Comunismo una religión política sin Dios

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Por Roberto Hernández Maturana
En general se piensa que el comunismo se opone a las religiones, promoviendo estado ateo. Karl Marx veía a la religión como una herramienta utilizada por las clases gobernantes para adormecer a las masas trabajadoras, utilizando a la religión como recurso para aliviar su sufrimiento y entregarle conformismo en espera de una próxima vida mejor, instalando así la idea de que el sufrimiento presente conducirá a la felicidad futura, en la otra vida. De esta forma, la fe religiosa evitará cualquier intento serio para entender y superar la verdadera razón de sus sufrimientos, que según Marx provenía del capitalismo. En ese sentido, Marx consideraba que la religión podía ser definida como el «opio del pueblo».
Sin embargo, resulta interesante leer la entrevista que diera el filósofo ruso afincado en Berlín Michail Ryklin al periodista Caspar Melville de The New Humanist (https://newhumanist.org.uk/). Ryklin, autor de “El comunismo como religión: Los intelectuales y la Revolución de Octubre”, libro que se centra en el período 1917-1939, publicado el año 2009, sostiene que si queremos entender el comunismo es mejor verlo como una forma de religión que como un sistema político ateo.

michail-ryklinAfirma Ryklin que “El comunismo, ha sido considerado por pensadores como Raymond Aron y algunos autores alemanes como una especie de sustituto de la religión, o una pseudo-religión, tal vez una parodia. Reconocen que tiene un parecido a una religión, pero nada más. Ryklin, por otro lado, dice que para él, el comunismo era en realidad una auténtica religión, quizás la más importante del siglo XX”.
Agrega que tras la Revolución Soviética de Octubre muchos intelectuales europeos de izquierda estaban fascinados por la idea de un país que carecía de eso que llamamos Dios, pero en el corazón del comunismo hay una paradoja dice, y es que la renuncia a Dios es su artículo de fe fundacional. En el celo que ponen en la creencia de haberse trasladado más allá del reino de Dios y de la fe, al ámbito de las leyes científicas de la historia, los revolucionarios y sus simpatizantes se revelan precisamente como los verdaderos creyentes.

marx-weber-durkheimAunque ninguna de las religiones monoteístas aceptaría la definición del comunismo como religión, porque para ellos la presencia de Dios se encuentra en la raíz de su definición, padres de la Sociología moderna como Emile Durkheim y Max Weber, definen la religión como una especie de experiencia totalizante, algo por lo que la gente está dispuesta a sacrificarlo todo y que da sentido a sus vidas. Desde esta perspectiva, afirma Michail Ryklin, el comunismo es una religión afirmando que “Para millones de personas, el sentido de su vida fue definido por el comunismo como un conjunto de creencias. El comunismo era la verdadera religión “.
Autores como Bertrand Russell que compartían el desencanto general con el capitalismo, extendido tras la Primera Guerra Mundial. Admiraron realmente el giro radical que ofrecía la revolución bolchevique. Sin embargo Russell no creía que la justicia se pudiera conseguir a través de la violencia, lo cual fue su principal argumento contra el bolchevismo. Russell gran crítico de la religión militarizada comparó el bolchevismo con el Islam.

revolucion-bolcheviqueRussell, dice Ryklin, no vio en el marxismo ningún signo de ciencia. Los comunistas eran, a su juicio, creyentes, fundamentalistas, fanáticos. Afirmaba que “hay algo interesante en su fanatismo, pero no tiene nada que ver con las leyes de la historia, que de todos modos considera subordinada a la ciencia como método de análisis. Desde el principio, entiende que es un problema de fe y no de ciencia”.
Por otra parte nos dice Ryklin, el autor húngaro Arthur Koestler fervoroso comunista, desilusionado posteriormente, en su novela “Oscuridad al mediodía”, manifiesta que la condición previa para ser un creyente comunista es verse a sí mismo como no-religioso. Uno entiende el carácter religioso de sus creencias cuando ya no es un creyente. Durante el acto de fe, sin embargo, uno sólo se entiende ayudando a poner en juego la lógica inevitable de la evolución de las leyes de la historia “.

En la entrevista a The Humanist nos dice el filósofo ruso que el famoso dramaturgo alemán Bertolt Brecht ferviente comunista, concluyó que aquél era lo suficientemente potente como para cegar a sus defensores ante las incoherencias y las atrocidades del estalinismo.

fusilamientos-en-union-sovieticaBrecht creía que cualquier sistema que hubiera sido capaz de acabar con el concepto de propiedad privada era superior, por definición, a las democracias burguesas que permitían e incluso alentaban la desigualdad económica. Brecht se aferró ciegamente a esta fe frente a los excesos del régimen soviético, incluso siendo testigo de la muerte por parte del régimen de varios de sus cercanos y amigos
Ryklin afirma que hacia 1939, en la ex Unión Soviética la fase de comunismo religioso se había agotado, sustituyendo la fe por el terror. Mientras el estalinismo prosperaba en pompa religiosa la verdadera devoción del pueblo (el culto de la imagen, la adoración oficial de santuarios como la tumba de Lenin o el desfile del Día de la Revolución son posteriores a la era religiosa) se convirtió en algo cada vez menos importante. Una de las razones fue que Stalin había sacrificado a los apóstoles originales de la revolución; otra fue la nueva organización de la sociedad soviética.

soldado-muro-de-berlinRyklin, concluye finalmente que “El estalinismo no se basa en la fe, sino en el control. La igualdad de la primera fase se ha sustituido por una estricta jerarquía de comités, policía secreta, espías. Todo ello diseñado para controlar la sociedad. Stalin tenía una frase para todo eso: vigilancia revolucionaria. Eso significa la condición de la denuncia universal – la gente perdió la fe en la revolución, en sus vecinos y en ellos mismos”.
Podemos ver que esta afirmación se ha hecho palmaria con la reciente muerte de Fidel castro en Cuba.
De esta forma surgió en la URSS una nueva forma de creencia que fusionó el cristianismo ortodoxo con el nacionalismo ruso y el culto a la personalidad de Stalin.
En lugar de una creencia en la superioridad del socialismo, marx-cristoMichail Ryklin afirma que hasta hoy en Rusia hay un sentimiento de excepcionalidad, una paranoia, un vestigio del estalinismo y su “denuncia universal”, según la cual se considera a los demás países como una amenaza. “Son mitos que muchos millones de rusos creen hoy”, dice Ryklin. “Creen que el resto del mundo odia a Rusia, porque Rusia es buena y el resto del mundo es malo”.
Finalmente parece oportuno citar al autor mexicano Jesús Félix-Díaz Manríquez que en su libro “Mentiras contra mentiras”, concluye que “así como para los comunistas recalcitrantes, la religión es el opio de los pueblos, en justo rebote el comunismo sería el opio de los idealistas, o por lo menos de algunos soñadores.”

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