FF.AA. y de Orden
FF.AA. y de Orden
¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas de Chile?
Los recursos asignados para las FF.AA. son pocos, no permiten un adecuado entrenamiento y preparación para poder asegurar lo principal, como tampoco las labores supuestamente excepcionales que se requieren de ellas.

por Richard Kouyoumdjian18 febrero, 2026
Se anticipan fuertes discusiones presupuestarias producto de la estrecha situación fiscal, razón por la cual en semanas recientes he dedicado un par de columnas a la preocupante situación financiera de la Defensa Nacional, incluyendo la responsabilidad presidencial en esta fundamental e indelegable materia de estado.
En esta oportunidad la idea es entender para qué sirven las Fuerzas Armadas de Chile, qué hacen, qué les podemos exigir, con qué recursos hacen sus tareas, y por qué las debemos cuidar y proteger de aquellos que no ven un valor en ellas, la más de las veces, por desconocimiento o tener otros intereses políticos.
Es importante que las nuevas autoridades que asumen recuerden que el artículo 101 de la Constitución de la República indica que las Fuerzas Armadas son dependientes del ministerio encargado de la Defensa Nacional, y están constituidas única y exclusivamente por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Existen para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional.
La Constitución chilena no entra en detallar qué es la patria o qué se entiende por esenciales para la seguridad nacional, o qué es la seguridad nacional como concepto. Tampoco lo hace la ley orgánica constitucional de las Fuerzas Armadas, pero este último cuerpo legal sí agrega en las disposiciones generales dos aspectos de sumo interés:
Indica que existen para la defensa de la patria, son esenciales para la seguridad nacional y garantizan el orden institucional de la República, y que, para la consecución de los fines anteriores, que son permanentes, y no circunstanciales, descansa en un adecuado nivel de alistamiento del personal y del material, y en el cumplimiento del juramento de servicio a la patria y defensa de sus valores fundamentales.
La ley orgánica del Ministerio de Defensa Nacional no agrega nada nuevo en lo que a propósitos se refiere, reafirmando y confirmando lo indicado en la Constitución y la ley orgánica constitucional de las Fuerzas Armadas. Con todo lo antes mencionado, podemos abordar las preguntas realizadas al comienzo.
Pregunta 1: ¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas? En corto, para la defensa de la patria, que no es otra cosa que el territorio y de quienes lo habitan, de sus mares por los que transita, su comercio y las riquezas que contiene, del espacio aéreo que usamos para transportar personas y bienes, y el espacial desde donde vigilamos y protegemos lo que ocurre en Chile, como también donde sea que estén ubicados los intereses nacionales, algo muy ligado al comercio exterior y supervivencia económica de los chilenos, algo que claramente puede estar muy alejado, pero crítico, muy crítico para nuestra realidad de país abierto al mundo, exportador e importador.
Lo de esenciales es evidente, son la parte principal de la defensa y, por ende, de la seguridad nacional, pero es normal que este concepto sea mal utilizado por el mundo político cuando interpretan el concepto de la seguridad nacional a su antojo, lo que ha llevado a que usen las Fuerzas Armadas como un antibiótico de amplio espectro que puede curar todos los males.
Pregunta 2: ¿Qué hacen? Se entrenan para ser letales y efectivas en la guerra. Si logran ser eficientes en lo anterior, podrán disuadir a potenciales enemigos de no atacar a Chile o buscar dañar sus intereses.
En Chile y en otras partes del mundo, producto de que no siempre se está en guerra o en riesgo, se busca usar sus capacidades polivalentes, las que vienen dadas por sus capacidades logísticas, organizacionales y operativas en labores no bélicas como son las emergencias climáticas, terremotos y tsunamis, atención de zonas extremas, y de apoyo a la política exterior del Estado. El tema es que estas labores importantes, pero no críticas confunden y distraen de lo principal, por lo que siempre se debe estar atento a que no se transformen en primarias junto con las supuestamente extraordinarias contribuciones que hacen a la seguridad pública bajo el régimen de los estados excepcionales constitucionales o los resguardos de infraestructura crítica, incluyendo fronteras que el mundo político les exige adicionalmente.
