Gobierno y Política
Gobierno y Política
La verdad histórica:
*UNA HISTORIA PARA NO CREERLA*

(Nicolás Kipreos Almallotis)
Chile fue, durante décadas, un faro luminoso y una estrella solitaria que asombró al mundo entero al consolidar el modelo para alcanzar el desarrollo más exitoso de la región. Con un impulso indomable cimentado en el orden, la libertad y el esfuerzo individual, nuestro país se anticipó por década y media al resto del mundo, implementando reformas económicas de vanguardia que liberalizaron los mercados, garantizaron la certeza jurídica y abrieron las fronteras al libre comercio global. El país se transformó en un dinámico laboratorio de oportunidades y meritocracia, donde una economía abierta pavimentaba un camino firme hacia el desarrollo, que permitió que el Producto Interno Bruto se expandiera a tasas ni siquiera soñadas, multiplicando la riqueza nacional. El mayor orgullo de esta gesta histórica no se midió solo en rascacielos o modernas autopistas, sino en la dignidad profunda de millones de hogares: Chile logró la hazaña histórica de reducir de manera drástica la pobreza desde más del 40% en los ochenta a un dígito hacia fines de los noventa, consolidando una clase media mayoritaria que miraba el porvenir con justificada esperanza.
Esta notable trayectoria de prosperidad, sin embargo, se vio trágicamente interrumpida por el avance de un dogma ideológico destructivo que comenzó, sin darnos cuenta, a cocinarnos a fuego lento y que terminó por “asfixiarnos” con el segundo gobierno de Michelle Bachelet, donde desembarcó abiertamente una izquierda hostil al éxito privado y profundamente aliada de los impuestos elevados y de la burocracia asfixiante, impulsando una reforma tributaria, entre otras, que terminó por destruir el ahorro interno, frenando en seco los motores del crecimiento, alejándonos del virtuosismo y empobreciéndonos nuevamente. Esta escalada de hostilidad ideológica escaló de forma brutal el 18 de octubre de 2019, mediante una insurrección coordinada y violenta que, disfrazada de demandas sociales, desató el vandalismo e intentó derrocar por la fuerza al gobierno de Sebastián Piñera, quebrando el orden público y propinando un golpe devastador al Estado de derecho y a la infraestructura crítica de la nación. Esta desestabilización pavimentó el camino para que, con la posterior administración de ultraizquierda de Gabriel Boric, termináramos “calcinados”, en un Chile que experimentó un doloroso y profundo proceso de decadencia. Este periodo estuvo marcado por una alarmante erosión de la probidad pública —evidenciada en masivos escándalos de desvío de recursos fiscales—, la desarticulación del sentido del deber y un flagrante desprecio por las leyes, sumiendo a los ciudadanos en la peor crisis de seguridad ciudadana e informalidad laboral de nuestra historia reciente. Asimismo, durante este último gobierno se llegó a empujar un proceso constitucional refundacional explícitamente diseñado para desmantelar la institucionalidad, quebrar la igualdad ante la ley y pulverizar las bases de la propiedad privada, con el único fin de instaurar un régimen de izquierda pura y dura completamente alejado de nuestras tradiciones y valores patrios.
Hoy sobresalen las críticas, incluso el “fuego amigo”, pero pocos se dan cuenta que, bajo la presidencia de José Antonio Kast, la nación libra una batalla épica para ponerse de pie, recuperar la disciplina fiscal, atraer los capitales extranjeros y rescatar el rumbo extraviado. La urgente reconstrucción nacional se enfrenta día a día a la conducta de una oposición destructiva que, desde el Congreso, obstruye de manera sistemática y coordinada las reformas orientadas a reactivar la inversión y endurecer el combate contra el crimen organizado, anteponiendo sus mezquinas trincheras ideológicas a la urgencia de un Chile debilitado que clama por salir adelante. Este objetivo es a tal nivel, que en una acción profundamente desleal y antipatriótica, dos ONG de izquierda, la Fundación Libera y el Centro Ecoceanos, acudieron de forma maliciosa ante agencias gubernamentales de los Estados Unidos (con un gobierno de ultraderecha) para presentar informes sesgados sobre presuntas situaciones de “trabajo forzoso” en las cadenas de suministros de nuestra economía, traduciéndose en una injusta y devastadora sobretasa arancelaria del 12,5% aplicada directamente a las exportaciones estratégicas de salmón, frutas, vinos y madera.

