Chile a la Deriva

Por Osvaldo Rivera Riffo,
Presidente Fundación Voz Nacional

Si nos atenemos estrictamente al significado náutico del término deriva, encontraremos que por definición es la distancia que recorre un barco por efecto de la corriente, en otras palabras por el desplazamiento del agua en el que se encuentra.

Sin embargo lo que se quiere significar con el término es aquel barco, institución u organismo sin liderazgo, que ha extraviado el rumbo y se encuentra perdido en la inmensidad del océano, comunidad o nación.

El caso que me ocupa en esta columna, es sin duda la chalupa llamada gobierno que arrancó del puerto hace 10 meses y que ha perdido irremediablemente el rumbo y con ello la responsabilidad de encontrarlo y encaminarlo a un espacio de tranquilidad y seguridad que es el clamor unánime de los tripulantes.

El capitán ha desatendido lo que los instrumentos indican y peligrosamente se acerca a zonas de tormentas, de graves consecuencias para la tripulación llamada Chile. Mi impresión es que simplemente las ignora y prefiere, por una soberbia inusitada, intentar atravesar la grave crisis con el desprecio propio de iluminados que buscan culpables para sus propios errores.

La atención a los problemas reales de la tripulación no le importan o simplemente son aleatorios, indicando hoy una cosa y mañana algo muy distinto, con lo cual el rumbo se tambalea. Los asuntos públicos no pesan igual para él y su atención la enfoca en aspectos coyunturales que pueden afectar su proyecto político o su imagen que, a decir verdad, ya no hay por dónde mirarla y nada rescatable. En esos vacíos de autoridad, en las desprolijidades de ministros y asesores, deja con su actuar negligencias que traspasan los límites constitucionales y que paradójicamente dejan con su diario actuar crujir los maderos de la nave, porque sus colaboradores se sienten libres y empoderados de actuar no para hacer políticas públicas sino para intrigar en el quehacer político partidista y presionar por las cuotas de poder que cada uno cree merecer a costa de la institución presidencia de la República. Él, en tanto, desatendiendo hasta las cosas más triviales. Hoy a 10 meses del comienzo de su travesía, se ha producido un desgaste del gobierno sin precedentes, incluido en ello al parlamento que inmerso en su propia dinámica electoral, se alejó al igual que el presidente de la realidad imperante. Los resultados de los trabajos demoscópicos son francamente aterradores, con una ciudadanía que reprueba la gestión gubernamental en más de un 70% y el propio presidente con un escuálido 27% de sintonía con quienes todavía lo apoyan. Y lo más importante, sólo un 3 % de la ciudadanía está preocupada de un cambio constitucional, siendo sin duda la seguridad la mayor preocupación del chileno de todos los estratos socioeconómicos.

La pugna manifiesta entre Vallejos y Tohá pareciera que al presidente, que si la sabe no le interesa ni la detiene, prefiriendo no usar sus prerrogativas para ponerle atajo. Como ha sido su vida entera, prefiere vivir en el conflicto del cual se ha nutrido y ha sido su leitmotiv en la política .Psicológicamente es el estado que más lo satisface y acomoda, de eso no cabe duda, llegando hoy a considerarse por los expertos que su comportamiento es una patología.

En tanto mientras el barco se hunde, aparecen unos salvavidas esmirriados intelectualmente intentando defender lo indefendible y salvar al Presidente, como si con ello pisaran para siempre en el tan anhelado Olimpo de la democracia, sin entender que lo que se hunde es la República.

Por ello felicito a quienes dando respuestas valientes al pueblo chileno han presentado acusaciones constitucionales, como a su vez indicaciones para intentar evitar que por una maniobra perversa la élite política consume un golpe de estado, deslegitimando la voluntad ciudadana expresada el 4S.

El país sabrá evaluar con meridiana claridad quienes se la jugaron por Chile y quienes por sus mezquinos intereses A estos últimos, sin duda la condena y el fin de sus aspiraciones, incluidos a quienes se quieren pasar de listos y saltando de la chalupa hoy despotrican contra el gobernante, olvidando qué hay varios que aparecieron en la foto del 15 de noviembre aplaudiendo el acuerdo por La Paz y que derivó en el peor desastre político conocido y que gracias a Dios supimos castigar duramente el 4 de septiembre.

Castigo que sin duda volveremos a propinar para terminar de erradicar a esta lacra que abusa de Chile.

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