Política y gobierno:



Política y gobierno:

El Presidente Kast

Por José Tomás Hargous Fuentes 

Ya han pasado más de tres semanas desde aquel día en que casi ocho millones de chilenos elegimos Presidente de la República a José Antonio Kast. La alegría producto del triunfo tan largamente esperado se ha transformado con el pasar de los días en una profunda tranquilidad y esperanza con respecto al futuro. Desde la misma noche posterior a la elección presidencial, José Antonio Kast ha dado una serie de señales que sorprenden a quienes se quedaron con la caricatura que de él hicieron la izquierda y los medios de comunicación, pero que nada tenía que ver con su persona, con su liderazgo ni con su proyecto político.

Al contrario, estos días hemos podido ver de cuerpo entero al verdadero José Antonio Kast, y no al personaje que nos hicieron creer que era. Se nos hizo creer que era duro, rígido y reacio al diálogo, tan serio que se vuelve grave, que ofrecía al país una teocracia mezclada con el peor capitalismo salvaje y un barniz nazi heredado de su padre, que la cuna de oro en que nació y vive lo hacía un insensible a los dolores de las personas… Nada más alejado de la realidad. Estos días hemos visto a una persona sencilla, alegre, calmada y capaz de tender puentes. Nos ha mostrado qué tan bien puesto es el nombre de su partido: republicano. Con pequeños gestos, palabras y acciones le ha vuelto a dar dignidad al cargo que todavía no ostenta.

Se nos dijo que no tenía equipo, y ha dado señales de que un equipo amplio y competente lleva casi una década recorriendo Chile. Se dudaba de su plan y su capacidad técnica, y en pocos días ya tenía acordado el corredor humanitario con dos de los cuatro países que necesitamos sumar al proyecto –los otros dos son Colombia, gobernada por el socialista, vinculado al narco y ex guerrillero Gustavo Petro, y la misma Venezuela, en estos días en proceso de estabilización por parte de Estados Unidos–. O el espaldarazo que los mejores economistas del país dieron a Jorge Quiroz y su plan económico, o a Bernardo Fontaine y su Desafío 90.

Esos atributos son los que han quedado expuestos durante esta elección y durante estos días de preparación del cambio de mando, que hicieron a millones de personas confiar en su proyecto, que nace no de la ideología sino del profundo conocimiento de lo que día a día sufren los chilenos de a pie. Señales que nos muestran por dónde irá su futuro Gobierno, aún antes de empezar y que confirman que tomamos la decisión correcta. Gestos tan pequeños como retomar el terno con corbata, su disposición a dormir “en un saco de dormir” en el Palacio de La Moneda, o regalarle un ventilador a los periodistas que todo el día y pese al calor lo esperan para sacarle cuñas en la Oficina del Presidente Electo (OPE). O señales más grandes como las de reunirse con dos de los tres ex Presidentes, con la Contralora General de la República y con el Cardenal Arzobispo de Santiago.

Estas señales –que, reitero, no son una actuación, sino que el Presidente Kast en su más plena humanidad–, que al profesor Gonzalo Rojas le recordaron a Manuel Montt, me hacen ver en él a otro Presidente, quizás menos querido y bastante incomprendido: don Jorge Alessandri. Se nos ha hecho creer que don Jorge era una especie de Sebastián Piñera, un mero “tecnócrata”. Pero en él también relucen el estadista, el líder de un sector en crisis, el que reconstruyó al país después del terremoto de mayor intensidad de la historia, que le devolvió al país la capacidad de crecer. No obstante, no son sólo ésas las características que veo en él y también en Kast. Don Jorge era un hombre que, pese a no tener un carisma como Frei y Allende, transmitía autoridad, trabajo y austeridad. Tres valores que tanta falta hacen en el país y que José Antonio Kast representa en la hora presente. Son los valores que el Presidente Kast nos invita a vivir para reconstruir los escombros de este país que sí se “ca[yó] a pedazos” en el “Gobierno de emergencia” que él desde el próximo 11 de marzo va a encabezar. Viva Chile.

 

El comportamiento de las izquierdas

Por Gonzalo Rojas Sánchez

La respuesta a la duda sobre el modo en que las diversas izquierdas se comportarán durante el mandato del presidente Kast, debe considerar varias posibilidades. Son tantas y tan diversas las izquierdas que harán oposición al próximo gobierno, que no cabe sino plantearse en varios escenarios diversos.