Chile país socialista: la intención del Frente Amplio
Por Jaime Jankelevich
Recientemente está disponible el documento de 44 páginas con las conclusiones del Primer Congreso Ideológico Estratégico 2026 del Frente Amplio, el cual es importante leer íntegramente para tomar conciencia de lo que significaría que, en 2030, el próximo gobierno lo asumiera la ultraizquierda con el FA teniendo como socio principal al Partido Comunista.
Por las limitaciones de espacio, mencionaré solo algunas de las conclusiones más relevantes de dicho congreso, que nos advierten de querer transformar a Chile en un país “socialista, feminista y ecologista, con un Estado planificador centralizado, poniéndole fin al extractivismo, para desarrollar una industrialización estratégica, respetuosa de los límites ecológicos, como medio para construir el bienestar nacional bajo un enfoque sostenible”. Y por supuesto “la lucha de clases sigue siendo una categoría explicativa central”.
Según el FA, el modelo de desarrollo está en crisis y exponen lo siguiente: “Chile enfrenta un estancamiento estructural y una caída severa de la productividad, fruto de un modelo primario-exportador dependiente de intereses externos y de la acumulación rentista, que impacta hoy con crudeza a los sectores populares y a la ruralidad”. Luego agregan, “en estos espacios, el extractivismo sin límites depreda los bienes comunes y amenaza la seguridad alimentaria, lo que precariza la vida de las comunidades más vulnerables y de manera más aguda la de las mujeres”.
Lo que no dicen es que el rotundo fracaso del gobierno de Boric y sus ideas son las que llevaron a Chile al estancamiento y a la crisis que hoy enfrentamos y no el modelo de libre mercado, que no solo ha garantizado nuestra seguridad alimentaria, sino que exportamos al mundo productos agrícolas, fruta, salmones, vino, flores, etc., al contrario de lo que pregonan.
Y continúan: “Nuestro partido se define como socialista. Ello significa que entendemos que las desigualdades, la crisis ecológica, la concentración de la riqueza y las distintas formas de dominación social tienen raíces estructurales en el capitalismo, pues su base se sostiene en la explotación del trabajo humano. Por ello, como parte de nuestra identidad y horizonte estratégico, debemos asumir de manera explícita una posición orientada a la superación del capitalismo, especialmente en su fase neoliberal, en tanto no es posible alcanzar una sociedad plenamente democrática, feminista y ecológicamente sostenible, sin superar sus lógicas fundamentales”.
Pero acaso ¿no vivimos en plena democracia? ¿No fue elegido Boric en las urnas? ¿No pueden publicar este panfleto identitario con plena libertad, sin temor a ser encarcelados o asesinados como el disidente venezolano Ronald Ojeda, ordenado por Diosdado Cabello, desde la República Bolivariana de Venezuela? ¿Esa plena sociedad democrática quieren alcanzar? ¿O una como la cubana?
Otrosí: “Como Frente Amplio debemos propugnar que la economía se someta al control democrático y a que el Estado conduzca y regule el desarrollo, congeniando objetivos económicos, sociales y ambientales”. Pero si nuestra economía funciona con total libertad, con reglas claras, bien definidas y quienes no las cumplen son sancionados debidamente tanto por el mercado como por la legislación vigente y como además existe plena competencia, los consumidores premian a quienes les brindan productos de calidad y a precios razonables. ¿Qué más control quieren?
Pero no les basta con eso, pues insisten en proclamar que “como Frente Amplio explicitamos nuestra definición de socialismo en democracia como un horizonte estratégico incompatible con el neoliberalismo, puesto que buscamos democratizar la sociedad y la prosperidad, desmercantilizar la vida y transformar las bases económicas, sociales y políticas de la desigualdad”.
Lo que esa intención implica es que sería el Estado el que dictamine y controle la producción de bienes y servicios, al costo que estime conveniente y sin intervención de privados. Y como un sistema de esa naturaleza espantaría a los inversionistas, a los emprendedores, a los empresarios, a los comerciantes, ¿cómo pretenden que funcione el país? ¿cómo financiarían el sistema, si solo existiese “industrialización estratégica estatal”? Nada de eso explican, salvo “reformar el sistema tributario con una fiscalidad más progresiva y estructural que implemente impuestos reales y rebaje los privilegios tributarios”.
