FF.AA. y Carabineros:



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Opinión@mindefchile

25 marzo, 2025

Buena suerte, ministra Delpiano

Por : Richard Kouyoumdjian InglisExperto en Defensa y Seguridad Nacional

Si a usted le va bien, nos va bien a todos. Mantenga esa decisión, postura y talante militar que desplegó en el 95° aniversario de la FACH. Si lo hace, fantástico. Si no, estamos en problemas.

En febrero del 2022 escribí una columna similar para la exministra Fernández, que, aun siendo diputada en esa época, estaba pronta a asumir como ministra de Defensa Nacional del Presidente Boric el 11 de marzo de 2022. Algunos me acusaron de pautear a la nueva ministra y espero que no se me acuse de lo mismo en esta oportunidad, pero como tanto una como la otra no son especialistas en el tema, espero que estas recomendaciones le sean de utilidad a la ministra Delpiano en el desempeño de sus altas funciones.

Lo primero es que busque buena ayuda para esto de ser ministra de Defensa Nacional. Hay personas que saben mucho y que yo los calificaría de expertos, como es el caso de Gabriel Gaspar, definitivamente el que más sabe de defensa y seguridad nacional en la centroizquierda, aparte de ser también el que más sabe del Perú y Bolivia. También está el exministro de Defensa José Antonio Gómez, el que gustó mucho a las Fuerzas Armadas cuando fue ministro. Otros que también la pueden acompañar son Víctor Jeame Barrueto, que aprendió bastante cuando fue subsecretario.

Lo segundo: busque estar cerca de los comandantes en Jefe y del Jefe del Estado Mayor Conjunto (JEMCO). Ellos son, por lejos, los que mejor saben dónde les aprieta el zapato y los desafíos que tienen por delante.

Lo tercero: no se estrese con el reemplazo del comandante en Jefe de la Armada en junio de este año. Los cinco vicealmirantes que están en la quina son todos buenos, por lo bajo tienen 34 años de servicio activo y estupendas carreras como oficiales de marina, por lo que no hay riesgos.

Lo cuarto: ojo con la Política de Defensa. La que existe fue completada en el 2020 y publicada a comienzos del 2021. Es lo mejor que se ha hecho a la fecha, mérito del entonces subsecretario De La Maza.

Sé que hay gente trabajando en una nueva versión, pero ya llegamos a marzo del último año de Gobierno y no se sabe cuándo verá la luz. Yo me quedaría con la actual y solo le haría una actualización. No es que desconfíe de lo que se pueda publicar, pero su proceso de confección no ha sido muy transparente, a pesar de unos seminarios que se organizaron en la Anepe en el año 2024. La anterior por lo menos fue revisada y discutida por muchos antes de ver la luz.

Quinto: por favor, asegúrese de que todo lo relativo al financiamiento de capacidades estratégicas de la defensa se haga de acuerdo con la ley respectiva. Lo mismo aplica a la sección del fondo de contingencia estratégico. En los últimos años no todo ha sido de acuerdo con lo establecido, generándose algunas dudas en la opinión pública respecto de su correcto manejo. La idea es que opere como se estableció y no darles en el gusto a los que aún defienden la Ley del Cobre.

Sexto: las Fuerzas Armadas son obedientes, jerarquizadas y disciplinadas, pero no hay que aprovecharse de esa condición. No se pueden ir a la huelga y no están sindicalizados como los gendarmes, pero sí esperan que sea usted quien los defienda en el Congreso y ante el Ministerio de Hacienda,ya sea cuando se discuten las RUF o bien el presupuesto anual.

Séptimo: los últimos recortes tienen a las instituciones en los huesos, algo que viene ya desde hace un par de años. Los más recientes son la gota que rebalsó el vaso y, si los hay más, o bien operarán en forma riesgosa o, en su defecto, no operarán. Hay mínimos que cumplir para mantener capacidades operativas.

El tenerlas en permanente despliegue por estados de emergencia o apoyando a las policías en las fronteras norte y noreste no es gratis. Se les deben dar los recursos humanos y financieros para realizar esas funciones, y cuidar que ello no se coma los que están destinados para operar y entrenar, en lo principal, la defensa de la soberanía, el territorio, mares, el aire y el espacio exterior de Chile.

