Justicia y DD.HH.
Justicia y DD.HH.
CARTA ABIERTA A LA EXJUEZA.
Señora Ángela Vivanco
Exministra del Poder Judicial.
Hoy ha sido formalizada y detenida en la causa conocida como Muñeca Bielorrusa. El hecho es jurídico; el impacto, social. Porque cuando una ex jueza de la Corte Suprema cruza la puerta de una audiencia como imputada, no lo hace sola: entra con ella una porción relevante de la credibilidad del sistema que alguna vez representó. Ese es el verdadero parteaguas de esta jornada. No su situación personal, sino el daño institucional que ya es irreversible.
Le escribo como ciudadano, no como comentarista de tribunales ni como moralista de ocasión. Le escribo desde el cansancio cívico de un país que ha visto cómo la solemnidad se degrada cuando el poder se administra como red y no como deber. Usted, desde la Tercera Sala, no era una firma más: era autoridad, precedente, pedagogía pública. Y hoy esa pedagogía enseña lo que no debía enseñarse: que la justicia puede ser permeable, negociable y, en el peor de los casos, transable.
Los hechos que hoy investiga el Ministerio Público, y que motivan su formalización, no son tecnicismos. Fallos que revirtieron decisiones y beneficiaron al Consorcio Belaz Movitec, con consecuencias millonarias para Codelco; coincidencias temporales con pagos en efectivo; intermediaciones; coberturas prolijas; y una red de nombres propios que ya nadie puede ignorar. Gonzalo Migueles, su pareja. Mario Vargas y Eduardo Lagos, abogados hoy en prisión preventiva por cohecho, soborno y lavado de activos. Conservadores de bienes raíces, viajes, flujos de dinero. Un ecosistema completo diseñado para que todo pareciera normal mientras la fe pública se erosionaba por dentro.
Usted ha preferido hablar de “show mediático”, de “maltrato”, de desequilibrio de armas. Es un recurso conocido: desplazar el foco desde el daño causado hacia la incomodidad personal. Pero hoy, con su formalización, ese libreto pierde eficacia. Porque el problema nunca fue el ruido, sino la sustancia. Nunca fue la crítica, sino su conducta. Y nunca fue su honra individual, sino la confianza colectiva que quedó comprometida.
El daño que usted ha causado no se mide solo en millones ni en eventuales condenas. Se mide en algo más frágil y más peligroso de perder: la paz social. Cuando la ciudadanía percibe que quienes juzgan juegan con reglas distintas, la obediencia a la ley se vuelve condicional. Cuando la justicia deja de ser creíble, la convivencia se vuelve precaria. Ese es el costo más alto de su caso: haber socavado la fe pública en una institución que vive exclusivamente de ella y para ella.
Mientras Migueles, Vargas, Lagos, entre otros, enfrentan la prisión preventiva como cualquier imputado, su tránsito hasta hoy estuvo marcado por blindajes, tiempos y resguardos propios de la élite judicial. La ironía es evidente: la igualdad ante la ley proclamada desde el estrado, suspendida cuando toca rozar a quienes la administraron. Esa asimetría explica buena parte de la indignación que hoy recorre al país.
No le escribe alguien sediento de escarnio. Le escribe un ciudadano que exige responsabilidad. Porque la toga no era un privilegio, era un mandato. Y usted lo utilizó, según hoy se investiga, como capital relacional. Su caso ya no es solo penal; es emblemático. Representa aquello que Chile dice querer erradicar y que, sin embargo, reaparece cuando el poder se siente impune.
Hoy, formalizada y detenida, ya no puede refugiarse en la retórica. Queda el daño. Queda la advertencia. Y queda la tarea para todos, de reconstruir una justicia y que vuelva a ser creíble. Su nombre, lamentablemente, quedará asociado no a esa reconstrucción, sino a la lección más amarga: cuando la fe pública se traiciona desde la cúspide, el país entero paga la cuenta.
Me despediría diciéndole atentamente, pero sería un saludo falso y que no me representa, porque usted no lo merece. Espero que esa misma justicia de la cual usted se sirvió, hoy actúe como siempre debió hacerlo.
@MisColumnas
Que confianza, que certeza jurídica, que igualdad ante la ley, que ecuanimidad y que ethos,se pueden esperar en lo ya juzgado y rematado ?
Como nadie fue capaz de proyectar el grave daño al derecho y la justicia causado por la forma en que se ha juzgado a los militares en causas de “dd.hh”
Se le torció, a la mala y a la fuerza la nariz a la justicia.
Hoy no todos los responsables están pagando la cuenta.
La Vivanco, que para nada es la única, es la elegida para expiar los pecados de toda la judicatura.
Corrupta y vendida al mejor postor, toda.
Diputado Sánchez,
Felicitaciones:
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