En efecto, pueden reconocerse tres grandes grupos con representación parlamentaria –y un cuarto extraparlamentario– que configurarán esas izquierdas opositoras. Del modo previsible en que ellas se puedan combinar –o combatirse entre sí– depende la respuesta a esta gran duda.

Los tres grandes grupos con representación parlamentaria son, en primer lugar, la antigua Concertación, agrupando al Partido Socialista, al PPD, al Partido Radical y a la Democracia Cristiana; una segunda fuerza es obviamente el Frente Amplio, y el tercer conglomerado es el Partido Comunista, en alianza con partidos menores de carácter rupturista.

Fuera del sistema democrático, existirán y procurarán expandirse, agrupaciones desgajadas del comunismo, anarquistas y trotskistas, así como sus fuerzas auxiliares vinculadas al octubrismo delictual.

A estas agrupaciones, propiamente políticas, deben sumarse los conglomerados gremiales que estarán disponibles para los partidos que mejor puedan representar sus intereses, llevando ciertamente el Partido Comunista la delantera como la colectividad más afín con los sindicatos intransigentes.

Desde esa configuración, una primera posibilidad es que todas las fuerzas anteriormente mencionadas confluyan en una estrategia de oposición integralmente democrática, es decir mediante el voto parlamentario, de la fiscalización a través de los diputados, y del ejercicio de los legítimos derechos de reunión y asociación.

Un acuerdo de todos los grupos mencionados, en el sentido de participar en el régimen democrático sólo a través de las fórmulas permitidas por la Constitución, parece una quimera, simplemente un imposible, dada la existencia en las fuerzas de izquierda de agrupaciones parlamentarias y extraparlamentarias completamente contrarias a las prácticas y fines de la democracia formal. El Partido Comunista, buena parte de los militantes del Frente Amplio, anarquistas y trotskistas, así como las fuerzas de la primera línea en la calle, y las agrupaciones gremiales acostumbrabas a la defensa de privilegios, no estarán jamás disponibles para una política auténticamente democrática.

Esta posibilidad, por lo tanto, debe ser absolutamente descartada.

Un segundo escenario se presenta como el más factible. En él, se percibe al Partido Comunista y a los gremios bajo su control, en una actitud que iría de la movilización a la violencia rupturista de tono octubrista. Ese comportamiento ya anunciado en los documentos y en las declaraciones, constituiría al PC en la primera línea de combate contra el gobierno del presidente Kast, intentando copar esa estrategia ante el temor de que los grupos anarquistas y trotskistas pudieran ser la auténtica punta de lanza en la calle. El PC optaría así por una estrategia auténticamente insurreccional, confiando en que una eventual represión sangrienta le permitirá sumar a su causa a otras fuerzas más moderadas.

Para el Partido Socialista y su eventual Federación Socialista Democrática, una decisión comunista abiertamente antidemocrática y de lucha callejera, sería de gran ayuda en un primer momento, ya que le permitiría plantearse como la izquierda dialogante y sistémica. Pero en la medida en que la estrategia comunista pudiese tener el éxito de presentar al gobierno como represor y violador de los derechos humanos, el PS se vería enfrentado a la necesidad de reconocer a los comunistas como los auténticos luchadores sociales, a los que tendrían que sumarse como vagón de cola. Sería prácticamente imposible para los socialistas permanecer en una posición neutral entre un PC con las riendas de la oposición en la calle y un gobierno acusado de represivo.

En este cuadro, también para el Frente Amplio la situación se haría muy compleja. Inclinado sentimental e ideológicamente a cerrar filas con el Partido Comunista, tendría que definir si esa alianza tendría por objetivo derribar al gobierno del presidente Kast o posicionar más bien a Gabriel Boric o algún otro militante como Carta presidencial en 2029. Lo primero, la lucha rupturista junto a los comunistas en la calle podrías dejar a los frenteamplistas sometidos a la decisión del Comité central comunista, pero lo segundo implicaría también el riesgo de no aparecer suficientemente comprometidos con una oposición de “primera línea”.

La tercera posibilidad es que las fuerzas que hemos descrito anteriormente sufran procesos de rupturas internas que reconfiguren por completo el escenario de las izquierdas. Aunque resulte evidente que no todas las situaciones que a continuación describiremos se vayan a dar simultáneamente, es muy posible que algunas de ellas sí tengan lugar y, por lo tanto, las fuerzas opositoras se debiliten por el fraccionamiento que cada una de ellas –o al menos varios– puedan sufrir.

