Política y Gobierno

Dos semanas de violencia inaceptable

Los recientes actos criminales ocurridos en el país causan indignación. Cada día estamos siendo más vulnerables a bandas organizadas que actúan en todo Chile cometiendo crímenes inaceptables, sin que se vea una solución real por parte del Gobierno.

por Jaime Jankelevich3 marzo, 2024

El secuestro del exmilitar venezolano Ronald Ojeda el jueves 22 de febrero causó alarma, incredulidad e indignación en la ciudadanía. Cinco días después, el martes 27, hubo un atentado incendiario contra un hotel en Limache con daño total; el miércoles 28  muere a balazos en su casa un niño de 13 años que intentó defender a su madre de la balacera; el jueves 29 se encuentra un cuerpo sin vida de un hombre en Lo Espejo, con heridas cortopunzantes en su rostro. Ese mismo día, una niña de 7 años resultó herida de un balazo en una pierna, compartiendo con su familia en una cancha de fútbol en la comuna de Pedro Aguirre Cerda y el viernes 1 de marzo en la madrugada quemaron un predio forestal de 100 hectáreas en Traiguén.

Lamentablemente, ese mismo viernes en la noche, se confirmó que el cuerpo encontrado en Maipú, a 1.40 m de profundidad, en una maleta y tapado con cemento, era el del desaparecido Teniente (r) Ronald Ojeda. Hay un venezolano de 17 años detenido, están identificados otros dos sujetos y se dice entonces que este hallazgo debilita el móvil político de este plagio.

Personalmente creo que excluir tempranamente el móvil político es ilusorio, porque creo muy factible que este crimen haya sido por encargo y por motivos políticos, con la intención de capturar y tal vez eliminar a Ronald Ojeda por haberse escapado de Ramo Verde y transformarse en decidido disidente de la dictadura de Maduro, además de enviar una clara señal al resto de los militares que siguen vivos, de que están en la mira.

Si fue el Tren de Aragua u otra organización criminal, es inverosímil pensar que Ronald Ojeda fuera elegido al azar y que esa sofisticada operación de secuestro y posterior intento de hacerlo desaparecer, la ideó un jovencito de 17 años. Como bien se sabe, estas bandas actúan por dinero, ya sea extorsionando, robando, narco traficando, secuestrando por un rescate, etc.

Entonces, si en este caso era imposible obtener dinero alguno por su liberación, ¿para qué plagiar a Ronald Ojeda, matarlo y arriesgarse a ser capturados y apresados? Aquí hubo inteligencia, gran apoyo material y conocimiento profundo de la víctima, lo que denota que hubo una organización detrás del plagio. ¿Habrá fallado parte de la operación y eso obligó a los raptores a terminar con su vida?

Si bien se logró dilucidar lo ocurrido con el exmilitar venezolano, el Gobierno no puede sentirse ni aliviado ni satisfecho con lo obrado, pues a Ronald Ojeda el Estado le falló gravemente, ya que se le concedió asilo contra la persecución política del régimen bolivariano y tenía estatus de refugiado. ¿Cómo queda entonces  la imagen del país ante el mundo? ¿Cuán tranquilos estarán los otros refugiados, e.g. los atletas cubanos que solicitaron asilo? Y a los otros exmilitares venezolanos refugiados acá, ¿qué les dirá el gobierno cuando pregunten cuál es la protección que les brinda ser asilados?

Sería inaceptable que nuestra promesa de ser el asilo contra la opresión se convirtiera en el asilo para la desaparición.

El problema de todo esto es que Chile carece de una institucionalidad dedicada a la seguridad nacional. Para la izquierda eso es anatema, además piensa que inteligencia es sinónimo de represión, y quienes hoy gobiernan incluido el Presidente, votaron en contra del proyecto del anterior gobierno que modernizaba el sistema de inteligencia y no se ve que exista la decisión de cambiar dicho status en el corto plazo. Entonces, cuando el Presidente cita al COSENA y este organismo no tiene un sistema de inteligencia a su disposición y tampoco existe la figura del asesor de seguridad nacional, es como ir al médico a pedirle una receta sin aportarle los exámenes que le permitan diagnosticar el mal, para luego prescribirle al paciente lo que necesita.

Lamentablemente todo lo ocurrido estas últimas semanas no representan hechos aislados de excepcional ocurrencia en nuestro país, sino que ya están pasando a ser noticias habituales, y lo trágico es que nos estamos acostumbrando a que los homicidios, muertes y baleos de niños, portonazos, balaceras en los barrios, secuestros extorsivos, entierros narcos, atentados terroristas en el sur, formen parte de la cotidianeidad, como si fuera algo normal a lo que nos tenemos que acostumbrar.

