LA TRAMPA DEL VOLUNTARISMO



LA TRAMPA DEL VOLUNTARISMO

El voluntarismo es aquella dolencia que le esconde al ser humano la frontera entre lo que desea y lo que le es posible lograr.  Aunque ocultamos su gravedad bajo nombres más domésticos y menos alarmantes, como el de terquedad o empecinamiento, la verdad es que el voluntarismo, al eludir el peso de la realidad, es el causante de gran parte de las situaciones extremas a que a veces nos vemos enfrentados.  Es un mal especialmente frecuente entre los mandatarios, tal vez porque la pompa y circunstancias en que normalmente viven y la cantidad de aduladores que los rodean, con facilidad les crean una burbuja que les oculta la realidad y los induce a confundir las advertencias bien intencionadas con la deslealtad y el antagonismo.

 

Este preámbulo lo hace necesaria la preocupación que provoca el riesgo de que el Presidente Piñera este siendo afectado por un voluntarismo que le impide corregir un camino que, de prolongarlo, ciertamente que lo conducirá a un fracaso.  Desde que asumió su alto cargo hizo del postulado de los consensos el eje esencial de su gobierno.  Sin duda que el consenso y el respeto a sus mandatos populares son lo que Chile quiere y necesita, pero para ello es necesario una oposición que desee lo mismo, mucho más si controla el poder legislativo.  Y, ciertamente, el Presidente Piñera no enfrenta una oposición de esas características.

 

Su política de acuerdos trasversales podría haber llegado a funcionar si la oposición cerrada a su gobierno hubiera sido solo fruto del resentimiento provocado en ella por su triunfo electoral.  Si así hubiera sido, el tiempo habría limado asperezas porque éstas habrían sido fruto nada más que del escozor de los “picados”, el que siempre es pasajero.   Pero cuando la mayor parte de esa oposición está formada por quienes se convencieron de que su derrota electoral solo ocurrió por causas circunstanciales, persiste en ella la idea de que representan a la mayoría de la nación, y no se puede esperar otra cosa que un obstruccionismo cerrado y persistente que, en el fondo, ve al nuevo gobierno como un temporal usurpador.  Esa forma de pensar conduce al cuestionamiento del mandato nacional que recibió el Presidente Piñera y, en consecuencia, legitimisa su desprecio.

 

Pero todavía hay otro factor, más poderoso aun, que define el perfil obstruccionista de la oposición.  Su fraccionamiento es tal y tan hondo que no tiene más factor de cohesión que la oposición destructiva, la que se convierte así en una cuestión de identidad.  Y a todo eso se suma el recóndito desprecio por la democracia liberal que anida en el alma de buena parte de esa oposición y que asoma claramente en algunos importantes parlamentarios.  Un ejemplo notable de ello, entre varios que se podrían esgrimir, es el del Senador Montes.  Si él entendiera y respetara el sistema de nuestra democracia, comprendería que la función de Presidente del Senado es incompatible con la de líder de la oposición parlamentaria que se empeña en asumir.  Para que el sistema funcione eficientemente es necesario que quienes presiden el parlamento cumplan una función ordenadora y arbitral completamente incompatible con la de guerrillero político.  Tanto es así, que en algunos regímenes democráticos, como el de Estados Unidos, no tiene derecho a voto el que preside el parlamento y en todos ellos existen cargos que requieren neutralidad política sin perjuicio de la militancia partidista.  El Sr. Montes es consecuente con sus convicciones de que el Sr. Piñera no representa al pueblo chileno, porque en ese pueblo no están comprendidos los que apoyaron su candidatura con su voto.  En palabras simples, el Senador Montes es un buen socialista pero es un mal Presidente del Senado.

 

De esa manera, es importantísimo que el Presidente Piñera asuma con realismo la naturaleza de la oposición que enfrenta y que hace inviable condicionar el cumplimiento de su programa a la obtención de acuerdos trasversales que no llegarán.  Ello, ciertamente, lo obligará a enfrentar el delicado problema del buscar su cumplimiento aun en esas condiciones.  Sin embargo, el régimen acusadamente presidencialista que existe en nuestro país le entrega al ejecutivo amplias perspectivas de acción, siempre que se atenga a ciertos evidentes criterios.

 

En primer lugar, al uso decidido de los poderes administrativos y reglamentarios de que está investido, incluso a aquel de los estados de emergencia en situaciones extremas.  En segundo lugar, es necesario evitar el envío a la discusión parlamentaria de legislaciones trascendentales sin haber asegurado previamente los compromisos mínimos de aprobación.  Ello porque, de no hacerse así, se corre el riesgo de que lo que finalmente emerja sea una verdadera “ensalada rusa” que cause mas daño que beneficios, como de hecho ocurrió en gobiernos anteriores que incluso gozaban de mayorías teóricas en el parlamento.  En tercer lugar, es imprescindible que el actual Presidente explicite al país las condiciones en que recibió su cargo, especialmente en materia económica, de modo que la ciudadanía lo apoye decididamente en los sacrificios necesarios para enfrentar el quebranto en que recibió la administración de la nación.

 

Basándose en esos pilares, no hay razón para que el Presidente Piñera demuestre el acierto que fue su triunfo electoral.  Ciertamente que eso es mucho mejor que ocupar el cargo para un ejercicio de voluntarismo.

 

Orlando Sáenz

 

Nota: con posterioridad a la redacción de esta reflexión, ha asomado con cierta solidez la existencia de un grupo de parlamentarios opositores que no parecen dispuestos a integrarse al bloque de oposición cerrada.  Es demasiado pronto para confirmar que eso podría abrir un mayor espacio a la política presidencial de acuerdos transversales, sobre todo cuando se trate de materias de gran trascendencia.  Sin embargo, sería injusto no considerar la posibilidad de que ese grupo se articule y gane personalidad, lo que redundaría en un cambio significativo en las intenciones presidenciales.  Es una alentadora señal la forma en que el poder ejecutivo acogió la aparición de ese grupo, puesto que designó un equipo del mejor nivel para trabajar la perspectiva que eso abrió.

 

OSR