En concreto, se ha venido haciendo pública la existencia de dos fuerzas paralelas al interior del Partido Comunista. Si el grupo que lo controla, llamémoslos los ortodoxos, –es decir Lautaro Carmona y su gente– logran mantener el control del partido, existe la posibilidad cierta de que algunas de las fuerzas más identificadas con Jara, Cariola o Vallejo, abandonen la colectividad, ya sea para integrarse al Partido Socialista o a otras fuerzas de la izquierda más extrema, incluyendo al Frente Amplio, donde podría restablecerse el cuadrilátero Boric, Jackson, Vallejo, Cariola. Por supuesto, si el grupo comunista reformista lograra la hegemonía dentro del partido, los carcamales que hoy lo controlan permanecerían dentro, en una retaguardia disponible para retomar el control si las circunstancias lo permitiesen.

Por su parte, como el Frente Amplio tiene una larga historia cual acordeón, en que suma y pierde, pierde y suma, seguramente la autocrítica por la pésima gestión presidencial llevará a una parte de su dirigencia y de su militancia a buscar nuevos rumbos, algunos en el PC, otros en el PS, y los más, quizás, en el empeño por revitalizar fundaciones como la de Sharp: un Frente Amplio 2.0.

La situación del Partido Socialista y del PPD es diferente. Aunque es previsible que del PS emigren algunas figuras hacia el PC, si este quedara en manos del grupo Jara, lo más factible es que tanto socialistas como PPD se planteen una vez más la tantas veces postergada unión de ambas colectividades, incluso invitando a los restos del Partido Radical a una gran Federación Socialista Democrática, que pueda por tamaño y capital simbólico, presentarse ante el electorado como una izquierda confiable.

Por supuesto la Democracia Cristiana vivirá su propio proceso de transformación. Si Demócratas y/o Amarillos logran volver a inscribirse, será con la aportación de un porcentaje significativo de simpatizantes del actual PDC, completamente desencantados del reciente apoyo falangista a Jara. De todas las izquierdas, por lo tanto, será la Democracia Cristiana la que se encontrará en una posición más aislada y precaria, la que sólo podrá ser neutralizada si desde su propia identidad histórica puede convencer a la Federación Socialista Democrática –de la posibilidad de restablecer la Concertación–. De lo contrario consolidará su tendencia a convertirse en cola de ratón.

Si algunos o todos de estos fraccionamientos se producen, el gobierno del presidente Kast tendrá que reevaluar sus relaciones con oposiciones enteramente distintas de las actuales.

 

Chile está volviendo

Por Eduardo Cretton 

Un viejo dicho dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. En Chile, esa frase dejó de ser un lugar común para transformarse en una experiencia real y dolorosa. Desde 2019, el país ha pagado caro los costos del octubrismo, seguido de una borrachera refundacional que prometía dignidad. Pero el proceso terminó dejando incertidumbre, debilitamiento institucional y una profunda erosión de la convivencia social.

En esos días tristes, se relativizó la violencia, el orden se caricaturizó como autoritarismo y el respeto por las reglas pasó a verse como una herencia incómoda del pasado. Como consecuencia, perdimos el espacio público, la amistad cívica y, sobre todo, la certeza de solo se puede construir progreso desde la confianza.

Sin embargo, algo empieza a cambiar. Son señales pequeñas, pero profundas. La fiesta de Año Nuevo en la Torre Entel repleta de familias; los ciudadanos vuelven a saludar a Carabineros sin miedo ni desconfianza; retorna la estatura presidencial profundamente dañada en los últimos años. Habitar el cargo exigía hechos más que palabras. El país comienza a reconocerse otra vez.

Decir esto no implica negar los problemas ni caer en la autocomplacencia. Los desafíos siguen siendo enormes. Entre otros, la pobreza de muchos adultos mayores, jóvenes universitarios que ven frustradas sus expectativas, familias atrapadas en el sobreendeudamiento y una clase media frágil que vive con temor a retroceder. Nada de eso ha desaparecido.

Pero hay una diferencia clave: empieza a instalarse la conciencia de que estos problemas no se resuelven destruyendo lo que funciona ni intentando refundar Chile cada cuatro años. Se resuelven con orden, con instituciones fuertes, con crecimiento y con un sentido de responsabilidad que ponga el futuro por delante del eslogan fácil.

