Nuestras fuerzas armadas aún pueden ayudarnos.



Nuestras fuerzas armadas aún pueden ayudarnos.

El encarcelamiento de militares no persigue “justicia” porque no hay casos (ninguno) en los que ésta se haya aplicado sin groseras distorsiones ¿Qué se busca, entonces? Se ha dicho que se busca venganza porque tanto los impulsores de los procesos como los que los administran son, casi sin excepciones, enemigos políticos de los procesados. No es equivocado ver una componente de venganza (ni tampoco la de hacer mucho dinero en la pasada), pero el principal objetivo de esta persecución es impedir el examen de los crímenes de la dictadura de Allende.

Para defender (a gran costo) la estrafalaria idea de que Allende fue un demócrata con un programa antiimperialista que chocó con la CIA, se ha ido cargando encarnizadamente la agenda con casos de “procesos por derechos humanos” obligando a reacciones enmarcadas en el distorsionado contexto post 11 de septiembre, lo que bloquea todo intento de analizar el arrasamiento de todo derecho a cientos de miles de chilenos cometidos por la facción castrista que la DC instaló en el poder.

Si se frena el programa de persecución militar por “derechos humanos” (hoy convertido en una productiva industria de exacción de fondos públicos), se descomprime la agenda y se relaja la mirada sobre la historia reciente de Chile, amenazando seriamente la supervivencia del “relato” que hoy abraza la mayoría de la clase política, incluido el piñerismo.

Nuestras instituciones armadas abortaron por la fuerza el proyecto de cubanización de Chile en 1973 (mismo proceso que en versión castro-chavista y en distintos grados arruina la vida de nicaragüenses, venezolanos, bolivianos, ecuatorianos y argentinos). Luego de eso se abrieron al aporte de los Chicago Boys para reconstruirlo desde las cenizas (lean gratis libro de James Whelan) y entregarlo a una nueva institucionalidad política diseñada por lo mejor de nuestra academia (y arruinada progresivamente por la detestada clase política).

Creo firmemente que la gestión demoledora de la UP/DC (llamo así —y no “Nueva Mayoría”— a la coalición que agrupa exactamente a los mismos antiguos UP que hoy se hermanan con la corrupta DC para profitar del poder) no ha chocado con la resistencia de derechistas sino más bien con las impresionantemente firmes fundaciones del modelo trabajosamente construido entre 1973 y 1989. Es decir, la retroexcavadora se ha topado con el pueblo de Chile que ha retirado todo apoyo a los intentos de mutilar la libertad de educación, de echar mano de los fondos para jubilación, a la sobredotación del ya costoso aparato estatal y a muchas otras iniciativas que intuitivamente nuestro pueblo y nuestros emprendedores identifican como incompatibles con el modelo que nos sacó de la miseria y nos puso a la cabeza del continente.

Impresionante la tarea de nuestros militares que aún espera el reconocimiento oficial y organizado del pueblo. Pero las fundaciones del modelo no resistirán indefinidamente tanto ataque franco (como el actual de la UP/DC), solapado (como el de la antigua Concertación) o de torpe lenidad por codicia del poder (como bajo Piñera).

Y, así es la historia, nuestros militares todavía pueden hacer algo significativo por alejar a los atacantes de nuestro modelo ya internalizado por cada chileno. En las presidenciales que vienen no hay ningún candidato que claramente se perfile como un líder dispuesto a dar esa batalla, excepto José Antonio Kast.

Todos los demás “derechistas” reverencian el “relato”, ceden en cuestiones fundamentales para la defensa de la libertad y el consiguiente potenciamiento de cada chileno para labrarse su vida según sus propios intereses y talentos. Tanto Piñera como Ossandón y Felipe Kast desprecian el legado del gobierno militar al que llaman “dictadura” según la obligada terminología impuesta por el castrismo y esconden cobardemente la cabeza frente al innoble espectáculo de la persecución a los militares.

José Antonio Kast ha visitado a los militares en prisión. Ha requerido a Gendarmería para una más justa administración de los beneficios que se les niega y ha declarado que desde la Presidencia terminará con esta orgía y sacará de prisión a todo los que pueda indultar. Siendo así, es hasta lógico que la clase política aísle a José Antonio Kast que se ha visto obligado a alejarse del que fue su partido político y a buscar apoyo entre los chilenos de recta conciencia. Y aquí es donde entran nuestros militares y sus familias.

Sin miedo ni vacilaciones, que no van con la integridad y rectitud moral de nuestras fuerzas, deben sumar sus firmas en todas las notarías de Chile para darle el respaldo que necesita a José Antonio Kast. Una vez en el poder se iniciará el camino en reversa seguido desde 1990, es decir, se avanzará en el desarrollo de nuestro modelo ahí donde lo dejó el gobierno militar. Ya lanzado al desarrollo, Chile no volverá a ser pasto de las bestias que no pueden vivir sin extraer el fluido vital de nuestra gente. Y se habrá completado la fase final de la gigantesca tarea que impulsó a Chile a donde nunca antes había estado.

Libertad o Socialismo

http://cardenaldo.blogspot.cl/2017/02/nuestras-fuerzas-armadas-aun-pueden.html?m=1