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I. Una realidad que no puede ocultarse
En el Pabellón Asistir de Colina 1 viven hoy más de 200 internos en un espacio diseñado para 90.
Muchos de ellos superan los 80 y 90 años, padecen enfermedades graves y requieren atención médica permanente.
Sin embargo:
· No hay médico residente
· Los traslados hospitalarios son escasos
· Las condiciones de hacinamiento son extremas
Y lo más grave: siguen muriendo en abandono.
II. Una sentencia que el Estado no ha cumplido
El 25 de septiembre de 2024, la Corte Suprema —tras constatar directamente estas condiciones— ordenó:
- Atención médica permanente
- Protocolos de urgencia eficaces
- Aplicación de normas de cuidado para adultos mayores
- Fichas clínicas actualizadas
Esa sentencia reconoció el derecho a la dignidad de estos internos.
Pero, 18 meses después, no se ha cumplido.
III. No es omisión: es desacato
La situación actual es incluso peor:
- Mayor sobrepoblación
- Falta de atención médica efectiva
- Protocolos que no operan
- Fallecimientos que continúan ocurriendo
Esto tiene un nombre claro:
Incumplimiento de una sentencia judicial firme.
Y cuando ese incumplimiento provoca muertes, la responsabilidad es del
Estado.
IV. Quiénes están muriendo
No son cifras. Son personas.
Personas de más de 80 años, muchos enfermos, postrados o con deterioro s
Cuando enfrentan una crisis médica: no hay médico,no hay respuesta oportuna,y a espera puede ser fatal. Estas muertes son evitables.
V. El problema: falta de voluntad
No falta ley.
No falta sentencia.
Falta decisión de cumplir.
La Corte Suprema ya ordenó actuar.El Estado no lo ha hecho.
VI. Un llamado urgente
No se trata de impunidad.
No se trata de revisar condenas.
Se trata de algo básico:
Cumplir la ley y evitar muertes evitables.
El Ministerio de Justicia debe:
- cumplir la sentencia,
- asegurar atención médica,
- reducir el hacinamiento,
- y garantizar dignidad en el final de la vida.
Conclusión
Cada muerte en estas condiciones no es solo una tragedia humana.
Es la consecuencia directa del incumplimiento del Estado.
Y eso, en una democracia, no puede ni debe aceptarse.
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