La mujer engañada

Columna de Joe Black
En la sociedad en que vivimos los hombres todavía tenemos -sin merecerlo- más privilegios y beneficios que las mujeres. Ganamos más dinero por hacer el mismo trabajo, tenemos más acceso a los altos cargos en las empresas y también en el mundo del poder.
Pero hay algo, una situación, una imagen, una suerte de dolencia, terrible, que nunca hemos podido erradicar, pese a nuestras prerrogativas: el «Síndrome del Marido Engañado».
El «Síndrome del Marido Engañado» consiste en que el cónyuge -por muy «macho alfa» que parezca- es siempre el último en enterarse de la infidelidad de su pareja.
Lo curioso es que, en versión política, la Presidenta Bachelet se ha convertido, inexplicablemente, en víctima de este mal.
Ella parece ser la última en enterarse de las cosas relevantes que ocurren en su entorno más íntimo. Como si fuese una verdadera «mujer engañada».
En su primer gobierno, no le contaron que el Transantiago podría salir mal. Igual ella intuyó que algo así ocurriría, pero su intuición no fue lo suficientemente fuerte como para torcerle la nariz al destino.
Tampoco le contaron lo de Caval, en el comienzo de su segundo gobierno. Ni su nuera ni su hijo le advirtieron que estaban haciendo negocios jugosos con terrenos que podían multiplicar su valor si cambiaba el uso de suelo, ni que buscaban financiamiento con empresarios del tamaño de Luksic. Tampoco le explicaron cómo lograron en tan poco tiempo amasar un patrimonio que les permitía manejar en público un Lexus convertible. Se tuvo que enterar por la prensa de todo aquello.

Y ahora, cuando está por expirar su segundo mandato, tampoco le contaron que su última gran reforma, la previsional, tenía el potencial de hacer desaparecer casi 400 mil empleos de la economía. En este caso, ni siquiera se pudo enterar por la prensa de tan grave asunto, ya que el día en que quedó al descubierto no alcanzó a leer los diarios.
Terrible.

Pero ¿por qué los suyos no le cuentan las cosas? ¿Será que le tienen miedo? ¿Acaso no la quieren abrumar con malas noticias? ¿O es que no confían en su juicio? ¿O está rodeada de personas perezosas que no desperdician saliva en transmitirle los acontecimientos más acuciantes?

No me convence ninguna de esas posibilidades. Ella no es un ogro. Todo lo contrario, es simpática y acogedora. Tiene buen instinto y sabe elegir a gente talentosa para que la acompañe: escogió a Andrés Velasco, a Rodrigo Valdés y Nicolás Eyzaguirre. Puro talento los tres.
Entonces, ¿qué diablos será?
Momento. ¿O será más bien que ella siempre supo todo?
Pensándolo bien, hay mucha gente que no cree en el supuesto «Síndrome del Marido Engañado». Porque aseguran que él, en el fondo, sabe. O al menos tiene una enorme sospecha, fundada. Solo que no quiere, o no puede, o no debe darse por enterado.
Quizás en este caso sea algo parecido. Igual sigue siendo un misterio.

 

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