FF.AA. y de Orden



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*La Paz También se Defiende*


Por Crsitián Labbé Galilea

La contingencia nacional suele absorbernos por completo. La política, la economía y los problemas sociales, ocupan la atención del ciudadano que observa el rumbo del país. Más allá de simple curiosidad, es la legítima preocupación de quienes sienten que las decisiones de hoy condicionan la tranquilidad y la seguridad del mañana.

En ese contexto, muchas veces dejamos fuera un asunto que, aunque menos visible, resulta esencial para la estabilidad nacional: la defensa y la seguridad estratégica del país; aunque el tema no carece de interés, se trata de un ámbito donde la responsabilidad recae principalmente en quien conduce el Estado. Al ciudadano de a pie sólo le queda observar, analizar, y expresar inquietudes cuando ciertos hechos comienzan a encender luces de alerta.

No se trata de caer en alarmismos. Chile mantiene relaciones diplomáticas normales con sus vecinos, nadie podría sostener seriamente que existe un escenario de confrontación. Sin embargo, a juicio de esta pluma, en un mundo cada vez más convulso e impredecible, la prudencia obliga a mirar con atención algunos acontecimientos recientes que, aunque puedan parecer aislados o destemplados, no deberían pasar inadvertidos.

Por el norte, mientras enfrentamos un complejo fenómeno de inmigración ilegal y creciente presión fronteriza, aparecen declaraciones de personajes anunciando que, de llegar su sector político al poder, “le declararían la guerra a Chile”. Más allá de lo caricaturesco o irresponsable de esos dichos, reflejan un clima que no puede ignorarse. A ello se suma la permanente aspiración marítima de otro de nuestros vecinos, que, pese a los gestos diplomáticos y declaraciones amistosas, jamás dejará de reivindicar… una salida al mar.

Como si eso fuera poco, desde el país del Este surgió recientemente una insólita declaración de un almirante, reclamando soberanía sobre la boca oriental del estrecho de Magallanes, asunto que jurídicamente no está en discusión desde el Tratado de 1881; pretender abrir debates cerrados no contribuye a fortalecer la confianza entre vecinos.

Algunos dirán que se trata solo de frases desafortunadas, de declaraciones individuales sin mayor relevancia. Probablemente sea así. Pero la historia enseña que los conflictos nunca nacen de un día para otro; muchas veces comienzan con señales menores, con discursos nacionalistas, o con actos que nadie tomó en serio.

Por eso resulta indispensable comprender que mantener una capacidad de defensa moderna y eficiente no constituye un gesto belicista ni una provocación hacia nadie. Muy por el contrario, es precisamente la fortaleza disuasiva la que garantiza la paz. Un país preparado transmite estabilidad, reduce riesgos, y evita aventuras irresponsables.

La defensa nacional no se improvisa. Requiere años de planificación, inversión sostenida, preparación de personal, incorporación tecnológica y claridad estratégica. Esperar a que aparezca una amenaza concreta para recién preocuparse del tema sería un error imperdonable.

La paz entre las naciones no depende solamente de los buenos deseos o de los discursos diplomáticos. También descansa en la capacidad seria y responsable para proteger sus intereses y resguardar su soberanía, porque… la paz también se defiende.