Y atención; declaran que “a pesar del fracaso de los procesos constitucionales, como partido somos conscientes de que nuestro país requiere superar la Constitución impuesta por la dictadura y actualizar la institucionalidad heredada de la transición, debiendo mantener vivo el horizonte de un cambio constitucional más sustancial, asumiendo que lograrlo será tarea de un nuevo ciclo político”.
Si la ultraizquierda lograra retornar al poder, nuestro querido país estaría condenado al fracaso, lo que debemos y podemos evitar. Por eso, es responsabilidad de todos quienes queremos a Chile, ayudar al éxito del actual gobierno a fin de terminar con la alternancia en el poder y lograr tener tres o cuatro mandatos que nos permitan salir del estancamiento actual, alcanzar el desarrollo y brindarle bienestar a todos los chilenos en plena democracia.
La limitación de espacio nos lleva a comentar solo estas conclusiones, pero hay muchas más igualmente relevantes de conocer, por lo que es fundamental leer el documento en su integridad para tomar conciencia de lo que podría ocurrir en Chile si llegaren a triunfar.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el domingo 2 de agosto de 2026.
Conozca la verdad de las platas que se farreó el anterior gobierno:
https://www.instagram.com/reel/DYC7r3HoVbW/?igsh=MXIwd3JsZ21iem1yOA==
La palita y la Odisea

Por Gerardo Varela
Se ha aprobado una reforma económica/tributaria que genera un cambio copernicano en la dirección que llevaba nuestra economía. Desde la vuelta a la democracia, Chile solo había sabido de más regulaciones y alzas de impuestos. Y ahora, por primera vez, aunque algo tímidamente a mi juicio, se desregula y se reducen impuestos. Se ha visto poco entusiasmo en el apoyo al Gobierno. La gran crítica que se escucha es que calcularon mal los quorum, se ausentó un senador y ahora una norma menor sobre la compensación de la rebaja de contribuciones debe discutirse y aprobarse, lo que retrasará en unos días el proyecto.
Esto me recuerda el cuento de una señora muy piadosa pero muy cuidadosa de su patrimonio que, jugando con su nieta con una palita en la arena a orilla del mar, de pronto ve cómo una ola gigantesca revienta y se lleva a la nietecita. La señora inmediatamente se arrodilla y empieza a rezar y le promete a Dios que nunca más se va a mofar del Frente Amplio (gas a precio justo, sobrinos de Giorgio, etc…) o despotricar en contra de las ONG que venden su alma, mienten y dañan a su país. Y le ruega que le devuelva a su nietecita, que es lo más preciado que tiene en este mundo. Dios infinitamente misericordioso escucha los ruegos y en la ola siguiente le devuelve a la niñita, sana y salva. La dama agradecida mira al cielo y pregunta: ¿Y la palita?
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer un logro mayor, como fue aprobar en menos de seis meses un proyecto de esta envergadura? Boric no logró aprobar su Constitución, ni siquiera logró aprobar la idea de legislar de su reforma tributaria (que subía los impuestos), demostrando su total incompetencia en gestión política, que se suponía era lo mejor que sabía hacer. Kast, con sus ministros Alvarado, García y Quiroz obtuvieron un éxito resonante para Chile, para los más pobres y para los jóvenes que han visto frustrado su progreso por un país estancado. Y nadie destapa champaña.
La reforma reduce el impuesto a las empresas, reintegra el impuesto de primera con el global, evitando así que un mismo ingreso pague impuestos dos veces e igualando el capital con el trabajo; establece una invariabilidad tributaria para proyectos de inversión que atraerá capitales importantes al país; libera de contribuciones a los adultos mayores, que muchas veces pagaban más por contribuciones que lo que recibían como pensión; crea una rebaja adicional de impuesto con un crédito al empleo que fomenta la formalización del trabajo, con los beneficios laterales que ello conlleva en previsión y salud, y permite anticipar con tasa rebajada a la mitad el injusto impuesto de herencia.
Una ley para ser buena no debe ser perfecta, solo debe ser mejor que la alternativa. Y la alternativa era un statu quo que ahoga el emprendimiento, castiga el desarrollo y desincentiva invertir en Chile.
