PARANOIA E IDEOLOGÍA

  Por Humberto Julio Reyes

            Desde que se hiciera evidente que Putin iniciaría una guerra de agresión debo ser solamente uno entre millones que han buscado una explicación racional para este propósito.

A medida que se iniciaban las operaciones ofensivas de Rusia y Ucrania las resistía, hemos conocido, de parte de expertos y aficionados, toda suerte de explicaciones, justificaciones y especulaciones, sin embargo y pidiendo al paciente lector que excuse mi simplismo, le he asignado a la paranoia una muy importante motivación.

Para respaldar mis dichos, comienzo citando un par de las diversas definiciones de esta afección:

“Enfermedad mental que se caracteriza por la aparición de ideas fijas, obsesivas y absurdas, basadas en hechos falsos o infundados…”

“Trastorno mental por el cual las personas tienen un profundo miedo y desconfían de las otras personas”.

Resumo, es una enfermedad mental que hace ver enemigos inexistentes y en consecuencia vivir en un permanente estado de inseguridad.

“Sicoanalizando” a Putin, sostengo algo evidente: él no hace más que heredar la paranoia de los autócratas que lo han precedido en el gobierno de un inmenso país, desde los zares a Stalin y sus seguidores.

Todos se ha sentido “amenazados” por vecinos menos poderosos; todos se han obsesionado con la salida a aguas calientes y todos han iniciado guerras de agresión para contar con fronteras seguras.

¿Puede creer realmente Putin que Ucrania, la OTAN misma o incluso Estados Unidos pudieran tener propósitos agresivos hacia Rusia?

Absurdo, pero cuando se refiere a las acciones que ha emprendido y que prosiguen parece creerlo, está enfermo.

Me refiero ahora a la ideología que ha inspirado a sus más conspicuos antecesores, el comunismo, o si alguien prefiere al marxismo leninismo que se caracteriza por fomentar la lucha de clases, creando para ese efecto enemigos que intentarían oponerse a la construcción del paraíso que nos ofrecen.

Recordemos al “camarada Stalin” que en las purgas de 1937 eliminó a todos sus cercanos que lo estarían traicionando de acuerdo a las “confesiones” escuchadas en los vergonzosos procesos amañados que se orquestaron y donde los acusados se autoinculpaban en público para deleite del siniestro tribunal.

A la natural paranoia que tarde o temprano se le genera a todo autócrata se sumaba una ideología que la refuerza.

Más adelante el sentarse a la mesa de los vencedores no le llevó a sentirse más seguro y debió someter a la mitad de Europa y aislarla tras la cortina de hierro para tener “fronteras seguras”.

Llego ahora a nuestra amada Patria donde recientemente se produjeron dos incidentes de naturaleza delictual, por desgracia absolutamente normales en los tiempos que vivimos.

Un robo en la residencia de la titular de Defensa y el secuestro de un miembro de la escolta presidencial, delitos que no intento minimizar y que debieran avergonzarnos si no estuviéramos curados de espanto, dieron lugar a que dos personajes especularan con una teoría conspirativa que, en mi modesta opinión, confirma que la ideología comunista es campo fértil para la expresión de la paranoia.

Una señora española (¡), ministro y dirigente política de izquierda ha hablado de una campaña de amedrentamiento a nuestro presidente para frenarlo en sus “transformaciones”.

Y, como no podía faltar, el inefable presidente del PC, a quien siempre le he encontrado un notable parecido con Stalin, ha dicho que se trataría de “un complot contra el proceso constituyente”.

Puede parecer risible pero pienso que es penoso por tratarse de personas que expresan una profunda paranoia, imaginando enemigos donde sólo existen delincuentes comunes.

Termino.

Durante los últimos 30 años, ahora tan venidos a menos, se han ido creando lazos académicos entre quienes anteriormente pudieron haber estado en bandos opuestos, asunto que estimo muy positivo al generarse instancias de reflexión y diálogo donde podemos expresar y escuchar respetuosamente distintas opiniones.

Un historiador con un evidente sesgo ideológico a menudo sostiene que el pronunciamiento de 1973 estaba predestinado a producirse tarde o temprano ya que los militares siempre se habrían preparado para destruir los movimientos progresistas por considerarlos sus enemigos. Habrían estado esperando la ocasión o pretexto.

Suena un poco paranoico pero él así lo cree firmemente.

Yo pienso que se trataría de una “profecía autocumplida”, esos movimientos “progresistas” hicieron todo lo posible para que ello ocurriera, arrastrando el poncho por años, tal cual hace la CAM hoy en día.

 

19 de may. de 22

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