Presos y vejez
Presos y vejez
Ser
pobre, llegar a viejo y estar preso es un infierno del que debimos habernos
hecho cargo hace mucho tiempo. No se trata de olvidarnos de la condena o de la
justicia para con las víctimas, sino de cómo garantizar la privación de
libertad efectiva y el respeto a la dignidad del privado de libertad, sobre
todo si se trata de personas de la tercera edad.
Desde el primer momento, la discusión política se centró en los presos de Punta
Peuco, muchos de ellos de muy avanzada edad, y olvidó a los cientos de pobres y
enfermos encarcelados, muchas veces de manera inhumana. La vida en la cárcel se
deteriora rápidamente y a tal extremo, que se hace urgente una ley que
garantice una condena digna a los enfermos, a los ancianos y a los incapaces de
resistir el rigor de la violencia carcelaria.
No se trata de facilitar que la gente llegue a morir con sus familiares, como
si se tratara de un favor, sino de legislar para asegurar la vida digna,
incluso la de los presos. La vejez del pobre encarcelado, sobrecoge, y la
indiferencia política ante tal realidad, cuestiona.
P. Luis Roblero sj
Capellán de cárceles