Un líder guerrillero de la izquierda radical salvadoreña enjuicia el derrumbe del comunismo en América Latina
Un líder guerrillero de la izquierda radical salvadoreña enjuicia el derrumbe del comunismo en América Latina
http://americanuestra.com/joaquin-villalobos-el-domino-ven…/
El chavismo asesinó a la gallina de los huevos
de oro, los subsidios al izquierdismo se acabaron y lo que estamos viendo ahora
son los efectos. El dinero que sostenía al Gobierno de Nicaragua se terminó y
por eso estalló el conflicto actual
La tragedia venezolana no tiene precedentes en
Latinoamérica. Algunos consideran que Venezuela puede convertirse en otra Cuba,
pero lo más probable es que Cuba acabe pronto convertida en otra Venezuela.
Estamos frente a la repetición del efecto dominó que derrumbó a los regímenes
del campo socialista en Europa Oriental, cuando hizo implosión la economía
soviética. Las relaciones económicas entre estos Gobiernos funcionaban bajo lo
que se conocía como Consejo Económico de Ayuda Mutua (CAME). Fidel Castro copió
el CAME y se inventó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA)
para salvar su régimen con el petróleo venezolano. La implosión económica de
Venezuela ha desatado un efecto dominó que pone en jaque a los regímenes de
Nicaragua y Cuba y a toda la extrema izquierda continental.
Las economías de los ocho regímenes de Europa
del Este y Cuba sobrevivían por el subsidio petrolero y económico soviético.
Cuando este terminó, los países comunistas europeos colapsaron a pesar de
contar con poderosas fuerzas armadas, policías y servicios de inteligencia.
Cuba perdió el 85% de su intercambio comercial, su PIB cayó un 36%, la
producción agrícola se redujo a la mitad y los cubanos debieron sobrevivir con la
mitad del petróleo que consumían. Castro decidió “resistir” con lo que llamó
“periodo especial” para evitar que la hambruna terminara en estallido social.
En esas circunstancias apareció el subsidio petrolero venezolano que salvó al
socialismo cubano del colapso. El dinero venezolano, a través de ALBA,
construyó una extensa defensa geopolítica, financió a Unasur, a los países del
Caribe y a Gobiernos y grupos de izquierda en Nicaragua, Ecuador, El Salvador,
Honduras, Chile, Argentina, Bolivia y España.
Pero, como era previsible, la economía
venezolana terminó en un desastre, resultado de haber expropiado más de 700
empresas y cerrado otras 500.000 por efecto de los controles que impuso al
mercado. El chavismo destruyó la planta productiva y perdió a la clase
empresarial, gerencial y tecnocrática del país. Este desastre terminó
alcanzando al petróleo, con la paradoja de que ahora que los precios subieron,
la producción se ha derrumbado porque Pdvsa quebró al quedarse sin gerentes y
técnicos. El chavismo asesinó a la gallina de los huevos de oro, los subsidios
al izquierdismo se acabaron y lo que estamos viendo ahora son los efectos. Más
de 3.000 millones de dólares venezolanos parieron la autocracia nicaragüense,
pero, cuando el subsidio terminó, el Gobierno intentó un ajuste estructural y
estalló el actual conflicto. En mayo de este año Venezuela ¡compró petróleo
extranjero! para seguir sosteniendo al régimen cubano.
La economía global está totalmente regida por
relaciones capitalistas. La idea de que Rusia y China pueden ser la salvación
es un sueño. Rusia es un país pobre con una economía del tamaño de la de
España, pero con tres veces más población, y China es un país rico, pero, como
todo rico, mide riesgos, invierte para sacar ganancias y si presta cobra con
intereses. En la economía mundial, ahora nadie regala nada; Hugo Chávez fue el
último Santa Claus y eso se acabó. No hay quien subsidie ni a Venezuela, ni a
Cuba ni a Nicaragua. Quizás encuentren apoyos diplomáticos, pero lo que
necesitan para no derrumbarse es dinero regalado no diplomacia compasiva.
