Política y gobierno:



Política y gobierno:

Un senador que dice las cosas por su nombre

“El Rector de la Universidad Austral falto a su deber.”

Vea:

@cristianvialm

El Rector de la Universidad Austral falto a su deber de garantizar el orden y proteger a una autoridad de la República invitada por él. El ataque sufrido por la Ministra Ximena Lincolao evidencia cómo ​la violencia ideológica ha degradado el preciado debate académico. Por eso, exigir responsabilidades a los directivos es proteger el aprendizaje desideologizado y sensato, y el estado de derecho.🇨🇱 Chile UACh EstadoDeDerecho Democracia

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*El Reino del Absurdo*


Por Cristian Labbé Galilea

En la vida hay muchas cosas que cuesta entender. La política, probablemente, encabeza esa lista. No porque sea intrínsecamente compleja —que lo es—, sino porque con frecuencia desafía el sentido común. Si asumimos que “la política es el arte de lo posible”, a veces da la impresión de que se ha convertido más bien en el arte de justificar lo injustificable.

Es lógico que ciertas decisiones no nos gusten, aunque puedan comprenderse por razones de contingencia, oportunidad o criterio. Sin embargo, hay situaciones que sobrepasan lo difícil de entender, y son derechamente “descabelladas”. Es entonces cuando cualquiera se pregunta: ¿en qué momento la política dejó de exigir coherencia?

Eso fue lo que pensó la mayoría de mis parroquianos al conocerse la elección por unanimidad de Fabiola Campillai como presidenta de la comisión de Derechos Humanos del Senado, con apoyo transversal (UDI y Demócratas incluidos). El hecho instala una interrogante de fondo: ¿qué criterios están primando hoy en la asignación de responsabilidades tan sensibles?

La Campillai, de reconocida trayectoria en el activismo y la promoción de la violencia no solo durante el octubrismo sino desde siempre, la misma que llamó a “Quemarlo Todo”, que promovió la destrucción de Santiago, que incitó a quemar el Metro y a saquear locales, ahora es, ni más ni menos, que la cabeza visible de los DD.HH en el Senado… ¡Por Dios, quien entiende esto!

Lo preocupante de esto no es sólo que ocurran estas situaciones, absurdas e increíbles, sino que terminemos acostumbrándonos a ellas. Porque, como reza el dicho, “lo que se repite, se normaliza”. Y cuando lo descabellado pasa a ser cotidiano, el problema deja de ser de unos pocos y pasa a ser de todos.

Con todo respeto (como dice un humorista) … la señora Campillai debería estar al menos procesada por incitar a la violencia, agredir a Carabineros y promover la caída del gobierno de la época… Ella no andaba “vendiendo calugas”, ni estaba paseando cuando sufrió su accidente. Digámoslo fuerte y claro, ella no es, ni nunca ha sido, una “santa paloma”, ella fue parte activa de la turba octubrista.

La política no debería alejarnos del sentido común, debería acercarnos a él. Cuando lo absurdo deja de sorprendernos, es señal de que algo más profundo se ha incubado en la vida pública.

Y si de sentido común hablamos, cabe preguntarse ¿porque aún no se ha disuelto el INDH?, que cuenta con un millonario presupuesto, y con presencia en todo el país, se ha transformado en la “madriguera” de la izquierda más radical. Además de estar totalmente “ideologizado”, ha pasado a ser un “organismo político partidista” destinado a “hostigar y perseguir” a Carabineros y a miembros de las FFAA.

Concluye esta desconcertada pluma que, entre la Campillay y el intocable INDH, es decir entre decisiones impresentables y otras absurdas, corremos el riesgo de instalarnos en ese siniestro lugar donde el sentido común desaparece… y ese lugar tiene un sólo nombre: ¡el reino del absurdo!

 

 

Asi nos dejó el gobierno anterior:

 

 

Realismo político: entre la autocrítica y la responsabilidad pública