Chile está de vuelta no porque todo esté bien, sino porque cada vez más personas entienden que el camino del progreso no pasa por el caos ni la rabia, sino por el trabajo, el respeto y la convicción de que este país —con todos sus defectos— vale la pena cuidar.

Feliz 2026.

Entre Frei y la motosierra: el gobierno que propone Kast

Por Juan Pablo Rodríguez 

A una semana de la elección, cuando todavía no hay decretos que firmar ni cifras que mostrar, cobran especial relevancia los símbolos: las fotos, los gestos y el tono envían señales que permiten intuir el estilo de presidencia que se quiere ejercer y el tipo de gobierno que se busca formar.

En estos primeros días, el presidente electo está derribando, una a una, las caricaturas que se instalaron de él durante años de campaña: el rígido, incapaz de convivir con matices; el de trinchera, que ganaría para gobernar con los suyos; el ultraderechista, que le haría la guerra a la prensa; el nazi que saldría a cazar opositores; el cuico que entiende la acción política como forma de privilegio.

Sobre el estilo de presidencia que se quiere ejercer, las señales apuntan a una con foco territorial, menos encerrada en los pasillos del poder. Haber recorrido varias veces Chile, conocer en campaña –salvo Juan Fernández– todas las comunas del país, y la visita, esta semana, a San Miguel permiten intuir que Kast está dibujando una presidencia con mucha experiencia de calle y contacto directo con las personas. A diferencia de sus antecesores, la mejor versión de Kast no se encuentra ni en el manejo de detalles técnicos ni en la retórica para las grandes masas: el mejor Kast se ve en el contacto uno a uno y en el conocimiento vivido de los problemas y angustias que sufren hoy los chilenos.

Irse a vivir a La Moneda no es contradictorio con aquello y tiene un significado claro: austeridad y eficiencia. No como moralina, sino como un estilo de mando que debe ir acompañado de gestos equivalentes por parte de sus colaboradores para retomar una sobriedad republicana que contraste, por ejemplo, con Boric y sus costosos viajes a Magallanes para votar. En un país que mira con sospecha permanente a la política por su distancia con la vida real, es una forma de decir que el poder puede ser menos performático y más funcional. Si bien no son estos gestos los que pondrán en equilibrio las cuentas fiscales, sí marcan un rumbo y transmiten la disciplina que se espera del resto del aparato estatal.

Su discurso de triunfo mostró, más allá del desorden y de una extensión que dificultó concentrarse en lo relevante, una rápida comprensión del peso de la responsabilidad histórica y de que, en ese momento, dejaba de ser líder de un partido para pasar a ser el presidente electo de todos los chilenos. Hubo un tono convocante, una alusión permanente a la unidad, respeto a la oposición, valoración de la prensa y un apego irrestricto al Estado de Derecho. Ni miedo para el opositor, ni pasión para el adherente.

Esto se condice con la resolución que ha mostrado Kast, tanto en campaña como en esta primera semana, para formar un gobierno lo más amplio posible –que vaya desde los Nacional Libertarios hasta Demócratas–, y que tenga la capacidad de articular un bloque de gobernabilidad en el Congreso con votos del PDG, la DC o incluso del Socialismo Democrático, acaso la única manera de aprobar e implementar las políticas de su gobierno de emergencia para hacerse cargo del estancamiento económico, la inseguridad, el desorden migratorio y urgencias sociales como reducir las listas de espera.

El mismo discurso –que, por ejemplo, no menciona a Republicanos, pero sí a la “Nueva Falange”–, la deferencia con Bachelet, la reunión con Frei, los gestos a Kaiser y el sentar a la mesa, con igualdad de trato y ánimo de gobernar juntos, a todas las fuerzas políticas que estuvieron detrás del Rechazo, son expresión de que Kast no se está guardando nada en su decisión de formar un gobierno tan amplio como la realidad y su talento lo permita.

Hay quienes ven en la visita al presidente Milei, y especialmente en la foto conjunta con la motosierra, una señal contradictoria con el ánimo de formar un gobierno amplio, pues sería polarizante y un guiño identitario excesivo.

