Gobierno y Política



Gobierno y Política

*Los Resucitados de la Política*


Por Cristián Labbé Galilea

Un viejo dicho afirma que en política no existen los muertos, y la historia parece darle la razón. Personajes que parecían haber desaparecido de la escena pública reaparecen, una y otra vez, apenas se les presenta una oportunidad. Renacen como el ave fénix, convencidos que el tiempo ha borrado sus derrotas. Sin embargo, lo que se oculta detrás de esa actitud es la incapacidad de aceptar la realidad.

Pocas actitudes resultan más cuestionables que la de quien, tras perder frente a candidatos de su sector, transforma esa frustración en un ejercicio permanente de recriminación. Lo que comenzó siendo una legítima competencia termina convertida en un resentimiento ni siquiera disimulado, que aflora en cada entrevista, en cada declaración y en cada comentario.

La derrota, en política, forma parte del juego. La grandeza no se mide únicamente por la capacidad para ganar, sino por saber perder con dignidad. Reconocer la derrota, respaldar al vencedor y contribuir al éxito del proyecto colectivo constituye una muestra de estatura política. Lo contrario sólo revela ambición personal.

Existe, además, otro fenómeno igualmente llamativo, el de aquel dirigente de indiscutible trayectoria que, después de abandonar una carrera presidencial alegando una situación personal insuperable —explicada públicamente como un severo cuadro de depresión clínica que hacía imposible continuar—, reaparece con renovada energía dando consejos, recetas y diagnósticos. De pronto, quien se declaraba inhabilitado, aparece ahora en condiciones de convertirse en el intérprete de la realidad política, como quien hubiera sido ungido para señalar el camino correcto.

No deja de ser una paradoja. Aquello que justificó su retiro desaparece para dar paso a una inusitada disposición a ocupar espacios de protagonismo. El mensaje implícito parece ser siempre el mismo: “yo tengo las respuestas”. Es la tentación permanente del salvador, esa figura que aparece cuando las dificultades del momento ofrecen una oportunidad para recuperar visibilidad.

En ambos casos comentados existe un elemento común: el protagonismo personal termina imponiéndose sobre la lealtad política. Una actúa movida por el resentimiento de una derrota que nunca logró procesar; el otro, por la necesidad de volver al centro del escenario envuelto en un aura de experiencia. Ambos aseguran pertenecer al mismo sector, pero sus intervenciones terminan debilitando precisamente al gobierno que dicen querer fortalecer.

La política necesita convicciones, liderazgo y espíritu crítico. Nadie pretende una adhesión ciega ni el silencio complaciente frente a los errores. Pero una cosa es ejercer una crítica discreta, y otra muy distinta es utilizar las dificultades del sector para reconstruir una imagen deteriorada.

En concreto, a juicio de esta pluma, el sector que representa la Sociedad de la Libertad, hoy en el gobierno, no necesita caudillos tardíos, ni candidatos perpetuos, incapaces de aceptar la realidad. Necesita dirigentes que asuman una tarea mucho más importante: respaldar con lealtad al gobierno y contribuir, desde la unidad, al éxito del proyecto común. Porque las victorias en equipo valen más que las vanidades individuales, y no son necesarios los políticos que buscan resucitar.

 

 

La familia vuelve al centro

Por Álvaro Pezoa Bissières 

Antes de que la economía recuperara el centro del debate público y que la seguridad se consolidara como la principal preocupación ciudadana, Chile ya enfrentaba una crisis más silenciosa, pero no menos profunda: la fragilidad creciente de la familia. Durante años, esta realidad quedó relegada a un segundo plano de la discusión política. Sin embargo, las señales que ha comenzado a entregar el gobierno sugieren que esa situación estaría cambiando.

Se trata de una modificación importante. Pues, es manifiesto que las sociedades no se sostienen únicamente sobre buenos indicadores económicos y una institucionalidad eficaz. Se basan, ante todo, en vínculos humanos estables, comunidades vivas y familias capaces de transmitir afecto, responsabilidad, hábitos y sentido de pertenencia.

Por ello, resulta significativo que la familia tenga, ahora, un lugar más visible dentro de la agenda gubernamental. La evidencia internacional muestra que la estabilidad familiar influye directamente en múltiples dimensiones del bienestar social: desempeño educativo, salud mental, movilidad social, prevención de la delincuencia, integración comunitaria e incluso crecimiento económico de largo plazo.

La novedad se encuentra, principalmente, en volver a considerar a la familia como un actor relevante de política pública. Por décadas, buena parte de la discusión política se ha centrado en la relación entre individuo y Estado, dejando de lado a la institución fundamental. La familia ha sido vista frecuentemente como una realidad exclusivamente privada, sin mayor relevancia para el devenir de la sociedad, generando una creciente desconexión entre ella y las políticas públicas.

El actual gobierno parece estar intentando introducir un giro de perspectiva. Las referencias a la conciliación entre trabajo y vida familiar, el apoyo a la maternidad, la preocupación por la caída de la natalidad, el fortalecimiento de redes de cuidado y la protección de la infancia vulnerable apuntan a una comprensión más amplia del desarrollo humano, donde resulta imprescindible incidir positivamente en las condiciones que permiten que las personas formen proyectos de vida estables y duraderos.

El Ejecutivo buscaría recuperar la importancia de la familia como espacio fundamental de formación, protección y solidaridad. Es difícil negar que esta voluntad representa una diferencia significativa en la orientación de las prioridades públicas.

Por supuesto, ninguna política familiar resolverá por sí sola los problemas de Chile. Y, obviamente, lo decisivo será la capacidad de traducir estas preocupaciones en medidas concretas y eficaces. Sin embargo, el solo hecho de situar la cuestión familiar en el centro de la conversación nacional constituye un indicio valioso.

La economía crea riqueza y la seguridad protege el orden social. Pero son las familias las que forman a las personas que harán posible ambos. Por eso, la política familiar puede llegar a ser una de las iniciativas más trascendentes del actual gobierno.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera el lunes 15 de junio de 2026.