FF.AA. y de Orden
FF.AA. y de Orden

Hoy las Fuerzas Armadas de Chile rinden honores a Nuestra Señora del Carmen, su Generala. Suenan los clarines, relucen las armas, se inclinan los estandartes. Todo impecable, todo de ordenanza. Pero en esa formación falta una fila: la de los que ya no marchan. Ancianos que vistieron el mismo uniforme envejecen tras un muro, enfermos y solos, mientras la institución que les exigió entrega hasta la última consecuencia no ha sabido devolverles ni la visita, ni el gesto, ni una palabra. La fidelidad que se demanda hacia arriba y se escatima hacia abajo no es virtud: es conveniencia vestida de gala.
Porque algo debe decirse con claridad en esta fecha: la devoción no se acredita con desfiles ni salvas. Se prueba en el trato al más débil, en la memoria del que cayó en desgracia, en la mano que no se suelta cuando arrecia la adversidad. Venerarla en la explanada y dejar que sus viejos soldados se consuman en un pabellón es un tributo hueco, y Ella —Madre antes que Patrona— lo sabe.
Y a Ti, Virgen del Carmen, te pedimos por ellos. Porque Tú no revisas hojas de vida ni preguntas por condenas: miras el corazón. Te rezan desde el frío de una celda con la fe intacta de quien ya no espera nada de los hombres y lo aguarda todo de Dios. Son frágiles, están cansados, muchos se extinguen lejos de los suyos. Que tu ternura los alcance donde no llega ninguna ceremonia. Que sientan, en la soledad de esta noche, que una Madre no olvida a ninguno de sus hijos, ni siquiera al que el mundo entero decidió borrar.
Que tu manto cubra a quienes nadie cubre. Que tu misericordia sea el consuelo de los últimos. Y que quienes hoy te presentan armas comprendan que el primer homenaje que mereces es no dejar a nadie atrás.
Nuestra Señora del Carmen, Reina de Chile y Madre de los que ya nadie nombra: ruega por ellos.
Carla Fernández Montero
Los 77

Por Rodrigo Ojeda
En memoria de los jóvenes y héroes de La Concepción. Durante la Guerra del Pacífico y la Campaña de la Sierra, apareció un poblado y un acto de “resistencia homérica”. Es un hito de la historia militar chilena. No sobrevivió ninguno, “ningún chacabuco”. Fueron 77 chilenos en una plaza y un cuartel. La rendición no fue opción. Fueron emboscados por el enemigo tras rumores de un ataque peruano y un telegrama. Es el Combate de La Concepción, de los días 9 y 10 de julio de 1882. El destacamento militar operaba en la sierra peruana, era el llamado batallón Chacabuco y un combate desigual. Los 77 no alcanzaron a regresar a Lima. El asedio comenzó el 9 de julio. La resistencia peruana ocupó a su favor la geografía y atacó desde las alturas. La cuarta compañía del regimiento Chacabuco estaba en desventaja debido a la superioridad numérica del bando peruano, fue un “combate desigual” y feroz. La orden de Carrera fue custodiar los cuatro costados de la plaza. A pesar de la desproporción de fuerzas, los chilenos defendieron el lugar durante horas, sin pertrechos y “en pésimas condiciones materiales”, además de enfermedades en la tropa y un clima adverso.
La Campaña de la Sierra o de la Breña representó la respuesta peruana tras la caída de Lima y la ocupación chilena, esa presencia resistida e impopular. La avanzada peruana ocupó el factor sorpresa, el conocimiento de la zona y la superioridad numérica al enfrentarse a 77 soldados aislados, sin artillería ni caballería. Resistieron con cien balas por soldado y atrincherados en “improvisadas barricadas”. Los peruanos y sus aliados atacaban en modo guerrilla con montoneros. Eran 300 soldados y más de mil pobladores e indígenas de apoyo. El capitán Ignacio Carrera Pinto, de 34 años y nieto de José Miguel Carrera, ordenó la defensa del lugar y el repliegue al cuartel. La casa parroquial reconvertida recibió los ataques. Los sobrevivientes se replegaron, pero “lo peor estaba por venir”. El enemigo ordenó incendiar la techumbre del refugio y provocar la rendición. Durante la noche y el amanecer los ataques continuaron. Los oficiales y los soldados no se doblegaron y se sacrificaron por Chile, “prefirieron sucumbir antes que rendirse”. El cuartel en gran parte estaba arrasado por las llamas, al llegar el día se veían desde los umbrales los cadáveres hacinados y “escombros humeantes”, en palabras del especialista Eduardo Arriagada.
