UNA MUY GRANDE ASIMETRÍA

Por Humberto Julio Reyes

Recientemente los lectores habituales de El Mercurio hemos podido seguir la polémica causada por una columna de don Carlos Peña, donde, desde su altura, pontifica respecto al fallo que recientemente condenó al General Cheyre y otros ex uniformados, por hechos sucedidos hace casi 50 años.

Él, naturalmente, sostuvo que la condena se ajustó a derecho por cuanto ningún subordinado puede excusar su responsabilidad por las consecuencias de una orden superior, sin importar el conocimiento o participación que haya tenido, lo que, en mi opinión, refleja su absoluto desconocimiento de lo que es una organización jerarquizada sometida a disciplina militar.

Otras voces le salieron al paso, más autorizadas que la mía que podría considerarse parcial por el respeto profesional que siempre he sentido por el afectado, con argumentos que él, por supuesto, desechó.

Ahora, más recientemente y recurriendo al sublime ejemplo de la lanza de Parsifal, aparece justificando la inminente formalización del Director General de Carabineros, ya que, ahora “es inevitable volver la vista sobre la actuación del Estado”.

Hasta ahí ningún problema, dirá usted paciente lector, pero lo curioso es la teoría expresada para sustentar que pesan más deberes sobre la fuerza pública que sobre los ciudadanos.

“Media una muy grande asimetría entre la fuerza que el Estado monopoliza y los medios de que dispone, por una parte, y los ciudadanos que con razón o sin ella, a estos efectos poco importa, se manifiestan, por la otra.”

Dicha asimetría “impone a la fuerza policial especiales deberes de cuidado y diligencia en el uso de las armas”.

Teóricamente impecable, en mi opinión, pero la práctica y “la calle” llevan a una conclusión opuesta, la asimetría existiría, pero a la inversa.

Me explico:

El manifestante no tendría el deber de hacerlo con razón y civilizadamente, puede agredir a la fuerza pública con todos los medios a su alcance y ésta debe intentar reprimirlo o controlarlo recurriendo a sustitutos de sus armas: carros lanza agua, bombas lacrimógenas, escopetas de balines o risibles “perifoneos”, todas de muy relativa precisión o eficacia pero, también algunas susceptibles de causar un daño mortal no intencional.

Ello me lleva a recordar mis tiempos de estudiante cuando nadie se atrevía a desafiar al soldado destacado en cada vehículo de locomoción colectiva o enfrentarse a los ya anticuados tanques estacionados en la plaza Bulnes con bombas Molotov. Esa sí era la asimetría a que alude el señor Peña y que hoy, ya no existe, salvo en teoría pura.

 

¿Usaron acaso dicha asimetría los miembros de las fuerzas armadas y de orden para defender sus cuarteles durante la asonada octubrista y fechas posteriores?

Resumo:

La asimetría existe pero favoreciendo al “manifestante”. Y eso que no he sumado a la desfavorable balanza los fiscales parciales y los jueces que practican el activismo judicial así como los generosos indultos y pensiones de gracia con que pueden ser beneficiados los “manifestantes” en supuesta desventaja, según el implacable Catón moderno.

12 de ene. de 24

 

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