Gobierno y Política
Gobierno y Política
*Chile Bajo Asedio*

Por Cristián Labbé Galilea
Hace algún tiempo que dejamos de ser un país donde la corrupción era una excepción; hoy estamos cooptados por ella. Los que ayer nos parecían casos aislados, hoy por hoy son el pan nuestro de cada día: narcotráfico, lavado de activos, tráfico de influencias, prevaricación, crimen organizado, y una creciente desconfianza en las instituciones que deberían ser el muro de contención frente a estos males.
Los secuestros, el sicariato, la violencia, el narcotráfico y la prostitución ya forman parte de la realidad nacional. Sin embargo, el problema supera la existencia de estas organizaciones criminales; el verdadero peligro aparece cuando ellas logran penetrar las instituciones que debieran combatirlas. El dinero de la droga no circula ni se blanquea fácilmente; requiere complicidades, omisiones, redes de protección y sistemas de control, que fallan precisamente donde deberían funcionar con mayor rigor.
Los últimos antecedentes conocidos sobre operaciones vinculadas al lavado de activos en importantes instituciones bancarias del país, han puesto bajo la lupa a muchas instituciones encargadas de prevenir este tipo de delitos. Más allá de las responsabilidades individuales, cabe preguntarse: ¿cómo es posible que esas enormes cantidades de dinero provenientes del crimen organizado puedan salvar los sistemas de control sin que nadie los detecte?
La respuesta es simple: cuando los mecanismos encargados fracasan reiteradamente, la ciudadanía concluye que el problema no es la falta de normas, sino la falta de voluntad para aplicarlas.
Algo similar ocurre con el Poder Judicial. Las denuncias sobre tráfico de influencias, conflictos de intereses, prevaricaciones y conductas incompatibles con la imparcialidad, han provocado sin duda un deterioro de la confianza en la justicia y cuando los ciudadanos empiezan a dudar de ella, el Estado de Derecho tambalea.
De lo dicho, lo más preocupante es que pareciera consolidarse una cultura donde los responsables rara vez enfrentan las consecuencias. Las investigaciones se prolongan indefinidamente, las responsabilidades se diluyen, y siempre encuentran algún resquicio para escapar impunemente.
Recordarán mis contertulios que el Estado Portaliano se construyó sobre la premisa de que el orden público, el respeto a la ley y la fortaleza institucional eran condiciones indispensables para la existencia misma de la nación.
Hoy, casi dos siglos después, la tragedia no es la falta de leyes ni de instituciones; es la incapacidad de hacerlas respetar. Donde el Estado Portaliano imponía autoridad frente a la delincuencia y la anarquía, el país actual parece resignarse a convivir con el narcotráfico, los secuestros, el lavado de dinero y la corrupción enquistada por todos lados.
Por último, no se aflijan mis optimistas contertulios porque, a juicio de esta pluma, aún estamos a tiempo de reaccionar, solo se requiere que las instituciones encargadas de perseguir el crimen organizado actúen sin complacencia ni contemplaciones. La historia contemporánea nos advierte que un Estado se degrada cuando el narcotráfico penetra instituciones, cuando el dinero ilícito encuentra protección y cuando la justicia pierde credibilidad… Por lo mismo, no podemos confiarnos… nuestro país esta asediado por la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado.
La cuenta de Kast

Por Rodrigo Ojeda
Valparaíso, lunes 1 de junio del presente. Es el primer mensaje presidencial ante el Congreso Pleno de José Antonio Kast (JAK). Más de dos horas de exposición y expectación durante la Cuenta Pública 2026, en el Congreso Nacional. Es una tradición que comenzó en 1832, con el discurso de José Joaquín Prieto a los conciudadanos acerca “del estado presente de la República”. Cada mensaje presidencial refleja los desafíos y avances de los siglos XIX, XX y XXI. Una fuente histórica para comprender los cambios y continuidades de la República. El gobierno de JAK tiene sus emergencias, urgencias y un diagnóstico. Tras los saludos protocolares se escuchó un: “vengo a rendir cuentas”, “a expresar el estado en que encontramos nuestro país” y “lo que hemos realizado en estos primeros meses”. Las emergencias declaradas en campaña y las urgencias sociales de arrastre son las coordenadas y el horizonte del gobierno. “Dijimos que Chile vivía una emergencia”, “una crisis acumulada” en seguridad, crecimiento y economía, y un sinnúmero de afectaciones sociales. JAK reconoce: “los chilenos están cansados de oír grandes promesas” y recuerda: “cuando un país ofrece orden, oportunidades, estabilidad y confianza, las fuerzas creativas de la nación se despliegan”.