El enemigo optó por romper las paredes e ingresar. Nadie se rindió. Fue una masacre tras los disparos y las bayonetas. Las mujeres y un recién nacido murieron al interior del cuartel. El subteniente Cruz y nueve soldados fueron fusilados en la plaza. Los cuerpos de los derrotados fueron mutilados. Eran soldados de edades entre los 17 y 21 años. La bandera chilena no dejó de flamear en el cuartel de la compañía del Chacabuco y fue recuperada. El rito fúnebre del momento fue un homenaje a los caídos y se ordenó extraer los cuatro corazones de los oficiales muertos. Hoy, esos corazones se encuentran en la Catedral de Santiago. Laten por la patria y la bandera.
Han pasado 144 años desde el sacrificio y heroísmo del batallón. El pueblo peruano posee un monumento que recuerda lo sucedido en julio de 1882, una victoria pírrica, y de las pocas, durante la Guerra del Pacífico. En Santiago, el Monumento a los Héroes de la Concepción fue inaugurado en 1922 y se ubica en la Alameda. La estación de metro “Los Héroes”, recuerda a los 77. Para Richard Kouyoumdjian, urge mejorar las condiciones físicas y simbólicas, además de acciones póstumas. Llegó la “hora de que Chile se ponga al día” con los 77. El juramento a la bandera es un homenaje a los héroes y un compromiso, a fuego y sangre, de los nuevos soldados del Ejército de Chile. Cada juramento recuerda, renueva y reafirma ese: “rendir la vida si fuese necesario”. La bandera tricolor nos une de sur a norte, y la estrella no deja de brillar.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 12 de julio de 2026.
La seguridad y la defensa nacional latinoamericana según Washington
Las prioridades de Estados Unidos en materia de seguridad nacional no han cambiado. El crimen organizado transnacional sigue encabezando la lista, sólo que ahora ya no es sólo una prioridad para ellos. Exigen y demandan que lo sea para el resto.

por Richard Kouyoumdjian15 julio, 2026

Mientras en Chile se realizaba el ejercicio Salitre organizado por la FACH y los nuevos soldados del glorioso Ejército de Chile juraban a la bandera, en la histórica ciudad peruana del Cusco se realizada la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Asistieron 38 delegaciones, siendo Chile representado por su ministro de Defensa Nacional, don Fernando Barros Tocornal.
Hay quienes son críticos de la validez de estos encuentros, pero que sirven, sirven. Sirven para conocerse con los ministros de otros países, sirven para saber qué está ocurriendo y qué preocupa a los otros ministros y autoridades asistentes, y por, sobre todo, sirven para acordar acciones conjuntas en materias distintas a lo que es propio a la defensa nacional. Sirven para establecer las bases necesarias para esfuerzos que puedan necesitar de cooperación entre países regionales que enfrentan desafíos comunes.
El comunicado de nuestro ministerio de Defensa Nacional indica: “Entre las materias abordadas durante el encuentro destacaron la cooperación frente al crimen organizado transnacional, el fortalecimiento de la ciberdefensa y la ciberseguridad, y la coordinación de capacidades para enfrentar desastres naturales y emergencias que puedan afectar a los países del hemisferio”. Como dije anteriormente, nada propio a lo que se entiende como de los ámbitos tradicionales de la defensa al punto de que uno se preguntaría por qué tratarlos en ese ámbito y con esos asistentes. Las respuestas no son tan obvias, pero tienen que ver que en esta región no hay pactos defensivos de importancia operativos sobre los cuales hablar, por lo que se usan para hablar de los problemas comunes que les afectan, y lo otro, las principales definiciones en materia de seguridad hemisférica vienen dadas principalmente desde Washington y es sobre eso que buscaremos concentrar el resto de la columna. Washington usa este tipo de foros, los de Cusco y Miami, para manifestar sus preocupaciones y por ende sus prioridades en materias de seguridad nacional. Eso fue lo que sucedió en Cusco y lo que antes había ocurrido en Miami.
Los Estados Unidos de América, a diferencia de las reuniones realizadas en Miami a comienzos de año a propósito de la iniciativa “Escudo de las Américas” -instancias en que estuvieron presentes el Presidente Donald Trump y el Secretario de Guerra Pete Hegseth-, en esta oportunidad envió a Elbridge Colby, subsecretario de guerra para las políticas de defensa y relaciones exteriores del Departamento de Guerra, es decir, la persona que ve la estrategia nacional de defensa, y las relaciones con otras agencias norteamericanas y gobiernos extranjeros. Si bien es un subsecretario, no es cualquier subsecretario y hay que poner atención en eso.
