Gobierno y Política
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¿ARDE PARÍS?

Por Cristián Labbé Galilea
Corrían los años sesenta y quienes estudiábamos francés en nuestros colegios recordamos un pequeño libro titulado Allô Santiago, ici Paris. A través de sus páginas conocimos una Francia que, sin haberla visitado, aprendimos a admirar. Era la Francia de la cultura, de la historia y de aquellos grandes ideales de libertad, igualdad y fraternidad.
Han pasado más de sesenta años y, contemplando este fin de semana las imágenes de París, con sus calles convertidas en escenarios de violencia, saqueos, incendios y enfrentamientos, recordé aquel viejo texto. Pero también vino a mi memoria otro dramático episodio de la historia francesa.
Corría agosto de 1944. Las tropas aliadas avanzaban sobre París y Adolf Hitler, decidido a no entregar intacta la capital francesa, ordenó su destrucción. La responsabilidad recayó sobre el general alemán Dietrich von Choltitz, comandante militar de la ciudad. Según el célebre relato histórico, Hitler preguntó desesperadamente: «¿Arde París?». La respuesta fue negativa. París no ardió… Von Choltitz no ejecutó la destrucción ordenada.
Ochenta y dos años después, aquella pregunta vuelve a resonar con inquietante actualidad. ¡Qué paradoja! Lo que Hitler no consiguió destruir en 1944, hoy hay grupos violentistas empeñados en lograrlo. No son ejércitos extranjeros los que levantaron barricadas, saquearon comercios o agredieron a la policía. Fueron grupos que pretendieron imponer sus objetivos mediante la violencia y la destrucción.
Por cierto, incendiar, saquear y destruir no constituye una expresión democrática de libertad, sino su más brutal negación. Nada justifica convertir las ciudades en campos de batalla. Francia, cuna de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, debería saberlo mejor que nadie. La libertad sin responsabilidad termina convertida en arbitrariedad; la igualdad sin respeto por la ley, en una consigna vacía; y la fraternidad sin convivencia pacífica, en una amarga ironía.
Los chilenos conocemos demasiado bien esta experiencia. Hace exactamente siete años vimos nuestras ciudades incendiadas, estaciones del Metro destruidas, comercios saqueados y monumentos vandalizados. Por eso, esta pluma se toma la licencia de invertir el título de aquel entrañable libro de nuestros años de colegio y enviar un mensaje desde esta lejana tierra:
«ALLÔ PARIS, ICI SANTIAGO» …Desde Santiago les decimos a nuestros amigos franceses que conocemos el dolor de ver nuestras ciudades convertidas en escenarios de vandalismo y que esperamos, tanto allá como acá, que prevalezcan los valores de la libertad, el respeto por la ley, el orden y la convivencia civilizada.
Por último, esta pluma considera un deber señalar que esta advertencia también nos compromete a nosotros. Autoridades, dirigentes políticos y sociedad civil tenemos una responsabilidad que no podemos eludir: defender los principios de la sociedad libre, rechazar sin ambigüedades la violencia, fortalecer la autoridad legítima y comprender que la libertad exige derechos, pero también deberes.
Porque la sociedad libre no se sostiene solamente proclamando sus principios. Hay que defenderlos con convicción, responsabilidad y firmeza… ¡Que París no arda! ¡Que Santiago no vuelva a arder!… para que ello ocurra, recordemos siempre que la libertad necesita ciudadanos dispuestos a defenderla.
Así debe sancionarse a los subversivos:
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La ineficiencia del gobierno de Boric:
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