Pregunta 3: ¿Qué les podemos exigir? Básicamente les podemos y debemos exigir que estén en condiciones de cumplir con su mandato constitucional y lo que está en su ley orgánica constitucional. Su uso permanente en labores de seguridad pública, de fronteras o de anti-insurgencia, si bien es cierto que pueden ser consideradas como esenciales desde la perspectiva de seguridad nacional, no son algo para lo que están diseñadas, que no es otra cosa que lo principal, la defensa de Chile, su territorio y soberanía.
Pregunta 4: ¿Con qué recursos hacen sus tareas? Con los presupuestos que el Estado les asigna, tanto para su operación como inversiones en capacidades estratégicas, incluyendo chilenas y chilenos que se desempeñan en las tres instituciones, en el Estado Mayor Conjunto y en el mismo ministerio de Defensa Nacional.
El problema actual es que los recursos asignados son pocos, no permiten un adecuado entrenamiento y preparación para poder asegurar lo principal, como tampoco las labores supuestamente excepcionales que se requieren de ellas. Los fondos son pocos y soldados casi no existen. Como se indicó en columnas anteriores este es el problema principal, uno que no se atendió en los cuatro años anteriores y que sería negligente no atender en los cuatro años del gobierno del Presidente Kast y su ministro Barros.
Pregunta 5: ¿Por qué las debemos cuidar y proteger de aquellos que no ven un valor en ellas? Me remito a lo que indica la Constitución, existen para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional. Si ello no es razón suficiente, mejor cerramos el local y nos vamos para la casa.
Espero haber dejado para qué sirven las Fuerzas Armadas de Chile, unas que nos han dado cientos de años de paz, tranquilidad y prosperidad, y que un mundo revuelto, incierto y complejo, son algo que más vale cuidar y desarrollar, que descuidar. No queremos que a las Fuerzas Armadas de Chile les pase lo que les pasó a las de Argentina bajo los gobiernos de los Kirchner, o de Alberto Fernández.
Obviamente siempre será políticamente más correcto el gasto social que el gasto en defensa, algo que privilegian los políticos que buscan votos, algo que privilegian hasta que las amenazas ya son demasiado evidentes y no hay tiempo para construir o desarrollar capacidades estratégicas.
Para cerrar los dejo con tres cosas en qué pensar. Las Fuerzas Armadas de este país, Chile, son de las pocas sino las únicas que piensan estratégicamente, mirando el mediano y largo plazo. Su negocio de proteger y cuidar a Chile las obliga a focalizarse en lo importante y no en la contingencia política. No están preocupadas del corto plazo, están preocupadas por Chile, su patria, por la que juran dar su vida de ser necesario.
Las integran chilenos y chilenas de norte a sur, de la costa a la cordillera, de todos los orígenes sociales, económicos, culturales, y raciales. Son el único instrumento de cohesión nacional que existe, algo en que nada se les compara, ya que atraen a todos los hijos de la patria para su defensa y existencia.
Han sido claves en el desarrollo e innovación tecnológica, algo que viene de su necesidad de estar preparadas para la guerra y de la defensa de Chile. La Marina de Guerra, la Aviación militar y el Ejército han sido instituciones precursoras en traer y desarrollar nuevas tecnologías, en volverlas de uso civil y cotidiano.
Entre otras, a su amparo se desarrollaron Famae, Asmar y Enaer, empresas que trabajan en conjunto con la industria nacional, e impulsan la innovación tecnológica y la existencia de start-ups.
Sus escuelas siempre han estado en la vanguardia tecnológica y debemos cuidar en que eso se mantenga. Los ingenieros y técnicos que en ellas estudian son altamente valorados y de calidad militar mundial. Juegan en la primera división de los profesionales de la defensa, bajos estándares OTAN.