Pero si frente al terrorismo en la macrozona, los agricultores están recurriendo a realizar verdaderas zanjas delante de sus prediospara evitar las usurpaciones de sus terrenos, angustiados ante la inoperancia del Estado. Y para qué hablar de la justicia garantista que deja libre a delincuentes o les permite contactarse con el exterior de las cárceles de alta seguridad como si eso fuera trivial.

Mientras todo esto ocurre, pareciera que el Gobierno no sabe qué hacer, pues no basta con tramitar leyes si no hay gestión. Solo se escuchan duros discursos rechazando la violencia, pero no mucho más, con lo cual es necesario preguntarnos cuando se nos devolverá la tranquilidad, el vivir seguros, sin temor de ser asaltados, de sufrir un portonazo, o ser víctimas de un secuestro.

Hasta ahora, no se tiene respuesta.

 

 

 

Enrique Slater

@slater_enrique

Otra vez, el fanatismo ideológico y la búsqueda de adherentes del gobierno, a costa de la la seguridad del los chilenos de sus Fuerzas Armadas y Carabineros. Pareciera que el interés superior definitivamente, no es el Pueblo de Chile.

 

 

 

 

Carta de Cristián Warnken a los “anticomunistas viscerales” de Chile

POR EQUIPO RADIO PAUTA | 05 DE MARZO 2024

“Sí, tiene razón el Presidente: el anticomunismo de muchos de nosotros a estas alturas es visceral: nace de una reacción muy íntima cuando los individuos sienten que puede estar en juego su sagrada libertad. Es casi un mecanismo de defensa a las pulsiones totalitarias, a las prácticas totalitarias (el asesinato por encargo, por ejemplo)”.

El Presidente de la República ha preferido centrar su atención -en uno de sus últimos posteos en X- en el anticomunismo visceral, que según él, hoy padecemos, a decir algo -un juicio moral, al menos, una señal de mínima empatía- sobre un crimen abyecto y siniestro a un disidente de la dictadura de Maduro, ocurrido en nuestro propio país.

Un asesinato precedido de una desaparición y cuyo móvil final está todavía lejos de ser esclarecido, pero que ha levantado voces de alerta, por el alto profesionalismo demostrado en el secuestro, sobre la posible presencia de la contrainteligencia venezolana en Chile.

Según nuestro Presidente, Chile no está enfermo de violencia, narcotráfico, ni está en riesgo su soberanía, no, el problema que de verdad le preocupa y desvela es el anticomunismo. Después de esa desafortunada declaración (una más a las que nos tiene ya acostumbrados), ni tonta ni perezosa, la vocera del Gobierno y militante del Partido Comunista ha acusado a quienes han osado criticar a su Partido, de “haberse quedado pegados en la Guerra Fría”.

Quienes -y somos muchos- vemos con preocupación los vínculos entre el Partido Comunista y Venezuela- seríamos anticomunistas viscerales pegados en la Guerra Fría: tomemos nota.

El Presidente se ha sumado a la vieja práctica del PC de hacerse la víctima, cuando es blanco de las legítimas críticas surgidas por sus acciones y gestos condescendientes con dictaduras de nuestro continente.

Y, como guinda de la torta, el embajador de Venezuela ha participado el pasado domingo en un acto conmemorativo del mismo Partido Comunista y sólo nos falta que este sea condecorado por un Partido que no ha dudado en hacerle venias a un régimen totalitario que ha provocado la peor catástrofe humanitaria de nuestro continente, con millones de venezolanos huyendo de la miseria y la tiranía.

Pero no, señores. Antes que preocuparse por la soberanía de Chile y de que en Chile se hagan desaparecer disidentes de dictaduras, lo que de verdad debe preocuparnos es el anticomunismo visceral. El Presidente debería saber que la inmensa mayoría de los chilenos padece hoy ese anticomunismo visceral y que ese anticomunismo visceral ayudó a que él mismo le ganara la primaria de su sector a un precandidato presidencial comunista. ¡Y hay que ver de lo que no hemos salvado gracias a ese anticomunismo visceral!