Más allá de que una buena relación entre Kast y Milei sea, en sí misma, una buena noticia para ambos países –por los desafíos compartidos que enfrentamos–, y de que el símbolo de la motosierra sea consistente con la promesa de campaña de eficiencia estatal, la crítica comete un error de base: creer que la unidad se construye solo moviéndose hacia el centro, como si la derecha –especialmente la que se define como libertaria y que en Chile obtuvo un buen resultado presidencial y parlamentario– fuera un equipaje incómodo que hay que esconder en la bodega.

Kast, como Meloni, debe tener el talento político para unir a la derecha y parte del centro en una coalición amplia. Y eso se construye no solo hacia el centro, sino también hacia la derecha, con programas y símbolos de pertenencia, que además son un pegamento unitario de bajo costo.

A los moderados –que muchas veces son los más sectarios– hay que advertirles que amplitud no significa renuncia: significa conducción; y que unidad no es gobernar con los propios, sino ir más allá. A su vez, a los más exaltados hay que recordarles, a riesgo de caer en el cliché, que la política es el arte de lo posible, que la realidad es invencible y que siempre es mejor dar un paso en la dirección correcta, por insuficiente que sea.

Kast está dibujando una presidencia en la calle y un gobierno amplio con fotos entre Frei y la motosierra. La pregunta no es si a todos les gusta esa foto. La pregunta es si Chile, con su fragmentación actual, puede darse el lujo de desperdiciarla.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Ex-Ante el domingo 21 de diciembre de 2025

 

JAK

Por Rodrigo Ojeda

La tercera fue la vencida. José Antonio Kast (JAK) ha ganado las elecciones de manera democrática y con amplia mayoría. Posee un sello conservador y representa un cambio necesario. Su triunfo es legítimo y las instituciones no están en riesgo. La histeria de la izquierda radical es injustificada y partisana. El oficialismo ha sido derrotado en las urnas y en su soberbia. El proyecto de continuidad ha sido rechazado en todo Chile, por ahora, la utopía vuelve al escritorio ante la demanda de orden en las calles. La sensatez se ha impuesto y ya no es necesario refundar Chile para abordar con urgencia las problemáticas sociales cotidianas. La derecha de JAK, ganó con votos prestados en un escenario de emergencia y debe gobernar para todos, distante de cualquier agenda identitaria y superioridad moral. JAK sabe que tiene que normalizar indicadores y sensaciones, sin descuidar el relato y los gestos republicanos. Debe evitar lo sectario y la tentación de una planificación global al estilo siglo XX, además de mantener su tono conciliador.

La izquierda subversiva e intolerante ha ninguneado al votante de JAK, mantiene un cuestionamiento visceral al voto del triunfador desde un púlpito que no le corresponde y no es honesto. Dicen representar al pueblo, desde el chantaje y la dependencia estatal, pero no acepta ni entiende que el voto popular se inclinó por el orden y tomó distancia de las alertas fascistas de académicos y revolucionarios atrapados en una nube. Dicen ser la resistencia ante la ofensiva fascista y el riesgo conservador, en simple, los fascistas son ellos, no les gusta perder en las urnas, prefieren la presión callejera y corroer al alma social e institucional a través de contradicciones basadas en el odio y la desinformación. Son activistas y luchadores de batallas imaginarias, son el combustible en cada marcha que no representa las urgencias sociales. Son los fascistas del siglo XXI y su ideologismo extremo es el verdadero peligro para la convivencia democrática. Se sienten cómodos en la calle, con las capuchas y la victimización eterna, pero no representan al trabajador ni al ciudadano de a pie que rechazó las dos entelequias constitucionales. Los gremios y sindicatos progresistas tampoco dan garantías de ser una oposición leal a las reglas democráticas.

La agenda del gobierno de emergencia tiene las prioridades a la vista, el eco ciudadano demanda orden, seguridad, empleo y un abordaje con mirada de largo plazo en los problemas de salud y educación. Las expectativas y la impaciencia están presentes en lo cotidiano. JAK debe combinar adecuadamente, la voz de la academia con el pulso de la calle, con un pie en La Moneda y lejano a las redes sociales, “el pueblo sabe que cualquier agenda de derechos necesita estabilidad y paz”“cuando las cosas empeoran, volveremos una y otra vez a lo que nos ha funcionado antes”, en palabras del joven Álvaro Vergara. Para Sergio Muñoz es “relevante que los nuevos equipos afinen los planes de gobierno de modo que la sociedad tenga la mayor claridad posible acerca de cuáles serán las iniciativas prioritarias y la forma de implementarlas”.

