Control constitucional

Entregarse Hasta Que Duela

La centroderecha, representada por Chile Vamos, es tan entreguista que ahora  parece desesperada porque en el plebiscito de salida puede ganar el Rechazo.

Ayer vi en «El Mercurio» una carta de Juan Ignacio Piña, abogado centroderechista, declarándose preocupado porque no hay «un itinerario» para saber qué hacer si sucede algo tan terrible.

Inmediatamente mandé otra (no apareció hoy) diciendo: «Señor Director: La carta de Juan Ignacio Piña da una voz de alarma porque todavía no se traza el itinerario del camino a seguir en caso de que gane la opción Rechazo. Lo encuentro inexplicable: Chile ha vivido desde 1981 los mejores años de su historia, hasta el 18 de octubre de 2019, bajo la Constitución actual, que será la que continuará imperando si gana el Rechazo. El itinerario futuro es obvio. Lo que el país debe preparar es cómo vivir la total incertidumbre y el máximo trastorno nacional que significaría el triunfo de la opción Apruebo.»

Hoy se informa que los entreguistas de Chile Vamos se están reuniendo con los socialistas para analizar cómo, si gana el Rechazo, puede hacerse lo que ÉSTOS quieren. ¡Están buscando una fórmula para que el Apruebo salga ganancioso, después de haber perdido! Parece que quieren repetir plebiscitos hasta que en alguno gane, por fin, el Apruebo.

Con esta centroderecha ¿quién necesita una izquierda? ¿Y la derecha-derecha? No existe. Lo más parecido a ella era el Partido Republicano, pero hace poco su presidente, Rojo Edwards, también se entregó y propuso una «tercera vía» para el plebiscito de salida, porque también parece temer el triunfo del Rechazo.

El único columnista-no-entreguista en los medios es, paradójicamente, un ex comunista, Sergio Muñoz Riveros, que dice categórico en «El Mercurio»: «Y será mejor no alentar malentendidos con la afirmación de que la Constitución vigente quedó superada o ‘murió’ en el plebiscito de entrada. Es como decir que no tenemos Constitución. O que el Presidente y el Congreso recién elegidos son ilegítimos. El texto vigente no ha sido derogado en el terreno firme que pisamos. Tenemos que actuar de acuerdo a esa legalidad incluso para cambiarla».

A todo esto ¿es o ha sido tan terrible la Constitución actual, que seguirá rigiendo si triunfa el Rechazo? Veamos (cifras publicadas por Axel Kaiser): la inflación bajó de 31,2 % en 1980 a menos de 5 % en 2000; el ingreso per cápita se multiplicó por cuatro y llegó a ser el más alto de América Latina; la pobreza cayó de 45 % a 8% ; en 1980 el 27 % tenía TV y en 2014 el 97 %; refrigeradores: el 49 % pasó a 96 %; lavadoras: de 35 % a 93 %; autos: de 18 % a 48 %; la esperanza de vida subió de 69 a 79 años; el hacinamiento bajó del 56 % al 17 %; la clase media aumentó del 23,7 % al 64,3 % (2015), según el Banco Mundial; la pobreza extrema cayó del 34,5 % al 2,5 %; el acceso a la educación superior se multiplicó por 5 y el del quintil más bajo por ocho; entre 1996 a 2015 el ingreso del diez por ciento más rico aumentó 30% y el del 10 % más pobre en 145 %; el índice de desigualdad de Gini bajó de 52,1 en 1990 a 47,6 en 2015; la diferencia de ingreso entre el 10 % más rico y el 40 % más pobre se redujo de 14,8 a 10,8 veces y un estudio de la OCDE determinó que Chile era el país con mayor movilidad social (tránsito de pobre a rico) de ese grupo de naciones. Y bajo la Constitución de 1980 llegamos a ser el país con el Indice de Desarrollo Humano más alto de América Latina. Frente a todo eso los marxistas, socialistas y entreguistas de centroderecha parecen buscar la fórmula para que no siga sucediendo.

¿Alternativa? Una nueva UP, supongo. Boric admira a Allende, que nos puso a la zaga de América Latina, con la mayor inflación del mundo, harina para pocos días más (el mismo dixit) y al borde de una guerra civil que nos cueste 500 mil muertos (cálculo del general Prats) o hasta un millón (cálculo del comandante Pepe comunicado a Nena Ossa).

¿Seremos?

 HERMOGENES  PÉREZ DE ARCE

 

 

 

*Al Pan Pan… y no Medias Tintas*

Cristián Labbé Galilea

El respetable “Sacarle el cuerpo a la jeringa”, el clarificador “si bien es cierto, no es menos cierto”, o el útil “No soy ni de aquí, ni de allá” … son viejas prácticas nacionales, tan típicas como el “último gol gana” o el “cachipun” cuando llega la hora de definirse… costumbre que se exacerba cuando se trata de los “señores políticos”.

Sin ir muy lejos, en la actual coyuntura política, cuando se advierte que se está jugando “un partido” muy importante y que “el marcador” favorece al Rechazo, aparecen esos personajes fantasmagóricos que nunca faltan, proponiendo una “salomónica solución” a este impasse, una tercera opción, algo así como: “si vamos a ganar, que sea por poquito, que quede la sensación que nadie ha perdido”.

Si algunos pensaron que estaban ante la solución que mejor se aproximaba a la ficticia y quimérica práctica de “aquí ganan todos” o, mejor dicho, “nadie pierde”, se equivocaron: fueron muchas las voces y variados los argumentos denunciando que ese camino nunca estuvo previsto y que no podían cambiarse las reglas del juego cuando: “el partido estaba terminando”.

Ahora, cuando todo parece indicar que no habrá ni alargue, ni tercera vía, ni segunda papeleta y que las opciones son: “se gana o se pierde”, vuelven a aparecer, de forma algo más discreta, los “hechiceros de la política” proponiendo un nuevo contubernio: “un acuerdo” al otro día del plebiscito, en el que obviamente estará todo cocinado para volver a empezar… ¡Todo de nuevo!

¿Alguien con dos dedos de frente cree que el país “tiene pulmones” para soportar más tiempo de inestabilidad institucional? Absolutamente No. El desgobierno, la ausencia del Estado de Derecho, la violencia y la inseguridad que campea a lo largo y ancho del territorio nacional, así como la sarta de incoherencias, hasta aquí propuestas por la Convención Constituyente… no dan para más.

No es posible alargar “ad eternum” la agonía, la angustia y la desazón vividas este último tiempo. Si políticamente la situación resulta vergonzosa y peligrosa, hay que agregar la inestabilidad económica (léase: inflación, dólar, inversiones, exportaciones, etc.,) que ha golpeado severamente el bolsillo de todos, especialmente el de los más vulnerables, lo que resulta insostenible en el tiempo. Si el escenario se mantiene… esto podría terminar mal.

El país debe volver a la normalidad el 4 de Septiembre, ni un día después; ese día debe recuperarse el cauce institucional y republicano que se ha mantenido, con altos y bajos, por más de 200 años. No más experimentos, no más ambigüedad, no más “ya veremos” o “acuerdos furtivos” que promueven “arreglar la carga sobre la marcha”.

“Al pan pan y al vino vino”. El Rechazo debe ser contundente y claro; atrás debe quedar esta amarga experiencia. El partido se va ganando y no valen las trampas (del gobierno), “las medias tintas” (de los políticos) ni menos… cocinar a hurtadillas acuerdos que buscan “seguir jugando esta pichanga de barrio” donde el que mete el “último gol gana”.

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