Esta misma semana nos visitó el economista Arthur Laffer, asesor de Reagan y creador de la famosa “Curva de Laffer”, que demuestra cómo altos impuestos que pagan pocos recaudan menos que impuestos bajos que pagan muchos. Su libro “Los impuestos tienen consecuencias” debiera ser de lectura obligada para todos aquellos que se dedican a políticas públicas. Con un relato histórico apasionante, demuestra una y otra vez cómo los países se desarrollan gracias a impuestos bajos, alta inversión y crecimiento, lo que lleva a grandes recaudaciones. La evidencia está disponible y es abrumadora. Si alguna crítica puede hacerse a este proyecto es que su reducción de impuestos es modesta y que no amplió la base de personas que deben pagar. Es malo para la democracia que solo el 20% de los chilenos paguen impuesto a la renta. Esto crea dos clases de ciudadanos: los que pagan y financian el Estado y los que están de visita y usufructúan de él. Como demuestra Laffer, si al que trabaja se le cobra impuestos por hacerlo y al que está cesante el Estado lo subsidia por su situación, este tendrá menos trabajadores y más cesantes, y con eso disminuirá el ingreso general del país.
Pero como diría Sir Winston después de la victoria en El Alamein, este no es el fin, ni siquiera es el principio del fin, sino que solo es el fin del principio. Se necesita continuar avanzando: en mercado de capitales, laboral, permisos (¡15 años para un teleférico!), desburocratizar, etc… Y les pido a los lectores de esta columna, con experiencia en diversos sectores, que no duden en hacer llegar sus ideas al Gobierno o a sus parlamentarios, a partir de ejemplos concretos de regulaciones absurdas o contradictorias, que hacen que la tarea de emprender, invertir y crear trabajo se parezca a Ulises y su Odisea.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el domingo 2 de agosto de 2026.
Alcaldes ideológicos:
https://www.instagram.com/reel/DbmRdJpxfkb/?igsh=MTA2OHJ0bGdtZm9xdg==
La extrema derecha que no aparece

Por Kenneth Bunker
Hace algunos días, en el pódcast de Felipe Kast en Radio Agricultura, Natalia Piergentili sostuvo que nunca ha escuchado al Presidente decir algo que atentara contra la independencia institucional, y que el gobierno de Kast partió por lo que une a los chilenos, la seguridad, el empleo y el crecimiento.
Lo que hace la noticia relevante no es tanto que Piergentili, expresidenta del PPD y exsubsecretaria de Economía durante el segundo gobierno de Bachelet, venga de la línea socialdemócrata de la centroizquierda, sino que niegue el supuesto que su propio sector viene tratando de instalar en la agenda.
La idea de que el gobierno de José Antonio Kast constituye una expresión de extrema derecha está lejos de ser inocua. Solo en este gobierno, le ha servido a la oposición para justificar por qué no negocia, y ha arrastrado a su base política a asumir que Kast excede al adversario normal, invitándola a actuar en consecuencia.
Pero, ¿es en verdad Kast de extrema derecha? ¿Es de esa extrema derecha que se acusa constantemente de estar destruyendo países, privatizando empresas estatales, desmantelando instituciones y atropellando derechos humanos? A casi cinco meses de gobierno no hay evidencia que lo sustente, y la verdad es que, fuera de la propia izquierda, tampoco hay quien lo crea.
Difícilmente puede catalogarse de extremo a un gobierno cuyos ejes son seguridad, empleo y crecimiento, que son las prioridades que la ciudadanía viene declarando desde hace años y que hoy encabeza la economía, con el desempleo instalado sobre el 9%. Nada de eso pertenece al terreno valórico, que es donde la derecha dura de Kast supuestamente iba a desmantelar derechos adquiridos.
Esta misma semana, por lo demás, en su primera cuenta pública participativa, la ministra May Chomali anunció la incorporación progresiva de la totalidad de los cánceres al GES, junto con una nueva garantía para VIH. ¿Eso es ser de extrema derecha? ¿Expandir la cobertura del Estado en salud de forma significativa en vez de darle prioridad a los prestadores privados?
Peor todavía, la etiqueta ni siquiera es nueva, y viene al menos desde el primer gobierno de derecha de la transición. Es decir, no es un juicio sobre Kast, sino un recurso que se aplica por igual a cualquier gobierno del sector. Pues fue poco después de que la Concertación perdiera el poder que las ideas socialdemócratas empezaron a retroceder, y que las tácticas de la izquierda más dura comenzaron a asomar con fuerza como línea retórica. Ni haber ingresado el Acuerdo de Vida en Pareja al Congreso, ni haber acuñado el término cómplices pasivos, le sirvieron a Piñera para escapar de la acusación de ser extremista.