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Richard Kouyoumdjian
Experto en Defensa y Seguridad Nacional, vicepresidente ejecutivo de AthenaLab y concejal por Las Condes Más de Richard Kouyoumdjian
4 Comments
- Adolfo Paúl Latorre dice:
En las FF.AA. “se enseña a matar”
Con frecuencia, a quienes hemos hecho exposiciones relacionadas con la Defensa Nacional ante auditorios conformados por civiles, se nos formula la siguiente pregunta: ¿Por qué las cuantiosas sumas que se emplean en los gastos de defensa no se utilizan para tener mejores hospitales, más escuelas y más viviendas? La respuesta que hemos dado a esta inquietud es que el Estado debe contribuir a cubrir las necesidades sanitarias y culturales, así como a facilitar el acceso de los ciudadanos a una vivienda digna, especialmente a aquellos sectores más modestos de la población. Ello es obligación primordial de todos los gobiernos; pero en igual medida lo son la defensa, la policía y la justicia, es decir, atender a la seguridad de los gobernados. No son obligaciones excluyentes, sino complementarias. Lo que sí debe hacerse es mantener los gastos de la Defensa Nacional dentro de unos límites prudentes.
En otras oportunidades nos hemos encontrado con personas que afirman que en las Fuerzas Armadas se enseña a matar. A ellas les hemos respondido que en las Fuerzas Armadas se enseña a defender a la patria, lo que es diferente.
Nadie quiere la guerra, pero la historia de la humanidad nos dice que por desgracia ninguna nación está libre de verse envuelta en ella. La guerra es siempre posible. Las Fuerzas Armadas tienen conciencia de la posibilidad de una guerra en cualquier momento, lo que no quiere decir que la deseen. A su cargo está la defensa militar de la nación, y para hallarse a punto —física, técnica y moralmente— deben instruirse y educarse de día y de noche, durante todas las estaciones del año. Los ejercicios que realicen deben acercarse, dentro de lo posible, a las realidades que pueden tener que afrontar.
Lamentablemente la guerra es, por definición, un acto violento para imponer nuestra voluntad al enemigo. En el plano humano de la guerra luchan dos principios, el de la necesidad de la violencia para dañar al enemigo y el de los límites de esta violencia, para evitar daños inútiles.
Los gobernantes de un Estado deben saber, por experiencia propia o ajena, que los demás estados pueden hacer uso de la fuerza en cualquier momento. Si los jefes de Estado, con una actitud pacifista, no adoptan las disposiciones oportunas para garantizar la existencia de la nación —y la seguridad de su pueblo y la dignidad y libertad de sus gobernados— y no están preparados para repeler por la fuerza cualquier agresión de la que puedan ser objeto, corren un riesgo suicida y se condenan a pagar el alto precio de su imprevisión y debilidad.
La finalidad de los institutos armados no es hacer la guerra, como afirman esas mismas personas. La finalidad de los ejércitos es preparar a los hombres que los constituyen para defender con las armas, si llegara el caso, la independencia de la patria, su integridad territorial, la seguridad nacional y el orden institucional.
En las Fuerzas Armadas no se enseña a matar, por más que su razón de ser sea formar hombres aptos para el combate. La existencia de ellas significa que la nación tiene voluntad de conservar una identidad forjada en siglos de existencia. Los cuerpos armados constituyen el medio coactivo del Estado al servicio de la comunidad nacional frente a la amenaza exterior, y, en su caso, frente a la subversión interior.
Además su espíritu, su organización, sus complejos medios y la preparación de sus componentes, le permiten cooperar eficazmente con otros organismos en casos de emergencia o de catástrofe, o cuando circunstancias extraordinarias lo requieran.
Las Fuerzas Armadas contribuyen eficazmente al desarrollo nacional. Las instituciones armadas ejecutan muchas actividades en ámbitos tales como los científicos, técnicos, industriales, culturales y de apoyo a la comunidad. Sin embargo, su mayor contribución al desarrollo es la de permitir un clima de orden, paz y seguridad, en que las diversas actividades nacionales puedan ser realizadas con normalidad y tranquilidad.
