FF.AA. y de Orden



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*Memorias de una Nación*


Por Cristián Labbé Galilea

Cada 16 de julio, nuestro país rinde homenaje a la Virgen del Carmen, Patrona de Chile y Generala de las Fuerzas Armadas. Más que una celebración religiosa, esta festividad nos recuerda una dimensión profunda de nuestra historia: la identidad nacional se ha construido sobre instituciones republicanas, pero también sobre símbolos, valores y principios que han dado sentido a nuestra existencia como nación.

Asimismo, hace pocos días, durante la tradicional ceremonia del Juramento a la Bandera, miles de jóvenes soldados se comprometieron a servir a la Patria “hasta rendir la vida si fuera necesario”. Ese solemne acto evoca el sacrificio de los setenta y siete héroes de La Concepción, cuyo ejemplo de deber, honor y lealtad ha inspirado a muchas generaciones.

Al rendir tributo a la Virgen del Carmen, la nación renueva los votos que, desde los días de la Independencia, los patriotas hicieron a “la Carmelita”. Hasta hoy, esa devoción constituye parte esencial del patrimonio espiritual e histórico que ha forjado nuestra identidad nacional.

Cuando la inmediatez parece dominar la contingencia, conviene recordar que una sociedad no puede vivir exclusivamente pendiente del presente. Las urgencias cotidianas son importantes, pero los pueblos que borran de su memoria a sus héroes, desprecian sus tradiciones y relativizan sus valores, terminan quedando expuestos a ideologías totalitarias.

Honrar el pasado no significa renunciar al progreso. Significa reconocer que las libertades políticas, sociales y económicas que hoy disfrutamos provienen del esfuerzo, sacrificio y entrega de quienes jamás claudicaron en la defensa de aquellos valores y principios que nos han identificado como nación libre y soberana.

A lo largo de nuestra vida independiente, el país debió enfrentar intentos por reformular su ordenamiento institucional y someterlo a doctrinas totalitarias. Basta recordar las experiencias vividas durante las últimas décadas, para comprender que la fortaleza de una nación reside, precisamente, en la fidelidad a sus principios permanentes.

Por ello, esta pluma ha querido “marcar sus tintas” esta semana en el significado del Juramento a la Bandera y de la festividad de la Virgen del Carmen. Ambas evocaciones nos recuerdan nuestra pertenencia a una nación que honra su herencia cultural, y está dispuesta a defenderla… ¡A sangre y fuego!

Además, ellas nos invitan a valorar nuestras raíces y a mantener vivo el recuerdo de aquellos patriotas que entregaron su vida por las tradiciones, la libertad y los valores de esta “… fértil provincia señalada … de remotas naciones respetada por fuerte, principal y poderosa…”, (Ercilla).

Finalmente, mención especial merecen las actuales autoridades, comenzando por el Presidente, quien presidió la ceremonia del Juramento a la Bandera y ha fortalecido públicamente las advocaciones a la Virgen del Carmen. Esos gestos, serían aún más reconocidos si se tradujeran en actos de justicia y humanidad hacia esos viejos camaradas que permanecen privados de libertad por el odio y la venganza. Un país no construye su futuro sobre resentimientos perpetuos, sino sobre verdad, justicia, y capacidad de cerrar heridas con grandeza, fortaleciendo así la memoria patriótica de la nación.

 

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