Octavo: antes de iniciar el proceso de presupuesto del 2026, por favor, infórmese bien de las condiciones en que están operando las instituciones y de su grado de alistamiento. Junto con ello, cómo están las condiciones de oficiales y suboficiales, de los retiros y las renuncias. No vaya a ser que por estar exigiéndoles más allá de lo que corresponda estemos perdiendo personal calificado que nos ha costado años y recursos para desarrollar.

En relación con lo anterior, las Fuerzas Armadas siempre van a buscar cumplir con sus roles constitucionales y las áreas de misión definidas, pero todo tiene un límite. Si no llenamos las vacantes del servicio militar y de tropa profesional por restricciones presupuestarias, después no andemos pidiéndoles que hagan milagros o cosas para las cuales no tienen los recursos humanos o materiales necesarios.

Usted tiene que ser la primera en levantar la mano cuando se les quiera usar para labores de seguridad interior, si es que ello no viene de la mano de lo que se necesita para cumplir con las tareas que se les pidan.

Noveno: no se desgaste con los proyectos de ley de las RUF o de inteligencia. Si el primero llegara a ver la luz, por favor, asegúrese de ver el tema de los eximentes de responsabilidad y de la necesidad de fiscales y tribunales especializados y, en lo segundo, más importante que una nueva ley es buscar aumentar la dotación de la ANI y que opere 24/7. Obviamente hay que transformarla en una organización operativa, con agentes en terreno, con capacidades relevantes en procesamiento digital, ciber e IA, pero, por sobre todo, coordinando el sistema de inteligencia como un todo.

Décimo: por favor, aparte de asesorarse adecuadamente, trabaje muy de cerca con las comisiones de Defensa de ambas Cámaras del Congreso Nacional. Se dice que usted es una persona con mucho sentido común, por lo que me que parece estamos en buenas manos. Si tiene dudas, la Biblia son la Constitución y la Ley 20.424. El articulo 5 de esa ley define claramente las obligaciones de la ministra de Defensa Nacional.

Para cerrar, buena suerte y éxito, ministra Delpiano. Si a usted le va bien, nos va bien a todos. Mantenga esa decisión, postura y talante militar que desplegó en el 95° aniversario de la FACH. Si lo hace, fantástico. Si no, estamos en problemas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

 

 

 

 

 

Fernando Hormazabal Diaz @FernandoHormaz4

Ante fracaso de reponer la justicia militar en las Reglas de Uso de la Fuerza, seguiremos igual. Sería un suicidio para dichos miembros hacer uso legitimo de las armas conociendo cual ha sido el criterio de la justicia ordinaria. No nos quejemos.

 

 

El uso y abuso de las Fuerzas Armadas de Chile

La solución al uso incorrecto o en su defecto el abuso de las Fuerzas Armadas, pasa por tener más carabineros y PDI, dejando el tema de la insurgencia y terrorismo de la Macrozona Sur para las Fuerzas Armadas.

por Richard Kouyoumdjian26 marzo, 2025

La Tercera edición 23 de diciembre

Es importante tener claro cuál es el propósito de las Fuerzas Armadas, para qué sirven, para qué no sirven, y, por ende, cuál es el límite de lo que se les puede exigir.

Según la Constitución vigente de la República de Chile, existen en lo principal para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional, concepto que habilita se les use para fines de protección de infraestructura critica, como también en estados de excepción constitucional, aspectos de los que también se encarga la Constitución.

Hay algunos a los que les gustaría definir más exactamente qué se entiende por defensa de la patria, pero para los efectos de esta columna lo vamos a entender como la defensa del territorio nacional, los espacios marítimos chilenos, el espacio aéreo respectivo, como también del interés nacional, donde sea que este ubicado.

Lo de esenciales para la seguridad nacional es obvio, pero tiene un problema, la Constitución no define lo que es la seguridad nacional, lo que en sí genera un problema porque es desde esta perspectiva de donde nacen los abusos o usos para fines distintos de lo que es la defensa de la patria.

El abuso se da tanto porque los estados de excepción constitucional se vuelven habituales, algo que ambas cámaras del Congreso Nacional permiten cuando aprueban sus extensiones, permitiendo en casos como el de la insurgencia y terrorismo que se da en la Macrozona Sur que no se busque solucionar los problemas de fondo que lo originan.

El abuso, nuevamente con el permiso del sistema político, se ha hecho más extenso al permitir su uso en la protección de infraestructura crítica, la que en una interpretación del Ejecutivo y aceptada el Congreso, incluye fronteras, que por definición no es infraestructura, sino donde están los límites que tenemos con países vecinos.