Bienvenidas las convicciones declaradas: libertad y libre iniciativa, la vida y la familia, el esfuerzo y el mérito, y el bien común. Esas convicciones hay que reforzarlas, día a día, en los dichos y en los hechos, y en todos los espacios mediante acciones. La trampa está instalada en la sociedad chilena y lo suntuario es una adicción y falsa creencia que engaña, en simple, es pan para hoy, y hambre para mañana. Hay que alimentar el cuerpo, espíritu y el alma social. “Nos eligieron para solucionar los problemas” y “la política sirve para mejorarles la vida a las personas”. El presente necesita de una buena política que se preocupe de “las grandes causas” y urgencias en seguridad, empleo, educación, salud y vivienda. Señor presidente: la frase de campaña y marca registrada “todo va a estar bien”, ya no suena bien y no es sinónimo de esperanza. El desempleo, la inseguridad y las distintas frustraciones no se resuelven a partir de una invocación. La vida diaria en el Chile invisible está secuestrada por flagelos y heridas sociales. Los cambios no se decretan y usted lo ya lo dijo.
“Nuestros hijos tienen que tener más oportunidades que nosotros”. Es una declaración clave en su mensaje, además de la preocupación por problemáticas en natalidad, vejez y soledad. “La educación es fundamental” y viene mal. ¿Era necesario mencionar a Mistral para decir que la escuela está mal? Una pregunta acertada de Álvaro Vergara. La maestra elquina resuena en las aulas de ayer y hoy. Sus diagnósticos centenarios e interpelaciones siguen vigentes y pendientes. La educación es el motor democrático y de desarrollo. Es la educación la que nos renueva como seres humanos libres y sociales. La violencia es incompatible con la educación. Recuerde que sobran los abordajes técnicos, las evidencias y los expertos educativos. Las urgencias son el aula y la convivencia escolar. Es tiempo de combinar la evidencia y la experiencia educativa.
Presidente JAK, en el centro de su mensaje está la preocupación por “los niños más vulnerables de Chile”. Usted acierta al declarar lo siguiente: “no es para nosotros un programa más”, “es una responsabilidad moral” al visibilizarlos y acompañarlos, además de cautelar su bienestar material e inmaterial desde el vientre. No hay patria, democracia, libertad ni desarrollo sin los niños rezagados en cuerpo, espíritu y alma. No hay futuro sin los niños. Siga recorriendo y escuchando al país. Olvídese de las encuestas. Siga buscando acuerdos. Recuerde que gobernar es priorizar y que Chile necesita orden y libertad, además de responsabilidad y sobriedad. La reconstrucción material e inmaterial es tarea de todos.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 7 de junio de 2026.
Cambio de rumbo
Por Gonzalo Cordero
Mucho se podría decir del discurso por medio del cual el Presidente Kast cumplió con su obligación constitucional de rendir cuenta del estado de la Nación, pero si se pudiera resumir en una frase ella sería: Chile cambia de rumbo. Luego de décadas de gobiernos que se movieron en dirección al estatismo por casi todas las formas posibles, subiendo la carga tributaria, haciendo crecer el tamaño y atribuciones del Estado, imponiendo más y más regulaciones, asfixiando la educación privada y, tal vez lo más importante, enviando sistemáticamente el mensaje antiempresa, que demonizaba el lucro y asociaba la provisión privada de bienes públicos con diversas formas de abuso que debía combatirse.
El resultado está a la vista. Un país estancado que, hace unos pocos años agobiado por la frustración y alterado luego de años de recibir el discurso disociador de la desigualdad, llegó incluso a validar mayoritariamente la violencia como medio legítimo de obtener cambios y que hoy demanda la solución a dos problemas fundamentales: la inseguridad y la falta de crecimiento económico.