El futuro gobierno debe restaurar las relaciones exteriores con las potencias, israelí y norteamericana, en pos del intercambio comercial, tecnológico y cultural. El comunismo local, defensores de dictaduras y del terrorismo internacional, ha comunicado su preocupación por los “acercamientos del presidente electo” con Israel, intervienen desde la hipocresía y en sintonía con sus aliados del fundamentalismo antisemita. JAK debe ser Jefe de Estado en las Relaciones Internacionales y no importar conflictos, distintos y distantes, a la franja nacional. Algo que el mandatario saliente nunca aceptó ni entendió. El pueblo de Chile optó por un modelo de sociedad que apuesta por el orden, la seguridad y los cambios en libertad.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 21 de diciembre de 2025.

 

El equipo de Kast

Por Luis Larraín 

Se acerca la fecha en que el presidente electo José Antonio Kast informaría acerca de integrantes de su gabinete ministerial, paso inicial para que se empiecen a configurar los equipos de gobierno. Un equipo cohesionado, capaz y comprometido es fundamental para satisfacer las grandes expectativas de la población por un gobierno de emergencia, que aborde la solución de los problemas más acuciantes que viven los chilenos: la criminalidad y la falta de empleos y actividad económica.

Se han deslizado nombres y crece la ansiedad en algunos. Las tradicionales prácticas de cuoteo político tienen a muchos sacando cuentas. Creo poder aportar algo desde la experiencia de muchos años y ministerios, y mi apuesta sería por un gabinete distinto.

El gabinete de Kast sería, a mi juicio, profundamente marcado por la impronta que él le ha conferido a su candidatura. No será en ese sentido un gabinete de figuras fulgurantes de diversas proveniencias, sino de personas muy capaces, dedicadas y comprometidas con el programa de gobierno. Más que cuoteo tendremos distintas sensibilidades, pero todas ellas de gran confianza personal de Kast, de modo que actúen como un equipo para lograr objetivos de gobierno, no de su partido ni de una Pyme política.

Me explico: la dinámica de varios gabinetes y equipos de gobierno de distintos signos ha sido que, especialmente en cargos regionales, actúan verdaderas Pymes políticas, donde el diputado o senador local propone a una persona de su confianza que es nombrado Seremi o jefe regional de un Servicio. Su fidelidad es al parlamentario más que al gobierno y sus autoridades o incluso al partido, pues considera que a él le debe el cargo. Lo retribuye entonces con apoyo en instancias partidarias y colabora con su lucimiento frente a sus electores, lo que felizmente termina en una reelección.

Un gobierno de emergencia debe romper este circuito de Pymes políticas, que le hace daño a los partidos y ha desprestigiado la actividad, porque ésta debiera atender los graves problemas que tienen los ciudadanos, que poco se relacionan con las prioridades de los políticos.

Cobra importancia entonces Desafío 90, el plan que dirige Bernardo Fontaine, con acciones a ejecutarse en los primeros 90 días de gobierno, vía proyectos de ley y reglamentos, dictámenes, guías ambientales y normas de uso de suelo. Ellas permitirán avances instantáneos en el combate al crimen y en la facilitación productiva que el país requiere.

Más adelante habrá tiempo para reducir gastos innecesarios y burocracia, y poner en práctica el robusto programa de Kast con un equipo comprometido. Lo que ha funcionado antes en Chile es un ministro del Interior que dirija el equipo político y uno de Hacienda el equipo económico, actuando ambos de consuno. Y a no confundir este primer gabinete con prematuras sucesiones presidenciales.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera el viernes 2 de enero de 2026.

 

¡Emergencia!

Por Gonzalo Ibáñez Santa María 

Con esa palabra ha calificado José Antonio Kast, el presidente electo, la situación por la que atraviesa el país. Y, por eso, ha definido que su gobierno será fundamentalmente “de emergencia” dedicado enteramente a apagar los incendios que amenazan con la existencia de Chile.

Por cierto, tiene toda la razón. Las imbecilidades que se han cometido desde el gobierno durante estos últimos años nos han costado tremendamente caras. La falta de apoyo a nuestras Fuerzas Armadas y de Orden ha provocado un crecimiento enorme de la delincuencia, la cual se ha vuelto mucho más peligrosa. Ha cundido el terrorismo y el narcotráfico hasta el punto de que somos millones los chilenos que vivimos bajo el temor a la violencia criminal. Por otra parte, el desprecio manifestado al modelo económico que nos puso a la cabeza de nuestro continente ha provocado un retroceso en la calidad de vida de los chilenos y ha empobrecido notoriamente al país. Ha aumentado la cesantía y las expectativas hacia el futuro son muy mediocres.

