*¡Después de los Brindis… la Realidad!*



*¡Después de los Brindis… la Realidad!*

Por Cristian Labbé Galilea

Esperando que el físico se haya recuperado de las celebraciones, y que el alma haya alcanzado a absorber el diluvio de buenos deseos que acompañan cada Año Nuevo, llega irremediablemente la hora de dejar atrás el calendario viejo y mirar de frente lo que viene, sin euforias ingenuas ni derrotismos. El realismo, siempre incómodo, vuelve a imponerse como una actitud necesaria.

Antes de cerrar el año que se fue, conviene pensar en la paradoja que nos dejó el 2025: pese a los profundos errores del actual gobierno, en materias tan sensibles como seguridad, orden público, migración y manejo económico, el país recibió una señal política clara y esperanzadora. La ciudadanía votó por “el cambio”. Un cambio orientado a recuperar crecimiento, justicia, seguridad y sentido de Estado; en definitiva, a dejar atrás la peligrosa deriva en la que estamos y volver a ser el referente institucional que históricamente hemos sido.

A partir de marzo, volverán a gobernar las ideas de la Sociedad Libre. Es, sin duda, una gran noticia. Pero también un desafío mayor. La experiencia enseña que el triunfo electoral no garantiza gobernabilidad, especialmente porque las dirigencias que pasarán a la oposición ya han comenzado a delinear su estrategia: obstrucción sistemática, presión callejera, y normalización de la violencia como herramienta política. No es una sospecha, sino una advertencia basada en antecedentes concretos.

Asumir ese escenario desde ahora es una obligación, no un gesto de pesimismo. Por ello, resulta clave que el Presidente electo dé a conocer prontamente su equipo de primera línea. Los nuevos ministros no sólo deberán diseñar políticas públicas, sino también ejercer vigilancia activa frente a las últimas maniobras del actual gobierno: leyes de amarre, nombramientos estratégicos, y decisiones que buscan condicionar al próximo mandato antes incluso de comenzar.

Se equivocan quienes creen que el camino será fácil o que las instituciones, por sí solas, bastarán para encauzar el proceso. El propio Partido Comunista ha anunciado movilizaciones, y no ha descartado escenarios de alta conflictividad social como generar un nuevo estallido delictual. El objetivo es estrictamente político: impedir cualquier bonanza económica que permita enfrentar con seriedad los problemas estructurales en educación, salud o vivienda, porque el éxito del país sería el fracaso de su relato.

El año que comienza, a juicio de esta modesta pluma, exige realismo, convicción, y estabilidad institucional, no promesas. La ciudadanía ya hizo lo suyo: habló. Ahora le toca al Presidente electo demostrar que lo ofrecido era, más que consignas electorales, un firme compromiso con el futuro.

Cuando se han apagado los fuegos artificiales y el calendario avanza sin pedir permiso, queda lo esencial: la responsabilidad de gobernar, y la madurez de una sociedad que ya no quiere debilidades ni excusas. El año que comienza no será fácil; la historia nos enseña que las crisis no se superan con discursos, sino con decisiones firmes, instituciones fuertes y ciudadanos comprometidos. El verdadero desafío empieza justo ahora, porque: ¡después de los brindis… la realidad!