El discurso del primero de junio fue la respuesta que el actual gobernante ofrece para abordar ambas demandas urgentes. No se trata de hacer cambios menores, ni de mejorar la eficiencia con que se aplican las mismas políticas públicas o, cuando más, se le hacen cambios marginales. El camino hacia un país más seguro requiere, desde luego, recursos y buena gestión de los medios de que dispone el Estado, pero es tanto o más importante un cambio cultural mediante el cual se vuelve a colocar como valores intransables el respeto a la ley y a la tarea de las policías, junto con una disposición real a sancionar los delitos e incluso las faltas cuando ellas tienen un efecto disociador que resquebraja el imperio del Derecho.
La economía tampoco puede crecer en un ambiente social y normativo hostil a la inversión privada. También aquí es indispensable, pero insuficiente, el cambio meramente regulatorio, es fundamental una autoridad que actúe efectivamente como un aliado del emprendedor que, dentro del respeto a un marco legal razonable, apuesta por nuestro país y dedica sus esfuerzos a crear riqueza.
Esto es, en esencia, lo que escuchamos el lunes pasado. Es verdad, sin grandes teorías, sin desarrollar ninguna mirada constructivista del orden social, con muchas más referencias a lo concreto que a sueños de grandes utopías, pero marcando una dirección clara, sin temor ni adornos estéticos. La oposición llama a esto “retrocesos”. Las indispensables y dolorosas medidas para recuperar el orden fiscal que la gestión pasada pulverizó, las tacha prácticamente de crueldad e insiste en el camino cuyo fracaso llevó a la mayoría de los chilenos a elegir a Kast.
Cualquier observador que se atenga a los hechos y a los datos, tendría que concluir que retrocesos es lo que experimentamos en la última década y que este cambio de rumbo, aunque sea por un voto, es la única –y tal vez la última– opción que nos queda.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Tercera el domingo 6 de junio de 2026.
¡Ahora se preocupa don Mario!

Por Natalia González
Hace pocos años atrás, y a propósito de la propuesta constitucional refundacional de la Convención Constitucional, don Mario Marcel dijo que los problemas económicos de ese proyecto estaban “despejados”.
Así, don Mario, con su trayectoria y amplios votos de confianza con los que contaba en esa época, había bendecido el texto liderado por Loncón y Bassa, señalando:
– que el “derecho de propiedad estaba quedando claramente establecido” (aun cuando se cambiaba el “daño patrimonial efectivamente causado” -a pagar en una expropiación- por el “precio justo” y se priorizaban los derechos de la naturaleza por sobre los de las personas);
– “que el Banco Central contaba con autonomía constitucional “declarada”” (como si ello bastare), y que
– “todas esas cosas, respecto de las que había temores, se habían ido resolviendo”.
Añadió: “De lo que se conoce como Constitución económica, según entienden los especialistas, no se encuentran en el texto ya aprobado normas que pongan en riesgo proyectos o inversiones”.
Algunos meses después, la propuesta sería contundente y rotundamente rechazada por la población.
Así le fue a don Mario con sus proyecciones constitucionales. Y no solo con esas proyecciones.
El exministro -que estuvo tres años y medio al mando de las finanzas públicas y que dejó su cargo a don Nicolás Grau- sobreestimó, esta vez, persistentemente las proyecciones de los ingresos públicos.
Tanto es así que el Informe de Finanzas Públicas del cuarto trimestre de 2025, de la Dirección de Presupuestos, reveló un déficit fiscal estructural de 3,6% del PIB en el año (aprox. US$13.200 millones), muy superior al saldo negativo de 1,1% con que se diseñó el Presupuesto de la nación 2025. Por tercera vez consecutiva se incumplía la meta fiscal, dejando una pesada mochila y herencia a la actual administración.
Pero no solo fue un problema de ingresos, también se descontroló el gasto.
Las reiteradas advertencias del Consejo Fiscal Autónomo (CFA) fueron desoídas y el titular de Teatinos 120 estimó, además, que el tono del CFA era “inusualmente severo“. A mayor abundamiento, don Mario les recalcó que su mandato legal “se orientaba a comentar documentos, informes y datos proporcionados por el Ejecutivo, a través del Ministerio de Hacienda y la Dirección de Presupuestos (Dipres)”, pero que la política fiscal la determinaba él.