Contra estas emergencias se batirá sin descanso el próximo gobierno de manera de restablecer las bases que no hace mucho tiempo hicieron de Chile un país destacado. Pero, hay una emergencia de la cual se habla poco, a pesar de que, a mi juicio, es la más grave. Es la que se refiere a la falta de renovación poblacional y al continuo envejecimiento de nuestra comunidad. Cada día nacen menos chilenos y, por lo tanto, hay menos jóvenes para sostener a la creciente población adulta y anciana del país. Es cierto que la constante inmigración de contingentes extranjeros jóvenes en alguna medida ha contrapesado esta situación. Pero, no basta y no es lo mismo que una renovación natural de nuestra población.

Chile necesita de más chilenos. Es hora ya de tomar conciencia de este gravísimo problema y de abordarlo como corresponde. No podemos en este contexto, insistir en iniciativas que tienden a matar chilenos, como son el aborto y la eutanasia. Pero, a la vez, hemos de fortalecer el rol materno de nuestras mujeres. El apoyo a ellas para que contraigan matrimonio y hagan uso de su capacidad procreadora debe ser sin condiciones. Cada matrimonio y, después, cada nacimiento, son pasos adelante de todo el país y así deben celebrarse. Debe robustecerse la familia fundada en el matrimonio de un varón y una mujer y debe serle reconocida a este su autonomía para educar a los hijos. Hoy, el gobierno ha presentado un proyecto de ley destinado a reconocer a los niños capacidades de autonomía respecto de sus padres que pueden arruinar todo el esfuerzo educativo en que estos se empeñan.

Es literalmente el destino de Chile el que se juega en esta emergencia. No descansemos hasta superarla. El nuevo gobierno debe tenerla entre sus prioridades más importantes.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el autor en sus redes sociales.

 

El documento que Kaiser le entregó a Kast para entrar al gobierno

Manuel Izquierdo P.

Imagen de archivo. Créditos: Agencia Uno.

El documento que Kaiser entregó al equipo de Kast incluye materias fundamentales para los libertarios, como seguridad, economía y reforma al Poder Judicial, pero también pide rechazar la Agenda 2030 y revisar el cumplimientos de beneficios judiciales a exuniformados. Agregan que su participación en el Ejecutivo “no implica renuncia a su identidad doctrinaria ni subordinación acrítica”.

Negociaciones. El 30 de diciembre, el diputado Johannes Kaiser llegó a “La Moneda chica” para reunirse con Claudio Alvarado (UDI), encargado de la transición al nuevo gobierno, y el senador José García Ruminot (RN), carta fuerte para Segpres, para definir los términos en que el Partido Nacional Libertario se integrará a la administración de José Antonio Kast.

  • Kaiser entró portando una agenda y una carpeta con un documento de ocho páginas que entregó a Alvarado, donde fijaba un “marco operativo de cooperación” entre los libertarios y el nuevo mandatario.
  • A la salida, optimista, el parlamentario señaló que “estamos muy cerca” de un acuerdo. En su entorno se da por hecho que, tras la ronda de conversaciones que continuará este martes, el PNL terminará sumándose al gobierno de Kast. Pero, para Kaiser, es relevante levantar sus principales banderas de su electorado.

Qué dice el documento. El escrito, al que accedió Ex-Ante, sostiene que para el PNL “la defensa efectiva de sus principios y propuestas no se realiza desde la mera observación externa, sino mediante la asunción responsable de tareas de Gobierno” y que puede aportar cuadros políticos y técnicos, pero “manteniendo siempre su identidad y autonomía ideológica”.

  • Agregan que su participación en el Ejecutivo “no implica renuncia a su identidad doctrinaria ni subordinación acrítica” y que el partido actuará desde una posición de “lealtad institucional, responsabilidad política y compromiso con la estabilidad del futuro Gobierno”.

Ejes estratégicos. El documento fija nueve puntos de particular importancia para los libertarios, en los que se combinan materias de seguridad, migración y economía, estructura del Estado, justicia y asuntos valóricos.

