De Matamala en Matapeor

El periodismo basado en la injuria (“expresión proferida en deshonra, descrédito o menosprecio de una persona”) o en la calumnia (“imputación de delito determinado pero falso a una persona”) siempre “ha vendido”  y se denomina “prensa amarilla”. Ningún gran hombre se ha librado de ella. En Chile un maestro en eso fue Darío Sainte-Marie, cuya víctima favorita era un gran estadista, Jorge Alessandri. Hoy día ejerce el papel de Sainte-Marie Daniel Matamala, dedicado a denigrar a otro gran estadista, de hecho el chileno hoy más famoso en el mundo, “larger than life”, dicen los norteamericanos y el historiador Gonzalo Vial, (“más grande que la existencia”), Augusto Pinochet.

Matamala ya escribió denigraciones contra Pinochet en noviembre de 2021 y en este blog lo denuncié (“16 Falsedades de Matamala”) el 14 de dicho mes. Que yo sepa, no fui refutado. Eran semejantes a las que acaba de escribir ahora. Entonces me referiré a su nuevo infundio titulado “Traidor, Asesino, Terrorista, Ladrón, Cobarde”.

(1) “Traidor”. No lo fue. Pinochet, informado por Allende el domingo 9 de septiembre de 1973 de que convocaría a plebiscito, le respondió que eso descomprimiría la situación. Esa misma tarde, junto a Leigh, recibió una nota del almirante Merino que decía: “El día D será el 11 y la hora H las 06.00”, y pedía el apoyo de ambos. Debían optar por enfrentar a la Armada (guerra civil) o sumarse a aquélla, por añadidura cumpliendo el llamado que el Acuerdo de la Cámara de Diputados les había hecho el 22 de agosto, a poner término al régimen de Allende. Este se había colocado fuera de la Constitución, había arruinado al país y preparaba un autogolpe, confesado a Regis Debray en agosto de 1973 y definido en el Plan Z, para ejecutarse el 19 de septiembre de 1973 durante el almuerzo tradicional del Ejército a las demás ramas.

Obviamente, Pinochet optó por adherir al llamado de Merino, en lugar de optar por un régimen totalitario y una guerra civil que preparaba Allende. ¿Es justo calificar a esa decisión de “traición”? 

(2) “Asesino”, “Terrorista”. Hubo un solo juicio imputándole muertes a Pinochet, conocido como el “caso Caravana”. Llegó a la Corte Suprema y ésta, por fallo de 8 de agosto de 2000, determinó que no había tenido participación como autor ni como cómplice. Cualquiera puede leer ese fallo.

Otros casos que suelen imputársele son los atentados contra Carlos Prats, Bernardo Leighton y Orlando Letelier. En todos ellos está comprobada la autoría o participación de un norteamericano, Michael Vernon Townley. Pinochet nunca supo de su existencia hasta que él mismo, como Presidente, lo entregó a los EE. UU. a través del FBI, tras cerciorarse de que no tenía vinculación con Chile o su gobierno.

Según el hijo de Orlando Letelier, senador Juan Pablo Letelier, “no hay ninguna evidencia que fluya del proceso de miles de fojas que permita sostener que hay participación del Ejército ni de su comandante en jefe en el asesinato de Orlando Letelier ” (El Mercurio, 04.06.95, p. D2).

El 02.04.00 en El Mercurio se publicó la reunión en que los generales Manuel Contreras y Odlanier Mena se reunieron con la Junta para resolver la entrega a los EE. UU. de Townley y allí quedó constancia de que ni ella ni Pinochet sabían de la existencia de Townley. Bajo el título “Y lo negó tres veces”, el general Contreras les aseguró no tener ninguna relación con Townley. En razón de esas seguridades fue entregado a los EE. UU. Como Townley participó también en los atentados a Prats y a Leighton, el hecho de que nadie en la Junta ni el mismo Pinochet supieran de su existencia pone de manifiesto su no participación en ninguno de esos atentados.

