Tiempos de oscuridad

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Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

El término “dark times” lo usa Hannah Arendt para referirse a esas épocas oscurantistas en que el entendimiento se opaca, y cuanto se diga y habla de nada sirve. La mala fe campea, y por mucho que se exhorte a esto o aquello bajo el pretexto de defender viejas verdades, a todas se las degrada. Tiempos en que el diálogo, o cualquier intento de esclarecimiento y comprensión mutua, en realidad, sobran; en que el odio legítimo, el que pudiera tener cierta razón de ser, “lo hace feo a uno”; en que hasta la “ira bien fundamentada” se vuelve “ronca”. En fin, tan tenebrosos serían tales períodos en que, aun pudiendo haber individuos lúcidos y bien inspirados, resulta imposible dilucidar cuán brillantes son; si equivalen a un sol deslumbrante, o a una pura y mísera vela en medio de la noche más apagada.
Terrible el diagnóstico que pinta, aunque no ajeno a lo que nos sucede.Basta detenerse en las polémicas que, a diario, se suscitan. Se cree que se están intercambiando pareceres y confrontando ideas, pero, si uno afina el oído, se da cuenta que no se oye al interlocutor ni se está dispuesto a ponerse en el lugar del otro. Priman lo testimonial, lo subjetivo, lo que impacta y resuena; en definitiva, se trata de posicionar e imponer consignas, acusaciones, emplazamientos y demandas.

descarga (4)La polémica de la semana pasada, un buen ejemplo. El rector de la Universidad Católica defiende el derecho de su institución a exigir que en sus recintos médicos no se aborte, debiendo sus facultativos comprometerse de antemano a objetar en conciencia de llegar a presentarse un caso de esa índole. A lo cual se le contesta que el rector Sánchez es un déspota, un reyezuelo sin sujeción a ley que abusa de su poder y autoridad para con sus subordinados, e incluso más, la suya no sería una auténtica universidad, a lo sumo, una burla de lo que se entiende por universidad. ¿A pesar de sus casi 130 años de existencia y servicios al país, y al hecho de que, hasta ahora, se ha respetado su carácter pontificio? No importa, la ley es la ley, y quien no se atiene a ella, incurre en fraude. Las universidades no pueden tener “dueños”, tampoco adherir a principios.
Este tipo de empecinamiento no es nuevo. Sólo un Estado rector garantizaría la neutralidad y pluralidad concebible de acuerdo a cierto monismo dirigista sin el cual no se puede instituir el nuevo orden a que se apunta. Postulado que proviene de dos vertientes. “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado” (Mussolini). “¿Cómo se transformarán y coordinarán las universidades y politécnicos en la actividad cultural general? ¿Una vez que la constitución se cambie y los principios fundamentales del derecho se hayan alterado, qué carácter ha de poseer la Facultad de Derecho? Nuestra revista cuenta, entre sus suscriptores y lectores, con un fuerte contingente de jóvenes estudiantes, artistas y profesores de distintos niveles que poseen la habilidad y el adiestramiento para plantearse estos problemas y resolverlos” (Gramsci).

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