En esa determinación y responsabilidad, sin embargo y mientras caían los ingresos, se privilegió que el gasto creciera en el corto plazo. Es cierto que, a comienzos de 2024, don Mario propuso metas de reducción del déficit estructural, pero también es verdad que, a juicio de los expertos, ellas resultaban inverosímiles y que el CFA advirtió reiteradamente que no era posible cumplir con los ingresos que se proyectaban. El CFA pidió recortar una y otra vez el gasto para cumplir con las ambiciosas metas del balance, pero el techo del gasto nunca bajó, y se continuaron presentando a discusión leyes de presupuesto con ingresos muy sobrestimados.
Y así terminó el gobierno anterior, con un 3,6% del PIB de déficit estructural 2025, varios puntos más de deuda neta, un severo deterioro de los ahorros (para financiar gasto corriente en desmedro del gasto de capital) y más deuda flotante.
Alguien dirá que se impulsaron medidas correctivas, pero los hechos muestran que aun cuando todas ellas se hubieran cumplido (que no ocurrió), de igual forma no se iba a poder cumplir con la meta, de manera que no cumplirla fue una decisión. Y de esa decisión no se le vio tan preocupado a don Mario, entonces responsable de las finanzas públicas.
Pero hoy, tras la presentación de la iniciativa de ley para la Reconstrucción Nacional ¡Se preocupa don Mario! Tanto, que hasta ha regresado con una columna en un medio escrito de circulación nacional, con críticas al mencionado proyecto de ley.
El mismo don Mario, que declaró sus dudas despejadas respecto del proyecto constitucional refundacional y que incumplió sostenidamente las metas de reducción del déficit estructural, hoy se muestra preocupado por las finanzas públicas. Es crítico de la iniciativa legal por su impacto fiscal y porque discrepa del efecto que en materia de crecimiento puedan tener normas como la invariabilidad tributaria (que también critica), el que, a su juicio, estaría sobre dimensionado, generando aún más problemas en las arcas fiscales. ¿Ahora le preocupa la sobredimensión?
Es como para exigirle una explicación ¿o no?
Tal vez un juez resolvería de la siguiente manera:
Vistos y considerando:
– Que el desempeño fiscal de don Mario dejó muchísimo que desear;
– Que, en los últimos 16 años, Chile ha aprobado sustantivas reformas tributarias que han aumentado la carga tributaria más allá de lo razonable y redibujado las reglas del juego para inversionistas nacionales y extranjeras;
– Que, a lo anterior, se sumaron no uno, sino dos procesos constitucionales, tras un estallido de violencia que prácticamente arrasó con un gobierno democráticamente electo, a vista y paciencia de una izquierda extremadamente tolerante con lo que acaecía; y
– Que, hace tan solo algunos años vivimos una euforia parlamentaria mediante la cual se introducían reformas constitucionales para “reformar” la Constitución en materias que, no obstante, jamás estuvieron regladas en la Constitución, para así mañosamente desmantelar la iniciativa exclusiva del presidente de la República, el mercado de capitales -a través del retiro de fondos de pensiones-, y establecer impuestos al patrimonio a las personas de más altos ingresos.
Se resuelve, con todo respeto: Que a don Mario le es aplicable aquel dicho de “too little, too late” y que, tras lo acaecido en Chile, no hace un siglo, sino hace tan solo cinco años, a ningún chileno, y por ende a don Mario, nos queda bien andar haciendo gárgaras sobre la estabilidad y certeza jurídica del país. Todo ello, a menos, que se trate de una hipérbole, tan de moda por estos días, pero en tal caso valga señalar que esa figura le sienta mejor a los políticos que a los técnicos, y se supone que don Mario es un técnico, o ¿no?
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Ex-Ante el miércoles 20 de mayo de 2026.
Volver a confiar

Por José Tomás Hargous Fuentes
Una de las cosas más difíciles en política es recuperar la confianza perdida. Es cosa de ver las elecciones de los últimos quince años. Desde la elección de Sebastián Piñera en 2010 hasta la fecha, ningún gobierno ha logrado entregar la posta a alguien de su propio sector. Además, la confianza en las distintas instituciones políticas y sociales ha caído de forma constante, con la excepción de las Fuerzas Armadas y de Orden, que han podido sortear con éxito sus casos de corrupción y dejaron atrás el rechazo que tenían durante la insurrección de 2019.