En el caso de los estados de excepción constitucional es más claro cuál es el propósito, independiente del uso abusivo que se le da, pero lo que supera toda lógica es el tema de la infraestructura crítica, tanto la que califica como tal, como el caso de las fronteras, ya que no queda claro de quién o quiénes se le protege. Una cosa sería protegerla de fuerzas enemigas, y otra es de la acción de los propios chilenos, lo que puede ser calificado por algunos como esencial para la seguridad nacional, pero que las mete en algo para la cual no están equipadas, entrenadas y adoctrinadas.

Lo de las fronteras merece un capítulo aparte, ya que el uso que se les da respecto de la migración ilegal y eventualmente ingreso de criminales y delincuentes es poco claro. Se supone que están para asistir a las policías y los servicios del Estado encargados de migraciones, pero que en la práctica no es más que detectarlos, eventualmente detenerlos, y conducirlos a los lugares en donde las autoridades migratorias y la PDI los reciben, e ingresan al territorio nacional, no existiendo reconducción inmediata o detención en campamentos ad hoc. Claramente se les está usando para una actividad policial, en donde no defienden el territorio nacional de ningún ataque, y evidentemente, y menos aún, de infraestructura crítica que esté en riesgo.

Su uso en estados de excepción o en la supuesta protección de la infraestructura crítica genera la necesidad de tener que definir reglas de uso de la fuerza, algo que va contra la lógica y natura de la forma en que está diseñado el uso de las Fuerzas Armadas, que por definición no incluye el uso gradual o medido de la fuerza, y que una vez decidido su uso, se busca que sea de tal magnitud que elimine o neutralice al enemigo de modo de que deje de ser un peligro o de generarnos daño.

Otro frente de abuso es cuando las áreas de misión que se les asignan van más allá de la defensa de la patria o por el hecho de que la seguridad nacional esté en riesgo. Por ello me refiero a su uso entre otras cosas a aspectos tales como brigadas para controlar incendios forestales, o bien el apoyo a áreas extremas, aisladas o insulares.

Dado que hemos sido efectivos en disuadir potenciales amenazas externas, el mundo político y en alguna medida las mismas instituciones se colocan creativas generando las áreas de misión más allá de lo definido en el artículo 101 de Constitución, en una forma de darles un uso a las Fuerzas Armadas en tiempo de paz, lo que genera que se vaya perdiendo de vista qué es lo principal y qué es lo accesorio, algo que se transmite en algunas oportunidades a las compras de equipamiento que realizan, buscándose muchas veces que éstas sean polivalentes, perdiendo valor o prioridad lo que estrictamente sólo se puede usar en combate como son tanques, aviones del tipo F-16, o submarinos.

El definir para que estén las Fuerzas Armadas es crítico, si están para la defensa de la patria eso tiene implicancias en equipamiento, en dotaciones, y entrenamiento. El buscar que sean polivalentes o que deban además tener la capacidad de ser empleadas para fines de seguridad interior en forma no excepcional, afecta lo primero, y nos hace retroceder a la definición amplia y poco clara de la Constitución del 25, en que eran parte de la fuerza pública, algo que la Constitución del 80 separó en forma precisa, al dejar a unas a cargo de la defensa de la patria, la soberanía y el territorio, y a las policías como la fuerza pública que debe mantener, y garantizar el orden y la seguridad en el territorio de la República de Chile.

Es por ello por lo que me hace ruido el cómo el sistema político hace uso y abuso de las Fuerzas Armadas, algo que también se da en los comandos de candidatos presidenciales, los que prometen despliegues de más tropas a la frontera o cosas similares, cosa que yo esperaría no estuviera apoyada o sustentada por los oficiales generales en condición de retiro que los integran, ya que ellos más que nadie debieran entender a qué me refiero en los párrafos anteriores.

Entendiendo que los problemas que principalmente nos afectan son de orden criminal, la solución al uso incorrecto o en su defecto el abuso, pasa por tener más carabineros y PDI, dejando el tema de la insurgencia y terrorismo de la Macrozona Sur para las Fuerzas Armadas, ello siempre y cuando el problema se quiera resolver, ya que, de lo contrario, mejor colocamos carabineros, para que ellos, con su entrenamiento y capacidades, mantengan el tema controlado y sin que pase a mayores.