Éxitos de la Dictadura



Éxitos de la Dictadura

Como es bien sabido, en Chile los tres poderes del Estado los controla una sola tendencia política: la del “No”. Ésta ha venido eligiendo Presidentes de la República del mismo sector desde hace 28 años, ininterrumpidamente; preside y controla el Poder Judicial y tiene amplia mayoría en el Poder Legislativo. Es un poder único y dictatorial, que ha reescrito la historia, establecido una posverdad que está prohibido contradecir y ha dominado la calle y todos los medios de comunicación social.

 

Su exponente judicial, el Presidente de la Corte Suprema, Haroldo Brito, y una mayoría de izquierda como él persiguen y encarcelan implacablemente a quienes defendieron al “Sí” de la amenaza armada del “No”. Tanto es así que mientras esta última se aplica a sí misma un sistema procesal penal lleno de garantías, somete a los defensores del “Sí” a otro distinto, sin ninguna garantía real y que permite a los jueces del “No” imponerles penas que a veces suman centenares de años. Éstas violan todas las bases ancestrales del estado de derecho, como el debido proceso, basado en el principio de legalidad (nadie puede ser condenado por un delito establecido por una ley posterior a los hechos); nadie puede ser condenado sin pruebas ni juzgado por tribunales especiales (pues a los del “No” los juzgan jueces ad hoc, llamados “ministros en visita extraordinaria”); y desconocen otras instituciones como la cosa juzgada, la prescripción y la amnistía. Rigen en todo el mundo, pero en Chile no para los del “Sí”.

 

En fin, la dictadura controla también el Poder Legislativo, así es que no hay fiscalización real sobre el Poder Ejecutivo, como en teoría debería ejercer la Cámara de Diputados.

 

De hecho, el Gobierno forma, para enfrentar los problemas, comisiones integradas por las diversas corrientes del “No”. (Entre esos problemas no está, por cierto, la existencia de su dictadura de 28 años de vigencia).

 

Durante la semana pasada el principal representante de una de las corrientes del “No”, Ricardo Lagos, fue a expresar sus puntos de vista al que encabeza otra y es, por ahora, Presidente de la República, para afinar la forma en que debería continuar su dictadura sin término. Los hombres de confianza de Lagos están en las comisiones de Piñera, dignas sucesoras de las numerosas comisiones de su antecesora Bachelet.

 

La dictadura respeta las formas. Siempre admite un “negrito de Harvard”. En la última elección presidencial hubo siete candidatos del  “No” y uno del “Sí”. Pero a éste lo agreden y lo silencian dondequiera que se presenta.

 

Pero la dictadura, naturalmente, no admite la libertad de expresión. Tan es así que ha destituido al director del Museo Histórico Nacional por exhibir en una muestra la efigie del principal exponente histórico del “Sí”, el ex Presidente Augusto Pinochet, y una frase suya. Y la muestra fue suprimida bajo el pretexto de que la figura del personero del “Sí” y sus palabras “ofenden a la ciudadanía” En el hecho, la dictadura monopoliza los principales medios de comunicación. Está cada vez más parecida al régimen descrito por Orwell en “1984”, en particular en lo relativo a sus “minutos de odio general” a su principal adversario y “enemigo público número uno”, que en Chile es el recuerdo de Augusto Pinochet.

 

En los últimos días la dictadura ha obtenido señalados éxitos, además del ya señalado de suprimir el derecho a expresión del “Sí” en el Museo: ha logrado que la justicia del “No” dicte el desafuero de un diputado del “Sí”, Ignacio Urrutia,  por oponerse a un bono de tres millones de pesos para cada una de las personas que fueron interrogadas antes de 1990 por sus vinculaciones con el terrorismo que prohijaba el “No” y que era muy violento. Ese terrorismo ha sido hecho desaparecer de la historia reciente por los medios de comunicación del “No”, es decir, todos.

 

Un segundo éxito ha sido impedir que quien fuera yerno de Pinochet ejerza siquiera como asesor de la empresa que controla. Como se ha demostrado en mi blog anterior, “Piñera y Ponce Lerou”, del 11 de junio, las razones para proscribir a éste de su empresa son aplicables, punto por punto, al sexto Presidente en línea del “No”, actualmente en el poder. Es que si hubiera igualdad ante la ley, la del “No” ya no sería dictadura. Como lo es, Ponce Lerou no puede ser asesor de una empresa por las mismas razones que Piñera sí puede ser Presidente.

 

Otro gran éxito de la dictadura actual ha sido que la Corte Suprema reabriera, mediando la actividad conjunta de la principal agente de persecución de los militares del “Sí”, la diputada comunista Carmen Hertz, y la diligente actividad de la abogada del Consejo de Defensa del Estado, María Elena Horwitz, la única causa que permitía mantener vivo el “caso Riggs”, constructo de la dictadura del “No” para mantener vivo el “juicio por los diarios” contra Pinochet que una inadvertida Corte de Apelaciones había echado abajo aplicando la simple legalidad fundamental y había, por tanto, sobreseído.

 

En efecto, seis oficiales que fueron secretarios del Comandante en Jefe del Ejército entre 1981 y 1997 volverán a quedar expuestos a condenas de cuatro años de presidio, como rezan sus autos de procesamiento, por no haber conservado veinte y hasta treinta años después la documentación explicativa de los movimientos de sus sucesivas cuentas corrientes para compras en el extranjero de la Comandancia en Jefe en el Banco Riggs de Washington. Pero dos de esos oficiales, que conservaban la documentación del movimiento, los generales Gustavo Collao y Guillermo Garín, han debido ser sobreseídos, lo que de seguro ha representado un enorme pesar para el “No”.

 

Y, así, la dictadura del “No” se consolida en su ininterrumpido y prolongado tránsito por el poder, pisoteando la verdad, la justicia y la integridad.

Hermógenes Pérez de Arce