Equipados “para ser asesinos”
El general Reinwald, de la Infantería de Marina de EE.UU., fue entrevistado en un programa de radio por una periodista muy «políticamente correcta».
El motivo de la entrevista era una iniciativa de Reinwald para facilitarle a un grupo de boy scouts la visita a las instalaciones militares a su cargo.
Dentro de ese contexto se produjo el siguiente diálogo:
—Periodista: Bien general Reinwald. ¿Qué cosas les enseñará a estos jóvenes muchachos cuando visiten su base?
—Reinwald: Bueno, les enseñaremos algo de escalada, canotaje, arquería y tiro al blanco
—Periodista: ¿Tiro al blanco? Eso es un poco irresponsable ¿no le parece?
—Reinwald: No veo por qué. Los chicos estarán apropiadamente supervisados en el polígono de tiro por verdaderos instructores profesionales y con todas las garantías.
—Periodista: Pero ¿no admite usted que es terriblemente peligroso enseñarle a tirar a los chicos?
—Reinwald: Sigo sin ver por qué. Antes de que alguien toque siquiera un rifle en mi Base, a cualquier persona primero le enseñamos todo lo que hay que saber acerca de la seguridad en el manejo de armas de fuego. Los niños no correrán ningún peligro.
—Periodista: ¡Pero usted los estará equipando para ser asesinos!
—Reinwald: Mire. Por lo que puedo ver, usted está perfectamente equipada para ser prostituta. Pero no lo es. ¿No es cierto?
La radio quedó en silencio por varios, largos segundos, y la entrevista quedó interrumpida.
Adolfo Paúl Latorre
Capitán de Navío
Oficial de Estado Mayor
Magíster en ciencia política
- Adolfo Paúl Latorredice:
Ecuación de la seguridad.
Si bien las Fuerzas Armadas contribuyen eficazmente al desarrollo nacional con algunas actividades concretas y específicas en ámbitos tales como los científicos, técnicos, industriales, culturales y de apoyo a la comunidad; debemos destacar el hecho de que su mayor contribución al desarrollo es la de permitir un clima de orden, paz y seguridad, en el que las diversas actividades nacionales puedan ser realizadas con normalidad y tranquilidad.
En las academias militares se enseña la denominada Ecuación de la Seguridad, cuya formulación es: DESARROLLO + DEFENSA = SEGURIDAD; con lo que se quiere señalar que, para una adecuada seguridad, debe haber un equilibrio entre ambos factores; si se privilegia uno de ellos en desmedro del otro, la seguridad se verá afectada.
Es posible que sea efectivo lo que tan gráficamente señalan diversas personas, en el sentido de que el gasto en dos fragatas podría haberse usado “para solucionar el déficit de alcantarillado de todo el país” y que el gasto en cuatro misiles Exocet pudo haber sido destinado a “construir cuatro liceos completos”; pero lo que sí es efectivo, con certeza absoluta, es que ni las fragatas ni los Exocet habrían estado disponibles para disuadir a Argentina de una agresión armada en 1978
Adolfo Paúl Latorre
- Sergio Robinson Prietodice:
A menudo circunscribimos el actuar e influencia de las Fuerzas Armadas solo a lo que sucede en el territorio y espacios aéreos, aeroespaciales y marítimos que rodean al país del que son parte, omitiendo que también a través de su existencia e involucramiento internacional, contribuyen a un mundo más seguro y lo hacen o debieran hacer en proporción a lo que toman o usan de los espacios comunes más allá de sus fronteras. Si los chilenos queremos comerciar con todo el mundo, influir y hacernos respetables globalmente, es indispensable que nuestras Fuerzas Armadas estén capacitadas y se les entregue los recursos que requieren para ello.
- Christian Slater Escanilladice:
Me una a esta carta y sus apoyos con mi comentario en The Times en Español.
https://thetimes.cl/contenido/10033/chile-urgente-fortalecimiento-de-instituciones