Justicia y DD.HH.



Justicia y DD.HH.

 

 

 

Apuntes sobre el Deber Ser.

@PatriotasPorCL

 

Impresionante vídeo. Que tremenda alegría Jeannette. Tal como tu dices, un largo camino, pero con la esperanza de una verdadera justicia. Sin montajes periodísticos, sin sesgos políticos, sin falsos testimonios, sin ficciones jurídicas y con respeto a los derechos humanos.

Cita

Poder Judicial Chile

@PJudicialChile

La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, recibió a representantes de la Agrupación de Hijos y Nietos de Prisioneros del Pasado, quienes manifestaron preocupación por el bienestar de sus familiares privados de libertad.

Vea:

https://x.com/i/status/2046398320415842413

 

 

𝑰𝑵𝑫𝑼𝑳𝑻𝑶𝑺

Escribe: Joaquín Fermandois

Según Hannah Arendt, el perdón es el aporte de Cristo (lo llama Jesús de Nazaret) al encarar los asuntos políticos. Se trata de un hecho fundamental para comprender el problema planteado por la perspectiva de los indultos presidenciales a los reos por acciones durante el estallido.

Provoca debate el que los beneficiados sean catalogados como “agentes del Estado” y se estaría vulnerando las decisiones ya tomadas por la justicia.

La idea del indulto supone que es legítima una consideración política en su más amplio sentido. El supuesto que avala esta gracia —que siempre debe ser ejercida con prudencia— consiste en el hecho de que la justicia jamás puede ser perfecta, aunque se haya regido por uno de los más reconocidos Estados de Derecho del mundo.

También, el tiempo puede transformar positivamente a las personas. Añado que, mientras la delincuencia es inextinguible, la violencia política cada cierto tiempo, cuando la sensatez y su cuota de inteligencia logran dominar los espíritus, tiene una posibilidad de culminar en lo que llamamos paz, siempre ambigua.

Así como ha habido enfrentamientos dentro de una nación o entre ellas, la paz también es posible. Solo es invencible el ímpetu del enfrentamiento violento, aunque se le puede limitar.

La práctica de los indultos en los conflictos políticos, lo que aquí interesa, constituye un elemento de la construcción de la paz, necesariamente quebradiza.

Más todavía, cuando aún existen carabineros y soldados condenados por haber recibido órdenes de defender en casos extremos las instituciones y la existencia de la república. Por algunas semanas, el destino de esta dependió de una delgada línea de carabineros frecuentemente exhaustos y sometidos a críticas implacables.

Todos ellos merecen la plena libertad, ya que desde el 2022 se apagó el delirio en el que se vio envuelta nuestra patria, lo que posibilita la pacificación. A tenor de las informaciones públicas, casi todos los sucesos más graves con resultado de muerte o de mutilaciones se produjeron en situaciones de extrema violencia y raudo vandalismo.

La fase violenta duró casi dos meses, con aproximadamente la misma cantidad de fallecidos que la asonada en Santiago del 2 de abril de 1957, que no duró más de dos días.

Que esto no debe ser carta blanca para las instituciones de orden, es un hecho de la causa. Sin supervigilancia y noción de los límites —misión especial de los jefes—, los portadores de la violencia legítima se desmadran por su lógica de acción.

En esto, sin embargo, hay que plantear un punto. Si la revuelta desata la violencia, solo puede esperarse un grado de combate. No existe tal sin alguna cuota pequeña o grande de enardecimiento, signo que está fuera del orden normal aunque no del Estado de Derecho. Sin este elemento no es posible combate victorioso, y es lo que tenía de sobra la llamada “primera línea”, pletórica de ardor bélico destruyendo al país sin importar las personas.

Emprendía actos de cuasihomicidio (una piedra puede ocasionar más daño que una bala; para qué hablar de las bombas molotov) o simples desmanes que tienen por resultado violencia desoladora.

Si unos recibieron justicia, los encarcelados también lo debieran; en el caso de los uniformados, salvo que se confirme sevicia o incapacidad de contención, deben ser restituidos a sus puestos. Sucesiva o simultáneamente, se incorpora caso a caso a esta gracia a los condenados por violentismo o de protestatarios también enardecidos.

La legitimidad del indulto así concebido se fundamenta en que si bien la probabilidad de conflicto interno o externo es inextinguible, con diestro manejo la paz también es posible.

 

 

COMUNICADO:

Santiago, 22 de abril de 2026

Los querellantes Nelson Caucoto Pereira y Andrea Gattini Zenteno presentaron su apelación contra el fallo que acogió el amparo de César Manríquez Bravo.

Y en su escrito quedaron en evidencia.

Por un lado, dicen que Manríquez Bravo, de 95 años, no tiene enajenación mental, que está fingiendo su demencia y que por eso debe seguir preso.

Por otro lado, en el mismo escrito, dicen que estarían de acuerdo con que se le ponga una tobillera electrónica.

La tobillera electrónica es un dispositivo que se usa para vigilar a personas que salen de la cárcel y cumplen condena en su casa. Se usa cuando alguien ya no está preso pero el Estado quiere saber dónde está.
Entonces, lo que están diciendo los querellantes no tiene sentido.
Si creen de verdad que Manríquez Bravo está fingiendo y puede cumplir condena normal, no corresponde tobillera: corresponde dejarlo encerrado. Las personas que fingen enfermedades no salen de la cárcel con tobillera. Siguen presas.
Pero si aceptan que salga con tobillera, es porque saben que su condición de salud es real y que no puede estar en una cárcel común.
No pueden sostener las dos cosas al mismo tiempo.

Entonces la verdadera pregunta es: ¿para qué quieren la tobillera?
Un hombre de 95 años. Que no controla esfínter. Que no camina sin ayuda. Que no reconoce a su familia. Que lleva 18 meses hospitalizado sin poder levantarse solo.

¿Creen que va a escapar? ¿Que va a cometer nuevos delitos?

La respuesta es que no buscan ninguna finalidad práctica. Buscan un símbolo. Quieren que este hombre muera con un grillete en el tobillo, aunque ese grillete no sirva para nada. Solo para humillarlo en sus últimos días.

Eso no es justicia. Es crueldad por crueldad.

Los derechos humanos son de todos. También de los ancianos que esperan morir en paz, sin cadenas inútiles marcando sus últimos días.


Carla Fernández Montero
Abogada Penalista