(3) “Ladrón”. Me limito a reproducir un párrafo de mi blog de ayer, que certifica la honestidad de Pinochet en relación con sus sucesores: “Pinochet en 16,5 años sólo apareció sin explicar 544 mil dólares de dineros percibidos (Informe de Impuestos Internos en La Tercera del 08.10.05, p. 3), es decir, menos que todos los posteriores gobernantes de la Concertación, desde Aylwin a Lagos (que fue cuando los pillaron) pues éstos se llevaban esa suma en sobres clandestinos para la casa ¡cada dos meses! Es decir, Pinochet era casi cien veces más honrado (198 dividido por 2).” 

(4) “Cobarde”. Matamala lo injuria con esa palabra porque, injustamente, le achaca no haber respaldado a sus subordinados. Pero entre éstos no hubo uno solo condenado por los tribunales, mientras él fue comandante en jefe, por una razón muy sencilla: él les advirtió a los jueces prevaricadores que “si tocan a uno solo de mis hombres, se acaba el estado de derecho”. Y nadie condenó a ninguno, mientras él fue comandante en jefe. Al contrario, la Corte Suprema desechó las acciones con que se les pretendió condenar.

 

El 6 de agosto de 2005 El Mercurio editorializó respaldando el fallo de la Corte Suprema que reconoció la prescripción en favor de militares y desechó aplicar tratados internacionales en juicios de derechos humanos. La misma jurisprudencia se imponía hasta 2007. El 14 de noviembre de ese año El Mercurio aplaudía, dando los argumentos en virtud de los cuales los Convenios de Ginebra eran inaplicables a la situación chilena. El diario opinaba que ese fallo daba “expresión real a todas las garantías básicas de un régimen democrático”.

 

Pinochet defendió a su gente y tuvo éxito. Fue valiente en eso.

 

El más reciente artículo de Matamala contiene además graves errores económicos: 1. Dice que la pobreza en 1990 era del 70 %. Falso, era del 36 %, medida según los cánones aplicados en esa época. Al final del gobierno de Allende, bajo los mismos cánones, era de 80 %. Es decir, el régimen militar la redujo a menos de la mitad. Bajo Allende Chile era el segundo país más pobre de América Latina. Pinochet lo dejó a la cabeza en crecimiento en 1989. 2. Inflación: En 1973 fue de 606 %. Entre 1970 y 1980 fue de 199,6% promedio. Entre 1980 y 1889 fue de 20,7 % promedio. 3. Bajo Allende Chile era el país con mayor mortalidad de América Latina y en 1990 era el que tenía la menor, salvo Uruguay. 4. El economista José Luis Daza ha dado a conocer el único top one chileno mundial: fue el país que más redujo la pobreza entre 1985 y 2015. Con el retorno de regímenes socialistas al poder ese primer lugar mundial ya se perdió. 

 

Si el artículo de Matamala en 2021 tuvo 16 afirmaciones falsas, el de ahora no lo ha hecho mejor. Ni una mención al ejército terrorista denunciado por Aylwin y Frei, contabiliza como torturados a los casi 30 mil interrogados en relación con el terrorismo, a quienes la desvergonzada Comisión Valech dio pensiones vitalicias; no menciona que el gobierno de Pinochet dio diez años más de vida a la población chilena, que la mortalidad materna bajó de 1,57 por mil en 1972 a 0,41 por mil en 1988, la mortalidad infantil de 65,2 por mil en 1974 a 18,8 por mil en 1988, la desnutrición de lactantes de 1.596 en 1976 a 110 en 1988, la cobertura de agua potable urbana subió de 68,6 % de los hogares en 1973 a 98 % en 1988. Pero Matamala dice que “el costo social fue monstruoso”. 

 

Cuando veo tanto odio contra el estadista que nos legó una sociedad libre, siento que debo rendir un homenaje al carabinero Heriberto Novoa, asesinado por el MIR en 1980, mientras custodiaba la Llama de la Libertad.

 

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