Las izquierdistas platas de OAS
Las izquierdistas platas de OAS
Álvaro Pezoa / Ingeniero Comercial y Doctor en Filosofía
Nuevamente OAS y sus dineros
espurios generan ruido en Chile.
Quince meses atrás este mismo medio publicaba un extenso reportaje de
investigación periodística que afirmaba: “No solo fue la donación del avión a
ME-O en 2013 ni las sospechas del pago de deudas de campaña de Bachelet un año
después: al menos desde 2009 la constructora brasileña (OAS) vinculada al caso
Lava Jato mantiene contactos y colabora con dirigentes de la ex Concertación y
de la ex Nueva Mayoría”. En síntesis, el reportaje se refería a la trama de las
denominadas “platas políticas” de OAS en Chile, manifestando que fruto de una
intrincada armazón jurídico-financiera las campañas de Frei (2009) y Bachelet
(2013) se habrían visto beneficiadas por aportes económicos efectuados por esta
compañía extranjera, realidad expresamente prohibida por la ley. Se trata, en
fin, de la misma empresa a la que se imputa en Brasil haber regalado al
expresidente Lula da Silva un amplio departamento en un lujoso condominio
frente a la playa, a cambio de favores comerciales.
Ahora Léo Pinheiro, expresidente de OAS, es quien nombra directamente a la
exmandataria. Según reveló Folha de Sao Paulo el lunes, el empresario brasileño
habría admitido en su delación compensada que entregaron 101,6 millones de
pesos para la campaña presidencial de Bachelet en 2013. En Chile, consignó
Folha, la compañía “intentaba establecerse en 2013, cuando ya había conseguido
integrar un consorcio para la construcción de un puente en el sur del país.
Según Pinheiro, OAS temía perder el contrato con el cambio de gobierno al año
siguiente, y la situación fue explicada a Lula con ocasión de un viaje para una
conferencia.
También de acuerdo al relato, Lula dijo que conversó con el expresidente
chileno Ricardo Lagos, quien habría garantizado que la constructora brasileña
continuaría en la obra”.
En Chile, como en otros países, la colaboración al financiamiento de campañas
presidenciales de la centroizquierda por parte de OAS habría buscado generar
conocimiento y simpatías en estamentos político-gubernamentales con el fin de
facilitar la concreción de atractivos negocios.
Es de esperar que haya iniciativas concretas en orden a esclarecer estas
aseveraciones que, así expuestas, revisten indudable gravedad. De ser
confirmadas (ojalá no), quedaría al descubierto la extensión y profundidad de
la corrupción existente en la confabulación entre el poder y el dinero.
Podría ser puesto en evidencia aquello que es secreto a voces, esto es, que las
pésimas prácticas en la materia tocan a todos los colores políticos.
Y que las izquierdistas platas de OAS parecen haber favorecido a personas que
han llegado a gozar de alta popularidad entre una ciudadanía que obviamente
desconocía estos “arreglines” ocultos.
Las personas están cansadas de la baja calidad de la política y sus
corruptelas, circunstancia que explica en buena medida la desafección que
exhiben hacia ella. Para revertir este fenómeno es requisito imprescindible
-aunque no único- contar con políticos éticos. Chile los necesita.