Pareciera que esta semana hemos empezado a ver otro ejemplo. El Gobierno encabezado por José Antonio Kast fue electo con una gran esperanza en que se resolverían los diversos problemas económicos, de seguridad y migración. El bajo nivel mostrado en dos de sus ministerios, Segegob y Seguridad, así como los impasses del Segundo Piso, hicieron que en pocas semanas el Gobierno perdiera el gran apoyo que tenía desde el 11 de marzo, siendo la luna de miel más corta del último tiempo.
Pero el cambio de gabinete, en el papel apresurado, sumado a la Cuenta Pública del Presidente, estaría empezando a revertir ese quiebre en la confianza. Al menos, es lo que puede deducirse de las últimas encuestas de opinión pública. Evidentemente, todavía no puede ser una conclusión definitiva, pero es de esperar que el quiebre producido en los últimos informes produzca una tendencia.
En el último estudio de Criteria Research, la aprobación de José Antonio Kast subió en una semana de un 36% a un 40% (+4%), y su desaprobación bajó de un 53% a un 47% (-6%), siendo este último indicador una diferencia estadística significativa. Por su parte, la evaluación del “manejo de la situación de emergencia” mejoró considerablemente, de un 46% de rechazo y 34% de respaldo a un 40% en ambos indicadores (-6% y +6%, respectivamente). Además, mejoró significativamente en todos los “atributos de la gestión” del Gobierno.
Donde sí se dispararon los resultados es en la “percepción del impacto del proyecto de reconstrucción”. Si empezó el 3 de mayo con un 37% de respaldo y 35% de rechazo, además de un 28% de indecisión, esta semana el apoyo se disparó a un 45% y el rechazo bajó a un 29% (+8% y -6%, respectivamente).
En la Encuesta CADEM también es posible ver la reversión en la desaprobación del Gobierno. Con posterioridad a la Cuenta Pública tenemos dos estudios: uno publicado el martes 2 de junio y otro el domingo 7.
Si bien en la primera de las encuestas los indicadores de aprobación presidencial se mantuvieron estables y el respaldo general al discurso de la Cuenta Pública cae en el empate técnico, las “percepciones tras la Cuenta Pública 2026” muestran que el Presidente “apeló a la unidad del país” (68% vs 26%) y “se mostró esperanzado con el futuro del país” (66% vs 29%). También, aunque “omitió anuncios sobre materias importantes” (63% vs 30%), “comunicó bien sus ideas” (50% vs 46%), “mostró autoridad y liderazgo” (49% vs 46%) y “dio cuenta de los avances y logros del gobierno” (48% vs 44%). Al mismo tiempo, en 19 medidas sondeadas, todas con evaluación más positiva que negativa, se muestra una aprobación altísima en 13 de ellas (entre 68% y 92%), las cinco más populares en seguridad. Finalmente, en la mitad de otras 19 medidas (no exactamente coincidentes), se confía en que podrá cumplirlas en cuatro años.
Por su parte, en el segundo estudio los cambios son más pronunciados. La aprobación presidencial subió en una semana del 38% al 43% (+5%) y la desaprobación bajó de un 58% a un 50% (-8%), mostrando una evolución similar a la de Criteria en un mes. Donde el aumento de la valoración positiva del Mandatario aumentó en una proporción impresionante fue en las personas identificadas con el centro político, de un escueto 21% a un 36%, es decir, un 15%, cuatro veces el margen de error. La valoración de las medidas presentadas durante la Cuenta Pública también es fuerte: un 67% de los encuestados aprueba el registro público de vándalos y un 93% está de acuerdo con imponer sanciones mayores a las actuales a quienes cometan incivilidades o delitos, así como una aprobación igual o superior al 55% en la pérdida de prácticamente todos beneficios sociales, con la excepción del carnet de identidad, y alcanzando o superando el 70% en la licencia de conducir y las transferencias estatales. Finalmente, un 72% comparte la propuesta de construir nuevas cárceles, mientras que un 17% prefiere mejorar los centros penitenciarios actuales.
Es cierto que todavía es temprano para concluir que se trate de una tendencia o solamente un veranito de San Juan, pero estos sondeos de opinión permiten recuperar la esperanza de que la ciudadanía volverá a confiar en el Gobierno de emergencia.
Fraudes y malas decisiones económicas en el gobierno anterior:
https://www.instagram.com/reel/DZYgNZijaGi/?igsh=OHk2ZTI4bmE3N2li