La consigna para la economía cubana no es
socialismo o muerte, sino capitalismo o muerte
Nada va a cambiar a favor, la única esperanza
sería que se recuperara la economía venezolana y eso es imposible. El
despilfarro y la corrupción hicieron quebrar a Pdvsa, ALBA y Unasur. Hay miles
de millones de dólares perdidos y robados. Venezuela está en bancarrota y vive
en un caos. Maduro se ha enfrentado a más de 5.000 protestas en lo que va de
2018, los venezolanos sufren hiperinflación, una criminalidad feroz, escases de
comida, medicinas, gasolina y dinero circulante; los servicios de transporte,
energía y agua están colapsados. En medio de un severo aislamiento
internacional la cohesión del bloque de poder se acabó, Maduro está reprimiendo
al propio chavismo, a los funcionarios de Pdvsa y a los militares, los tres
pilares fundamentales de su poder. Este conflicto está dejando despidos,
capturas, torturas, muertos y hasta un confuso atentado contra Maduro.
La brutal represión en Nicaragua acabó la
confianza que había generado en el mercado y abrió un camino sin retorno que
está arrasando con la débil economía del país. El Gobierno ha regresado a las
expropiaciones poniendo terror al mercado y se estima que 215.000 empleos se
han perdido; ya no habrá crecimiento, sino más pobreza, más crisis social, más
emigración, más descontento, y un irreversible y creciente rechazo al régimen.
En Cuba apenas empiezan a hablar de propiedad privada con cambios lentos y
torpes hacia una economía de mercado. El régimen teme que el surgimiento de una
clase empresarial rompa el balance de poder y tiene razón. En la Unión
Soviética las primeras reformas obligaron a más reformas que terminaron
derrumbando el sistema. La lección fue que no se podía reformar lo que es
irreformable. Paradójicamente ahora la consigna para la economía cubana no es
socialismo o muerte, sino capitalismo o muerte, los jóvenes cubanos no
resistirán otra hambruna. Sin el subsidio venezolano, la crisis cubana está a
las puertas y la débil autocracia nicaragüense flotará sin recuperarse hasta
quedarse sin reservas para pagar la represión.
El mayor beneficio del fin de las dictaduras de
izquierda será para la izquierda democrática
La defensa estratégica de Cuba ha sido alentar
conflictos en su periferia para evitar presión directa sobre su régimen. Por
eso apoyó siempre revueltas en todo el continente. Los conflictos en Venezuela
y Nicaragua son ahora la defensa de Cuba, ha puesto a otros a matar y destruir
mientras su régimen intenta reformarse. La salvaje represión que sufren y la
compleja lucha que libran los opositores venezolanos y nicaragüenses no es
casual. No se enfrentan a un Gobierno, sino a tres, y con ellos a toda la
extrema izquierda. El destino de la dictadura cubana y de toda la mitología
revolucionaria izquierdista está en juego. Los opositores sufren dificultades
en el presente, pero los Gobiernos a los que enfrentan no tienen futuro. Son
regímenes históricamente agotados, luchando por sobrevivir, pueden matar,
apresar, torturar y ser en extremo cínicos, pero eso no resuelve los problemas
económicos, sociales y políticos que padecen ni los libera del aislamiento
internacional.
No hay una lucha entre izquierda y derecha, sino
entre democracia y dictadura, en la que el mayor beneficio del fin de las
dictaduras de izquierda será para la izquierda democrática que durante décadas
ha pagado los costos del miedo y sufrido el chantaje de ser llamados traidores
si se atrevían a cuestionar a Cuba. La izquierda democrática debe luchar con
los pies en la tierra y asumir sin pena y sin miedo la democracia, el mercado y
el deseo de superación individual que mueve a todos los seres humanos. No tiene
sentido luchar por ideales y terminar defendiendo a muerte privilegios personales.
No hay razones ni morales ni políticas, ni prácticas para defender algo que,
además de no funcionar, genera matanzas, hambrunas y dictaduras.
*Joaquin Villallobos fue guerrillero salvadoreño
y es consultor para la resolución de conflictos internacionales*