FF.AA.
FF.AA.
EDITORIAL ATHENALAB
Fiestas Patrias: historia, identidad y continuidad republicana
Las Fiestas Patrias constituyen uno de los momentos en que Chile vuelve a encontrarse con su historia, sus símbolos y aquello que reconoce como propio. La conmemoración del inicio del proceso de independencia no solo recuerda un hecho fundacional; también ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la identidad nacional, la continuidad de la República y los vínculos que permiten reconocernos como parte de una misma comunidad.
En ese marco, el Día de las Glorias del Ejército adquiere un significado particular. La historia de esta institución está estrechamente ligada a la formación y desarrollo de la República, desde las campañas de la independencia hasta su contribución a la defensa del territorio, la soberanía y los intereses nacionales. Recordar esos hitos permite comprender que las instituciones también forman parte de la memoria e identidad de un país.
Celebrar estas fechas no significa mirar solo al pasado. También supone reconocer una herencia común y proyectarla hacia el futuro. Una sociedad que conoce su historia, valora sus instituciones y mantiene vivos sus referentes compartidos fortalece su cohesión y su capacidad para enfrentar nuevos desafíos.
NO FUE UNA FIESTA

No hubo celebración en el Parque O’Higgins. Hubo una demostración.
Diez mil doscientos seis uniformados cruzaron la elipse: 6.219 del Ejército, 1.252 de la Armada, 1.117 de la Fuerza A érea, 1.220 carabineros, la PDI de vuelta tras siete años y Gendarmería por primera vez en 111 versiones. Mil setecientas mujeres entre ellos. Trescientos reservistas reactivados. El Cuerpo Militar del Trabajo, que lleva medio siglo abriendo la Carretera Austral a dinamita y pala. Sesenta aeronaves. El mayor despliegue en diecisiete años.
Imposible remolcar un solo buque. Ni un submarino, ni un radar, ni un analista de inteligencia. La escuadra no cabe en una explanada de tierra. Y sin embargo el mensaje llegó entero, porque lo que desfiló fue lo que queda cuando el armamento falta.
Eso se llama cultura, y en Chile tiene cuatro raíces. El Ejército marcha con el método que el país importó en 1885, cuando entendió que había ganado una guerra con coraje y que la siguiente exigiría Estado Mayor. La Armada no importó nada: nació británica en 1818, con Cochrane, y aprendió que en el mar el comandante resuelve solo, porque nadie alcanza a preguntarle a Santiago. Una enseña a planificar; la otra, a decidir. La Fuerza Aérea, la más joven, sumó la flexibilidad de quien vive a la velocidad de la técnica. Carabineros, que además de calles guarda fronteras, puso al hombre que está donde no llega nadie.
Cuatro culturas. Un solo paso.
Hay que decirlo completo: esas matrices también chocaron. En 1891 lo hicieron a cañonazos y costó diez mil muertos. Pero mire lo que vino después. Pasaron el parlamentarismo, los frentes populares, la revolución en libertad, la vía chilena, la dictadura, la transición, el estallido y dos procesos constituyentes. Cada proyecto quiso moldearlas a su imagen. Ninguno pudo. Las ideologías pasan por las instituciones armadas como el viento por la jarcia: suenan fuerte y siguen de largo. Permanece el rito, la escuela, el suboficial que corrige al recluta como lo corrigieron a él. Eso ya no pertenece a los cuarteles. Pertenece a Chile.
Por eso un desfile no es folclore. Un avión se compra en tres años. La cohesión no se compra: se hereda, y tarda un siglo. Un país puede tener la fragata más moderna del océano y no tener quién muera en ella. Ayer diez mil personas marcaron el mismo paso sin mirarse, y en las tribunas un país dividido en casi todo aplaudió lo mismo. Esa es la fuerza: no la que se exhibe, la que se integra cuando alguien toca lo que es de todos.
Y alguien lo ha tocado. En estas semanas se habló con ligereza del Estrecho, de controles conjuntos, de preeminencias en el sur. Chile respondió con tratados, como corresponde a un país 7serio. Hoy respondió con otra cosa: silencio en formación.
Quien sepa leer, que lea.
Quien marca el paso, cuida el paso.
Chile calla. No duerme.
(Autor desconocido)


