad San Sebastián para asumir una misión incierta, en la que el éxito no depende únicamente de su esfuerzo. Revela, sin duda, un fuerte sentido del deber, y eso es meritorio. Este es el tipo de pruebas que muestran de qué madera está hecho un político.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Ex-Ante el domingo 25 de octubre de 2026.