Boric: Una propuesta Indecente

Escribe Fernando Martínez Collins. Periodista

Nuestra prensa, que es mayoritariamente de izquierda, difunde como si fuera lo más normal, sin la menor reflexión, unas palabras del presidente electo donde éste “emplaza al Senado’’ –según tituló uno de esos medios- para que dentro de este mes, es decir, dentro de 18 días, apruebe lo que Boric pide como si fuera lo más inocente y lógico nada menos que una “amnistía’’ a todos los delincuentes y terroristas que
cometieron gravísimos delitos durante esos días negros para Chile que ellos de modo eufemístico llaman “estallido social’’.

La “amnistía’’ que es una figura legal diferente del indulto, que está reservado al Presidente de la República, es un resorte de uso muy excepcional y que está otorgado exclusivamente al Congreso, en
particular al Senado. Cuando en 1891 Chile enfrentó a una guerra civil entre hermanos que dividió a la familia chilena y dejó más de diez mil muertos y millares de presos, se optó por la amnistía, “olvido’’, para cerrar las yagas. El sucesor de don Manuel José Balmaceda, el Presidente Jorge Montt presentó al Congreso y éste aprobó tres leyes de indulto en 1892,1893 y 1894, normas que resultaron vitales para que el país saliera adelante.

En 1978 y con el fin de resolver el clima de guerra civil que los marxistas Provocaron en Chile entre 1970 y 1973 y, que luego de la deposición de Allende, significaron enfrentamientos armados entre subversivos marxistas y personal regular de las fuerzas armadas, la Junta de Gobierno, actuando como poder legislativo, dictó una Ley de Amnistía,
el Decreto Ley, el 2191, redactado por una mujer extraordinaria ya fallecida, Mónica Madariaga, ministro de Justicia, que perdonaba los excesos políticos de unos y otros ocurridos entre septiembre de 1973 y abril de 1978.

Sin embargo, esa amnistía fue trampeada por Patricio Aylwin y sus secuaces. La utilizaron para liberar, para perdonar los crímenes cometidos por miles de terroristas marxistas. Sin embargo, años después, cuando la justicia empezó a procesar por delitos políticos a uniformados, mediados y final del gobierno de Aylwin y luego en las administraciones Frei y Lagos, la izquierda colocó luz roja a la amnistía.

Es histórica – por lo indebida- la carta que el propio Aylwin envió entonces al presidente de la Corte Suprema y, por su intermedio, al Poder Judicial una carta misiva donde pauteaba a los jueces de otro
poder del Estado, cómo debían actuar, al señalar que primero había que investigar, procesar, aclarar los hechos y, luego, determinar qué se hacía.

Con esa modalidad, en la práctica la Amnistía de 1978 perdonó los excesos solo de la izquierda y fue letra muerta para los militares, quienes siguieron siendo procesados, condenados y encerrados. Nació Punta
Peuco, un monumento a la injusticia que es obra infame de Eduardo Frei Ruiz Tagle, que se extiende hasta hoy.

Y ahora, como si nada hubiera pasado, en 2022, sin siguiera haber asumido, el presidente electo, actuando tan impúdicamente como lo hizo
Patricio Aylwin quiere presionar a otro poder del Estado – el Senado- para que apruebe una “amnistía’’ y que lo haga dentro de ese mes para favorecer a todos los que destruyeron Chile.

Para ellos, olvido; para los Carabineros que tuvieron que enfrentarlos, que resultaron heridos, algunos de por vida, que además perdieron sus carreras, que fueron expulsados indebidamente de la Institución por mandos débiles, entreguistas, nada. Otros Carabineros en la cúspide, con tal de mantener esa condición, les dieron la de baja, los dejaron sin
derecho a jubilación pues no tenían los años reglamentarios para invocar el derecho a la pensión, y más encima los mandaron presos al inmueble
institucional de calle Sucre, en Santiago, y en otros lugares. Cuesta entender, y menos aceptar, que una Institución tan noble como Carabineros de Chile haya tenido jefes tan mediocres, blandengues, sin
pantalones.

Lo que Boris propone es un ajuste de cuentas entre un matón armado con metralleta y un simple civil con las manos libres. En esto, los demócratas tenemos que ser muy claros, desde ahora mismo. Decir que
no. Hacerlo de forma fuerte y clara y exigir a los senadores de nuestro sector que se pongan los pantalones alguna vez, aunque sea con años de retraso.

¿Por qué el presidente electo, lo quiere ahora? (Y lo debo llamar así porque así lo determinó esta semana el Tricel, aunque en mi fuero interno lo considero un vago, un activista que no le ha trabajado un día a nadie, un profesional fracasado, que en dos ocasiones no fue capaz de sacar el examen de grado).

La razón clara. Sabe que hoy presionando, amenazando, chantajeando, es más fácil lograrlo, que después del 11 de marzo de 2022, cuando el Senado tendrá nuevos integrantes, cuando la izquierda no tendrá la mayoría que hoy tiene, sino que tendrá que entenderse con un Senado de 50 miembros que está igualado, 25 de un sector y 25 del otro.

En este año 2022 no podemos, no debemos, quedarnos callados, dejar hacer, dejar pasar. Los miles, mejor dicho, los millones de chilenos que tuvimos que soportar en octubre del 2019 la acción criminal de la turba roja, tenemos ahora, desde un comienzo, que decir entre nuestros amigos, familiares, públicamente, donde sea posible, que no estamos de
acuerdo con conceder esa amnistía.

Ellos han dicho que los militares de Punta Peuco se pudran y mueran en la cárcel. A ellos hay que darles la misma medicina.

¿Tendremos el coraje?

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