EL SILENCIO SIGNIFICA TRAICIÓN.

El peor enemigo de nuestros prisioneros militares es el tiempo. La mayoría de ellos llevan décadas encerrados en los campos de exterminio determinados por el Estado para la muerte de nuestros ancianos. Si, son campos de exterminio, porque a diferencia de los establecidos por los regímenes nazi y soviéticos durante la II Guerra Mundial,  donde mataban a las víctimas por gaseamiento y trabajos extremos en condiciones de inanición, aquí, en cambio, en Colina, Punta Peuco o Centro de Orientación Femenina se matan a los militares por enfermedades de la vejez o cánceres terminales, tratadas al límite de la muerte, después de un largo camino de sufrimiento y humillación.
En vez de gases, los matan con odio y venganza. Eso lo saben Piñera y su obsequioso Ministro de Justicia, y se practica durante este gobierno.

De ahí, el deseo de los perseguidos, procesados y condenados de las FFAA, de Orden y Seguridad de no verlos nunca más, y condenarlos a un desprecio absoluto y permanente.

Estamos a días de las elecciones presidenciales; no me referiré a los candidatos de centro derecha y de izquierda los que según declaraciones y participación en debates, endurecerían las condiciones de vida de estos hombres, al límite, de tener la intención,  todos ellos, de cerrar estos campos de exterminio y terminar con la discriminación. No entienden nada.

El candidato por el cual votaré, – algo, tangencialmente – se ha referido a la situación de los prisioneros militares. Seguramente desea darle corte y solución a este problema permanente que es un barril sin fondo. Lamentablemente, confieso que lo escucho un poco escéptico, porque el embustero que se va, ya nos ha traicionado dos veces.

Lo que debemos tener claro es que el candidato de mis preferencias no podrá materializar nuestros sueños inmediatamente, el camino será duro, y esperamos que con paciencia y fe, estos se puedan solucionar.

Sin embargo, hay hechos que pudieran estudiarse y materializarse en lo inmediato. Tengamos presente que nuestros prisioneros son mayores, o muy mayores, todos decentes,  que no constituyen en los hechos ningún peligro para la sociedad y que no están en condiciones de emprender acciones delictivas, ni amotinamientos, ni complots desde el interior del campo de exterminio. A pesar del calvario, el tiempo transcurrido y el olvido, mantienen intactos sus valores, disciplina y formación castrense. Con traje a rayas, pero con honor militar.

Por ello, propongo a quienes corresponda:

1.    Independiente de la pandemia ¿Por qué no mantener el uso del celular a nuestros camaradas prisioneros? ¿Por qué impedirles saludar a su esposa, sus hijos, sus nietos? ¿Por qué negarle a algunos que no tienen los medios económicos para que sus familias los visiten, puedan tener acceso a estos aparatos electrónicos? ¿Por qué, para aquellos enfermos, impedirles el llamado de aliento de algún familiar? A lo mejor es la medicina moral que les falta.

2.    ¿Por qué prohibirles tener acceso a computadores personales? ¿Por qué no permitirles tener acceso a telemedicina y evitar largos desplazamientos y espera para ser atendidos en los hospitales?¿Por qué negarles la cultura, la modernidad, el arte, la lectura on line, la investigación? Hombres conocidos en el Ejército, que han satisfecho sus inquietudes intelectuales durante toda su carrera, están circunscritos a una máquina de escribir para las que ni siquiera existen cintas en el Persa. ¿Por qué no permitirles algo tan sencillo como leer un diario?

4.    ¿Por qué no llevarles periódicamente, entretenimientos o una simple banda que interprete canciones del soldado, que les mantenga su lazos con el Ejército, los alegre y no se sientan olvidados? En la cárcel pública, como gran cosa y con amplia difusión y presencia de autoridades, hemos visto partidos de fútbol o actuación de artistas.

5.    ¿Por qué – y esto no es una locura – que oficiales y suboficiales realicen asesoramientos o investigaciones en determinadas materias profesionales? Hay gente valiosísima entre rejas que seguramente estarían gustosos de trabajar en alguna tarea que le asignaran sus respectivas instituciones.

6.    ¿Por qué no permitirles  prioridad – en la tarde, por ejemplo – en la atención médica y exámenes?

7.    Hay otras iniciativas que he escuchado miles de veces: Libertad domiciliaria o vigilada para mayores de 75 años o enfermos terminales; revisión de procesos y determinar quienes se vieron obligados a cumplir órdenes, aquellos condenados por ficciones jurídicas. Van a requerir indudablemente estudios.

8.    Lo que propongo son pequeñas medidas tácticas, para alivianar el drama de estos militares a los cuales no podemos dejar haciendo la raya diaria en la pared de su cárcel.

Simplemente dejo la inquietud porque repito, las soluciones no vendrán inmediatamente. Requieren tiempo y estudio. Compañerismo hacia aquellos que a lo mejor, por ser de grados subalternos se vieron obligados a cumplir órdenes, fueron juzgados ideológicamente, o estuvieron en el lugar y a la hora equivocada.

Lo que se olvida se desprecia, el Ejercito debe arrastrar con todos su hombres, los de ayer, los de hoy y los de siempre;  sus triunfos y sus derrotas. Fueron grandes jefes en el Ejército; fueron nuestros formadores, nuestros instructores, nuestros subalternos, nuestros camaradas y amigos; son nuestros familiares.

Hay momentos en que el silencio significa traición.

Hasta el momento, nuestros hombres están abandonados tras las filas adversarias por esta masacre jurídica.

Gral. (R) Hernán Núñez Manríquez.

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