Qué bueno que un pueblo como el nuestro padezca de esa enfermedad contagiosa: si el pueblo venezolano o el pueblo cubano se hubieran enfermado de ella, no estarían hoy en el abismo en que están, reducidos a la indignidad, sin pan (en Cuba hoy día falta pan) y sin libertad. Porque el comunismo en nuestro continente ni siquiera ha podido ofrecer, al menos, el pan a cambio de la libertad, sino que le ha quitado ambas a los pueblos que, ilusos, se dejaron embrujar por las promesas de un paraíso en la tierra.

Cuesta creer que un Partido se enorgullezca de seguir llamándose Comunista, después de los millones de muertos, de los Gulags, después de Pol Pot, de Stalin, y también de Lenin y de Corea del Norte. Un Partido cuyos militantes gozan de todas las libertades y derechos propios de una democracia como la nuestra, derechos a los que no tienen derecho, en cambio, los ciudadanos que viven en Cuba, Nicaragua y Venezuela. No importa: ellos son ciudadanos de segunda.

Un Partido que enarbola la causa de los derechos humanos, pero para el cual no existen violaciones de derechos humanos en los países donde gobiernan sus dictadores “amigos”. No importa: las víctimas sólo están en un lado, el propio.

Cuando era niño, escuché este viejo dicho: “Cuando llueve en Moscú, los comunistas salen con paraguas a la calle”. Hoy debiera ser adaptado a los nuevos tiempos y decir: “Cuando el periódico Gramma (el único diario permitido en Cuba) da instrucciones estratégicas, el secretario general del Partido Comunista chileno sale a hacer declaraciones que riman con esas instrucciones estratégicas”.

Porque este es un Partido Comunista que se cubanizó y que también se chavizó. Y por eso la vulnerabilidad de Chile es hoy muy grande: tenemos un Partido de esas características, con fuerte presencia en el aparato del Estado, con cargos en el ministerio de Defensa, a cargo de la Educación, con asesores del Ministerio del Interior que viajan periódicamente a Cuba (¿de vacaciones o a reportarse al “Gran Hermano”?) o sea, al parecer:  tenemos al enemigo adentro.

Este ha sido un Partido siempre dispuesto a tener un pie en la calle (y los dos si es necesario, como fue en octubre del 2019), un Partido para la cual la democracia no es el fin, sino el medio, un Partido que quiso deconstruir y refundar la nación chilena en una Convención en la que tuvo un rol protagónico, un Partido que privilegia sus intereses internacionales o bolivarianos por sobre los intereses de Chile, un Partido que tiene un ascendiente sobre el Presidente de la República que sorprende y preocupa (no sabemos bien si le teme o le admira), un Partido cuyo secretario general sale a decir “que no hay nada que diga que esto tiene que ver con una intromisión de Venezuela” cuando apenas se está en el comienzo de una investigación compleja. ¿No hay nada? ¿Acaso el dictador Maduro no ha ordenado ya antes secuestros a disidentes de su régimen, en otros países?

Como puede verse, este un Partido que sale a defender los intereses de Venezuela antes que el embajador de Venezuela. Un Partido que cultiva la impasividad y el desparpajo, según sea necesario a sus intereses. Que usa el lenguaje a su antojo como lo hacía Lenin, quien enseñó los secretos de la propaganda para instalar mentiras y ocultar verdades. Un Partido que funa y cancela a los que piensan distinto ahí donde tiene poder (universidades, sindicatos, etc.). Un Partido del que sabemos poco y debiéramos empezar a saber más, o caeremos en la ingenuidad de aquellas naciones que no estuvieron alerta cuando había que estarlo y se dieron cuenta de la trampa cuando ya era demasiado tarde.

Sí, tiene razón el Presidente: el anticomunismo de muchos de nosotros a estas alturas es visceral: nace de una reacción muy íntima cuando los individuos sienten que puede estar en juego su sagrada libertad. Es casi un mecanismo de defensa a las pulsiones totalitarias, a las prácticas totalitarias (el asesinato por encargo, por ejemplo), una reacción instintiva que surge en nosotros ante todo tipo de totalitarismos o fanatismos, fascistas, comunistas o de cualquier signo.

El asesinato del exteniente Ojeda ha levantado todas las alarmas y debiera activar nuestra inmunidad antitotalitaria. Eso es signo de sanidad republicana. El anticomunismo visceral tiene fundamentos en la realidad, no es una respuesta caprichosa y sectaria ante un Partido inocente, con impecables credenciales democráticas, no es una pataleta de derechistas intransigentes, significa que el país todavía guarda reservas morales y políticas.

¡Por eso, anticomunistas viscerales de Chile, uníos! Antes de que sea demasiado tarde.

Los saluda, Cristián Warnken.

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