  • Orden y seguridad. “Actuar con máxima premura para restablecer el orden y la seguridad pública, enfrentando el narcotráfico y bandas delictuales, utilizando todas las herramientas que el ordenamiento jurídico permite”.
  • Reactivación económica de emergencia. “Promover la reactivación de nuestra economía, mediante normas proinversión, considerando un enfoque especial para pequeñas y medianas empresas, de manera tal de promover una transformación profunda del modelo de funcionamiento del Estado, que incluya reducción de impuestos corporativos, territoriales, disminución drástica de la permisología (…), reducción del gasto público y auditorías exhaustivas al aparato estatal, considerando el desorden presupuestario evidenciado por la Contraloría”.
  • Reforma al Poder Judicial. “Impulsar una reforma profunda, atendida la crisis de legitimidad y funcionamiento, promoviendo mecanismos de designación de ministros de Corte más transparentes y con menor injerencia política, donde el mérito y la experiencia sean criterios centrales”.
  • Control migratorio y resguardo de fronteras. “Fortalecimiento del control fronterizo será prioridad de seguridad nacional. El PNL promoverá y/o apoyará reformas legales que faciliten la expulsión de inmigrantes ilegales y otorguen mayores facultades a autoridades y fuerzas de seguridad para control, detención y expulsión de quienes ingresen ilegalmente a nuestro país”.
  • Defensa de la libertad de expresión y rechazo a políticas identitarias, ideología de género y Agenda 2030. “El futuro Gobierno contará con el apoyo del PNL para impulsar una agenda de transformación dentro del Estado, que elimine políticas identitarias y de ideología de género, que conculcan la libertad de expresión y terminan actuando como verdaderas armas intelectuales de difusión ideológica”.
    • “El PNL promoverá el respeto a la verdad, el sentido común y la libertad, poniendo término a prácticas de persecución ideológica contra funcionarios públicos que discrepen de políticas impulsadas por el actual Gobierno o administraciones anteriores”.
    • “Se considera fundamental mantener los criterios de rechazo a la Comisión para Implementación de la Agenda 2030, buscar las alternativas para denunciar el Convenio 169 de la OIT, así como la búsqueda de opciones para poner término al Programa de Acompañamiento de Identidad de Género (PAIG) y la Educación Sexual Integral (ESI)”.
  • Crisis en materia de prestaciones de salud. “Consideramos fundamental consolidar una estrategia de colaboración entre centros de salud públicos y privados, con prestaciones efectivas, que permitan agilizar la gestión de la atención médica, así como promover estrategias de acompañamiento al paciente para ayudarlo a mejorar su situación de salud”.
  • Corrección de justicia transicional, respeto a los DDHH, garantía de no repetición e identificación de osamentas. “Impulsar acciones concretas orientadas dar un cierre definitivo a las divisiones ocasionadas en torno a los hechos históricos acontecidos en 1973, procurando explorar las alternativas legales disponibles, en resguardo de la verdad histórica, la dignidad humana, el debido proceso, la igualdad ante la ley y el respeto de derechos constitucionales de las personas”.
    • “El PNL considera clave efectuar la identificación de osamentas que constan en poder del Servicio Médico Legal”.
  • INDH y Subsecretaría de Derechos Humanos. “El INDH ha sido una fuente de conflictos, ocasionados por la presentación de querellas contra Carabineros a propósito de los eventos de la insurrección delictual de octubre de 2019, así como su participación ideologizada en procesos penales seguidos en otro tipo de causas”.
    • “Esta institucionalidad se ha apartado de los fines señalados en la ley y ha sido utilizada únicamente para fines ideológicos, siendo necesaria una corrección que tienda la promoción y protección de los derechos humanos sin excepción ni distinción”.
    • “La Subsecretaría de Derechos Humanos ha excedido absolutamente sus atribuciones legales y actúa ampliamente como una especie de Ministerio Público en causas contra exuniformados. Se torna fundamental atender lo que ha estado ocurriendo con el cumplimiento de sentencias de parte de la Corte Suprema en beneficio de algunos exuniformados, y que no se han cumplido en la práctica”.
  • Proyección institucional del partido. “El PNL concibe su participación en este ciclo político como parte de un proceso de consolidación institucional de largo plazo, orientado a formar liderazgos, cuadros técnicos y experiencia de gobierno que trasciendan coyunturas electorales y liderazgos individuales”.

Publicado por ExAnte