La pregunta es qué función cumple la etiqueta si no describe al gobierno. Hay al menos dos respuestas posibles. La primera es que se use con el solo fin de persuadir con miras electorales, una hipótesis que ya fue sometida a la prueba y no resistió, como muestra la elección de 2025, en que con voto obligatorio y participación sobre el 85%, Jeannette Jara perdió con 41,84%.
La segunda posibilidad es que ordene hacia adentro, que a primera vista tampoco parece resistir demasiado la prueba de la evidencia, pues a pesar de que el sector se ordenó efectivamente, la megarreforma pasó igual por las dos cámaras.
En cualquier caso, es evidente por qué la oposición no ha conseguido éxito ni en las urnas ni en el Congreso. Pues, si lo que persiguen sus principales figuras son victorias pasajeras, no puede ser de otra forma. Manouchehri oficiando a Contraloría el primer día de gobierno porque la Primera Dama sirvió almuerzos sin guantes, antes de que existiera una política que evaluar, es el mejor ejemplo de resistir sin propósito. Cicardini convirtiendo sus redes sociales en trinchera permanente tampoco ayuda a darle solidez al argumento de que el gobierno es un peligro.
Y ciertamente no ayuda que el propio expresidente Boric comparta entrevistas de terceros calificando de imbécil al Presidente, apenas seis semanas después de haber explicado en el Hay Festival de Gales que no se puede tratar de estúpido al votante que no apoya a la izquierda.
Todo eso produce titulares y moviliza a la base, pero claramente no altera elecciones populares ni votaciones legislativas relevantes.
Ahora, la ligereza generalizada no significa que en la oposición no haya una amenaza real. Pues si bien es evidente que detrás de las tácticas rápidas no hay proyecto político alguno, hay dentro del mismo sector, en minoría, quienes sí manejan ideas peligrosas. La sugerencia de que la elección de Kast tendría algo de irregular, deslizada esta semana por los diputados Araya, Veloso y Barraza en el programa de Darío Quiroga, no es inocua.
Y no es la primera vez que ese grupo apunta a la institucionalidad, como quedó claro cuando el primero de ellos transparentó, en ese mismo espacio, la idea de enviar un tsunami de indicaciones para trabar la tramitación de la megarreforma por la vía reglamentaria.
Y este último sector, dispuesto a ir más allá de las luces, parece además tener más impacto, pues son quienes por dentro logran disciplinar a los que se apartan de la línea dura. Es lo que ocurrió con Paulina Vodanovic, presidenta del Partido Socialista, rechazada, excluida y humillada por su propia militancia cuando intentó posicionar al PS como un actor crítico dispuesto a dialogar.
Lo mismo ocurrió con los senadores Ricardo Celis, Loreto Carvajal y Pedro Araya, que negociaron con el ministro Quiroz la rebaja de la invariabilidad tributaria y terminaron con su propia mesa directiva desconociendo el acuerdo que ellos mismos habían alcanzado.
Y probablemente ocurrirá lo mismo con Piergentili, aunque a menor escala por no ocupar un rol legislativo.
Lo irónico de esto último es que la forma de disciplina interna tampoco parece dar resultados, algo que se pudo haber observado mirando lo que ha ocurrido en el pasado. Cuando se ha tratado de disciplinar a los díscolos de centroizquierda, se han terminado consolidando como figuras claves, alineados en la vereda contraria. Es el caso de Ximena Rincón y Matías Walker, que salieron de la Democracia Cristiana por apoyar el Rechazo en 2022 y que hoy no solo están en el gabinete, en el caso de Rincón, sino además aportando votos para pasar reformas en el Senado, en el caso de Walker.
En fin, Piergentili tiene razón. Lo que gobierna Chile es una administración de derecha con episodios de folclor parlamentario en sus márgenes, y no otra cosa. Se puede estar en contra de su programa, rechazar cada proyecto que ingrese y trabajar para desalojarla en 2029, pero usar tácticas legislativas que no respetan el espíritu democrático del Congreso, o acusar al gobierno de ser ilegítimo, es pasar el límite. El gobierno de Kast no es el peligro que se le acusa. Quizás habría que mirar a quienes acusan para encontrar el extremismo real.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Ex-Ante el sábado 1 de agosto de 2026.