Estamos hablando de una autoridad de gobierno senior del Departamento de Guerra y que tiene muy claro qué dice la estrategia de seguridad nacional y en particular la de defensa. Esto es importante ya que los norteamericanos manejan la relación de seguridad con las Américas, principalmente, a través del Departamento de Guerra y su Comando Sur ubicado en Doral, Florida. Evidentemente la atención de la reunión de Cusco estuvo en el discurso del subsecretario de Guerra al punto que fue replicado en medios de toda la región.
Cada vez que una autoridad norteamericana habla en instancias como estas todos ponen atención. ¿Dijo algo que no supiéramos? Para nada. Nada nuevo se dijo en esta oportunidad, pero que se repita y repita varias veces durante el año tiene valor y es una clara indicación de que hablan en serio. La repetición tiene valor.
Si bien es cierto que en esta oportunidad el foco no estuvo en las inversiones estratégicas chinas en las Américas, como tampoco en el flujo de la inmigración ilegal con destino a ellos, los puntos principales fueron volver a reafirmar el por qué de la necesidad y la explicación de la estrategia de seguridad nacional con foco en la seguridad hemisférica, y en los esfuerzos conjuntos con ayuda norteamericana que los países de la región deben realizar contra el crimen organizado transnacional. Estados Unidos no va a hacer la pega de otros, controla, exige y demanda que cada país haga lo suyo, pero claramente sí va a ayudar en los esfuerzos que se deban realizar por el resto de la región en sus respectivas geografías.
El foco de Estados Unidos va a estar en el narcotráfico que a ellos les afecta más directamente, el que se genera en los países más inmediatos, en Centroamérica, en el Caribe y en la parte norte de Sudamérica. Eso es lo que han estado haciendo y continuarán haciendo, pero ello no implica que no vayan a ayudar a países como Chile, Argentina, Perú y Bolivia en atacar y neutralizar el crimen transnacional que opera en la zona, más aún si es que se ve incrementado por la actividad de antinarcotráfico que ellos empujan en su área de influencia más cercana, conocida como la Norteamérica ampliada (Greater North America).
Necesariamente la actividad anticrimen organizado, dirigida contra los que operan en la Norteamérica ampliada, va a implicar un desplazamiento de la actividad criminal hacia la parte sur de Sudamérica, afectando directamente al Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Eso va a demandar acciones y coordinaciones como las que ocurrieron a fines de mayo en Santiago, pero que se entiende tendrán el apoyo del gobierno de Estados Unidos conforme los países antes mencionados demuestren preocupación y acción. Estados Unidos demanda socios confiables, fuertes y efectivos. No los quiere débiles y dependientes.
El subsecretario también habló de que los países de las Américas deben aumentar su gasto e inversión en defensa, destacando la compra de F-16 B70 por parte del Perú. Esto lo hizo porque al igual que exigen que nos pongamos las pilas con la seguridad y el combate al crimen organizado, esperan que cada país se haga cargo de su defensa, llevando el gasto e inversión a estándares internacionales actuales más cercanos o mayores al 3% del PIB. Estados Unidos no va a continuar dando paraguas de seguridad y defensa a aquellos que no pongan de su parte. Lo mismo que aplica a la OTAN aplica a los países de Latinoamérica.
En resumen, reuniones como la de Cusco sirven mucho, independiente de que hayan asistido los ministros de Defensa y no los de Seguridad, sirven tanto para conocerse, conversar y acordar acciones conjuntas contra el crimen organizado transnacional, algo muy necesario cuando países como Chile y el Perú están usando tropas militares para el resguardo de sus fronteras en apoyo del accionar policial y de otras agencias estatales que dedican tiempo y esfuerzos contra la actividad criminal del narco y contrabandistas.
Reuniones como la de Cusco sirven más aun cuando asisten altas autoridades del gobierno norteamericano que vienen a reforzar y recordar las prioridades que ellos tienen en materias de seguridad nacional, pero, por sobre todo, a exigir que los países de la región actúen en materia anticriminal y que, conforme lo hagan y estén alineado con el interés nacional norteamericano, contarán con su apoyo y ayuda. Se acabaron los años en que los esfuerzos eran de solo ellos. Hora de que Chile y sus vecinos inviertan en capacidades anticrimen organizado del tipo transnacional, en capacidades de inteligencia, en capacidades de trabajo entre países que tienen problemas o desafíos comunes y similares, y en capacidades de resguardo de fronteras.
La conclusión principal de la reunión de ministros de defensa en Cusco no fue el aumento del gasto e inversión en defensa, la que por cierto fue recomendada y solicitada. Las prioridades de Estados Unidos en materia de seguridad nacional no han cambiado. El crimen organizado transnacional sigue encabezando la lista, sólo que ahora ya no es sólo una prioridad para ellos. Exigen y demandan que lo sea para el resto. Se acabó en las Américas eso de andar a la “cochiguagua”.